#PuroIris: Idles y el regreso del punk crudo y radical

Con frecuencia, la derecha acusa al progresismo de excederse en el sentimentalismo y la cursilería. Ciertamente, las luchas progresistas, aunque legítimas, con frecuencia ceden a la tentación de vestirse con sofocante melcocha y utopismos moralinos. ¿Cómo transmitir las tensiones que anteceden a una lucha sin caer en sus lugares comunes que banalizan su propio mensaje? La última oleada del post punk y hardcore más crudos, desde Savages hasta The Men y Birds in Row, se ha caracterizado por dejar de lado la cursilería (“la elocuencia desgastada”, como la describiría Borges) para lanzar letras incómodas y dolorosas.

El último grupo en entrar a esta lista de renovadores es Idles. La banda de Bristol publicó en 2017 Brutalism, un primer disco que hacía honor a su nombre, pero al cual le faltaba precisión: sus dardos líricos estaban envenenados, pero no siempre daban en el blanco.

Eso cambió con el muy reciente lanzamiento de Joy as an Act of Resistance, un título del que aún dudo si se trata de una parodia o un acto de sinceridad; sobre todo porque en este disco no hay espacio para la dulzura o la inocencia.

En “I’m Scum“, por ejemplo, el vocalista Joe Talbot retoma uno de los principales insultos de la derecha a los “progres” y lo convierte en una delcaración que abarca el álbum entero: “Este copo de nieve es una avalancha”.

Porque los snowflakes son burlados como quejumbrosos ultra susceptibles que se ofenden con facilidad; personalmente, ese insulto creo que aplica mejor a la derecha puritana que ve la libertad del prójimo como un agravio personal (véanse los “debates” en torno al aborto o los matrimonios igualitarios). Este es el mismo tema donde canta:

Soy izquierdoso, soy suave.
Soy un salario mínimo.
Soy un perro callejero.
Soy solo otro diente en el engrane.
Soy escoria.
[…]
Por mucho tiempo me han llamado
sucia, podrida, inmunda escoria.

Pero en ningún momento cae en la tentación de idealizar sus carencias o fingir que hay dignidad en ser parte de los rechazados; todos estos epítetos se enuncian sin buscar redención alguna.

Desde esa declaración, Joe Talbot problematiza en sus letras las principales luchas de la izquierda (ya sea obrera, feminista, LGBT) con una mirada tan perspicaz como cruda: “La máscara de la masculinidad es una máscara que me usa a mí. […] Es por esto que nunca verás a tu padre llorar”, canta en “Samaritans“, tema hermano de “Mother”, principal sencillo de su anterior disco.

Pero sin duda el tema más representativo de Joy as an Act of Resistance es sin duda Danny Nedelko“, con un video que homenajea a “Subterranean Homesick Blues” de Bob Dylan, donde aborda la inmigración en Reino Unido desde una perspectiva lúdica y aguerrida. 

Y es que en una isla como Inglaterra, cada vez más endógama y cerrada, cada vez más insular, es una provocación portar una playera con el lema “Nadie es una isla”.

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En “Danny Nedelko” caben menciones de célebres migrantes como Freddie Mercury y Malala, una cita de “Roland” de Interpol; todo esto aderezado con un coro que es una cita textual de Star Wars delinea la lógica interna de la xenofobia occidental: El miedo lleva al pánico, / el pánico lleva al dolor, / el dolor lleva a la ira, / la ira lleva al odio”.

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Imagen: Especial

Así como Savages construye letras de un feminismo situacionista (“Husbands”), Idles es capaz de señalar a su país de forma crítica, como lo hace en “I’m Scum”, donde se sube al debate sobre si James Bond debería ser mujer o negro:

No me importa el próximo James Bond.
El mata por el país, la Reina y Dios.
No necesitamos otro fresa homicida.

En un tiempo apto para el regreso de los punks radicales, donde los fascismos y nacionalismo resurgen producto de la debacle económica, Idles propone en Joy as an Act of Resistance una estrategia distinta: escupitajos, no abrazos.

Por @edegortari

Por: Redacción PA.