El Che en Hollywood: retratar al enemigo

¿Cómo representar, desde el corazón propagandístico de Estados Unidos, a uno de los líderes que lucharon más activamente contra el sistema que defienden?, ¿cómo, a cincuenta años de su asesinato, se puede establecer un “corte” en la forma como se ha construido a un asesino, un mártir, un héroe y un romántico (a veces, al mismo tiempo)?

A los elementos peligrosos hay que construirlos “in absentia” o detallar cada uno de sus errores, hacerlos caricaturas para hacerlos, así, inofensivos: la caricatura de un héroe o la caricatura de un villano, en la reconstrucción de la memoria colectiva eso termina importando muy, pero muy poco.

Nuestros héroes, esos que crecimos adorando (literalmente, en ocasiones) son construcciones ficticias que enarbolan un esqueleto de valores ideológicos: ya sea Lennon, Lenin, Homero Simpson o el Che, las causas por las que “pelearon”, más que una lucha política y de praxis, se convierte, a través de representaciones, en pruebas dentro del camino del héroe: ese canon narrativo que Joseph Campbell formuló a partir de comparar las mitologías de varias culturas.

Ernesto Guevara, el Che, y su participación en casi todas y, pareciera, ninguna de las luchas socialistas de América Latina, y su figura como la misma reificación del “hombre nuevo” del que teorizaba en sus escritos, y su presencia en la memoria colectiva en la Revolución Cubana y el discurso en la Organización de las Naciones Unidas, han construido una estatua de un salvador o de un asesino.

Finalmente, mucho del poder subversivo del Che quedó cancelado por el mismo sistema contra el que luchó. Su foto icónica se convirtió en playeras, caricaturas y producto empaquetable; los errores que cometió la revolución castrista, pero, también, sus escritos y lo bueno que ayudó a construir en esa misma revolución y en los intentos revolucionarios en otros países latinoamericanos y africanos, a la distancia, revelaron a un personaje que no puede ser (o que no podría ser) presentado con blancos y negros.

Y es que no es un solo Che, sino muchos: desde los españoles que hablan italiano, hasta los Antonio Banderas que cantan y narran (por alguna razón que nadie entendió nunca) la historia de Evita Perón, hasta el más “cercano” al histórico, con Benicio del Toro, por primera vez (hasta el 2008) habló español frente a cámaras estadounidenses.

Para que alguien tan revolucionario como Ernesto Guevara sea inofensivo, lo mejor es hacerlo un héroe.