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#PuroIris: Capezzio, la catedral del reguetón en Veracruz

En las últimas semanas se ha hablado mucho en Plumas Atómicas del reguetón y de sus detractores. No es que me interese defender un género musical sobre otro; las apologías de este tipo solo convencen a los convencidos. Pero sí me impresionó mucho leer varios prejuicios sobre el género. No soy un adepto, practicamente no hay canciones de ese género en mi biblioteca de iTunes, pero crecí en la ciudad a la que llegó primero el reguetón: el Puerto de Veracruz. Eso no me convierte en autoridad, pero algo sé al respecto.

Los solteros en Veracruz suelen tener un defecto físico en común: dos pies izquierdos. No saber un solo paso en el lugar donde todo el puto mundo parece bailar mejor que Dios, puede ser una piedra en el zapato para tu vida amorosa. A mí nunca se me dio la salsa, nunca se me dio la cumbia; mi única habilidad en la pista era pisar no solo a mi pareja sino a todos los presentes. 

El reguetón, por el contrario, no exige un doctorado en habilidades psicomotrices. Por supuesto, el conocimiento y la experiencia ayudan, pero el éxito del género acaso se debe a que casi cualquiera lo puede bailar sin temor a caer en el ridículo. El reguetón no resolvió mi vida amorosa en la adolescencia, pero al menos le dio esperanza.

Veracruz puede jactarse con la mano en la cintura de ser la primera ciudad que cayó ante la fiebre del reguetón hace más de 20 años. Y si hay una catedral del reguetón en este país es sin duda Capezzio, que seguro muchos de ustedes conocerán por la vez que fue clausurado tras exhibirse un video de cómo organizaban un concurso de literales mamadas.

Cuando era adolescente ir a Capezzio era una especie de rito de paso, así fueras de los barrios del norte del Puerto o de los fraccionamientos de Boca del Río, al sur. Capezzio convocaba a gente de toda la ciudad y de todas las clases, pero es un sitio que conoce a la perfección su procedencia. 

“El logotipo de Capezzio representa a un obrero rodeado por un engrane, y la asociación con la clase trabajadora del puerto queda enfatizada en su lema: «La casa de la raza»”, aclara con bastante tino el cronista Juan Eduardo Flores Mateos. En un puerto que siempre está en un eterno estira y afloja entre la mochez y la libertad, entre el norte pobre y el sur adinerado, Capezzio parece un territorio en tregua, fundado en frente de una cárcel. Durante varios años la prisión de Allende y Capezzio operaban simultáneamente. 

Fui pocas veces a Capezzio durante mi adolescencia, pero con esas pocas visitas me bastó para liberarme de algunos prejuicios. Seguido escucho que el reguetón es machista, como si algún género en particular estuviera libre de expresiones condenables. Más que machista, el reguetón a mí me parecía liberador. Capezzio era un lugar donde ninguna persona tenía que ceder ante sus inhibiciones.

Una amiga mía, de una familia tan fresa como puritana, vivía Capezzio como un refugio. Su sentimiento era tan legítimo como el de aquellos que conocimos la libertad poniendo rock en nuestros audífonos, aunque con una diferencia: los riffs no se pueden bailar. Con el rock progresivo podrías montar una coreografía que parezca un infarto, pero no puedes bailar.

Seguido escucho que el reguetón es horripilante desde el punto de vista musical. Sí, su ritmo puede ser repetitivo. ¿La monotonía es en sí misma un valor estético? Claro que no. Pero más importante es reconocer que esa monotonía tiene una razón: el reguetón se hizo para bailar. Su ritmo funciona increíblemente bien para mover las caderas. ¿O ustedes intentarían bailar con los compases polirrítmicos de King Crimson?

Hay música para funerales, hay música para emborracharse, hay música para llorar y hay música para perrear. Y si hay un lugar donde se puede perrear libremente sobre la tierra, ese es Capezzio, el lugar donde hace quince años llovía sudor condensado desde el techo.

A estas alturas, ni siquiera se puede decir que el reguetón es un fenómeno exclusivamente juvenil. En una canción compuesta en honor a Capezzio se escucha “Aquí perreaba tu mamá, aquí conoció a tu papá”. Al menos en Veracruz el reguetón es más bien una tradición.

 

Por @edegortari