#PuroIris: Death Grips y la experimentación perturbadora

En el arte, la innovación y el cambio radical casi nunca son digeribles y casi nunca son bien recibidos al principio. Eso le pasó a James Joyce con el Ulises, novela que dilataba en cientos de páginas el transcurso de un solo día en Dublín. Desdeñada tanto moral como estilísticamente desde su lanzamiento en 1922, ahora es considerada casi sin controversia como la mejor novela escrita en inglés durante el siglo XX. ¿Qué pasó en ese lapso entre el repudio y la aclamación? Que el público cambió.

En la música popular, estas mutaciones del gusto suelen mucho más rápidas y desembocan tarde o temprano en un vuelco comercial; el sonido experimental de hoy bien puede influir en los productos masivos de mañana. Un caso para vigilar en ese sentido sería Death Grips, acaso el grupo de hip hop más extravagante de la década.

Provenientes de Sacramento, una pequeña embajada del midwest en California, Death Grips se ha convertido en un estandarte de la experimentación en el mundo del rap desde su debut a principios de la década con The Money Store.

Desde entonces, artistas tan disímiles como Björk, Beyoncé y Kasabian han demostrado una amplia admiración por una discografía que ha hecho por el hip hop lo que grupos como Primus hicieron por el rock hace veinte años.

Este año, Death Grips ha vuelto con Year of the Snitch, un álbum que gira en torno a la cultura del internet y que muestra una de sus facetas más accesibles, sin renunciar a la reunión de excentricidades que los volvieron famosos.

Desde la épica “Death Grips in Online”, el grupo de Sacramento despliega una versión refinada de la fórmula que desarrollado por casi diez años: letras crípticas y perturbadoras, sampleos descabellados, riffs cromáticos de sintetizador y beats donde conviven las síncopas arbitrarias con la energía de los ritmos orgánicos.

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Acaso el track más destacado sea el single “Black Paint”, donde Death Grips combina su clásica rareza con riffs bluesescos y una batería enérgica.

Aunque sus cualidades son amplias y reconocidas, Death Grips sin duda no es un grupo apreciable por todos los oídos. Su música no es precisamente difícil de apreciar, pero sí que puede ser perturbadora.

 

Si preguntaras a un fan de hueso colorado de Kanye West cómo percibe a Death Grips, acaso obtendrías la respuesta promedio que hace 50 años lanzaba un fan de los Beatles sobre Frank Zappa: “Sé que es bueno, pero no es para mí”.

Y aunque sean renegados del mainstream, grupos como Death Grips tienen un papel fundamental en el ecosistema de la música popular; desde lo márgenes renuevan constantemente el centro y mutan el gusto de muchos. Para dar un ejemplo, está la admiración que David Bowie profesaba por el grupo; y es más que evidente y conocida la fuerte influencia que Death Grips tuvo en Blackstar.

#PuroIris: Death Grips y la experimentación perturbadora Reseña
Imagen: Especial

Acaso lo más divertido de grupos como Death Grips es que ponen a prueba el estándar personal de lo que debe distinguir un buen álbum o una buena canción. Las convenciones clásicas, como tener un coro pegajoso, de poco sirven ante discos como Year of the Snitch.

Lo cierto es que muchos chocan con una enorme barrera al buscar “enteder” lo que escuchan. ¿Una obra debe entenderse o disfrutarse o perturbarnos? Nadie entiende sus gustos a la primera; el entendimiento es la última faceta de la admiración.

Por @edegortari

Por: Redacción PA.