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#PuroIris: Deafheaven y la dulce distorsión

Imagen: Plumas Atómicas

¿Cómo nacen los géneros musicales? De forma muy semejante al nacimiento de nuevas especies, los géneros musicales dependen de mutaciones. Así como todos los seres vivos provienen de un ancestro común, todos los géneros musicales del mundo descienden del momento en que un ser humano usó su voz y su cuerpo, hace muchos miles de años, para generar sonidos estéticos.

El blackgaze fue una síntesis inesperada entre el shoegaze de My Bloody Valentine y los riffs profundos de Burzum. Desde que Alcest fundó el subgénero la década pasada, ningún grupo que combinara los pasajes de rock melancólico y el metal había tenido tanta repercusión como Deafheaven.

Tras un primer disco que hizo poco por despegarse del blackmetal típico de Estados Unidos, su segundo disco, Sunbather, cosechó múltiples reseñas de 5 estrellas y una base de fans que congregaba a perfiles contradictorios: metaleros elitistas e indies fresones acudían a un mismo concierto atraídos por un mismo sonido que parecía conciliar la dulzura y la rudeza. 

Pero, así como recibieron elogios, también consiguieron detractores que se rehusaban a considerar blackmetal un álbum con una portada rosa. ¿Tenían algo de razón? La fórmula de Deafheaven apela por igual al black clásico como al suave postrock de Mogwai y Explosions in the Sky.

Su más reciente disco, Ordinary Corrupt Human Love contiene solos de guitarra que son homenajes directos a Dinosaur Jr. y largos pasajes ambientales salidos de Slowdive. Para colmo, esta licuadora de distorsiones y sonidos ambientales está aderezada con letras románticas; nadie nunca en la historia del metal había lanzado gritos guturales con las palabras “Cortázar” (sí, por Julio) o “mariachi”, como en “Honeycomb”; nadie nunca había hecho letras donde se mencionan promesas como tener hijos y nietos, como en “Glint”.

En ese sentido Ordinary Corrupt Human Love puede ser escuchado como un resumen de lo que ha sucedido en la música de guitarras en los últimos 20 años; casi ninguna vanguardia ni subgénero queda fuera en una provocadora amalgama donde la pesadez está al servicio del cariño.

En dos décadas solo un disco había conseguido conciliar opuesto musicales con tanto tino como Ordinary Corrupt Human Love: el ya legendario Mellon Collie de los Smashing Pumpkins.

La única diferencia es que ese efecto abrasador que conseguía Corgan entre géneros discordantes a lo largo de varios temas, Deafheaven lo compacta en una sola canción. Sin duda, el mejor ejemplo es “Canary Yellow”, una odisea amorosa que a lo largo de sus 12 minutos de duración solo crece en intensidad hasta explotar en riffs de hard rock en los últimos dos minutos.

Y detrás de esta proeza está uno de los recursos armónicos menos empleados en el metal, pero más común en todos los demás géneros: las escalas mayores. Si las escalas (esas fórmulas para agrupar los 12 semitonos occidentales con miles de resultados) pudieran identificarse con sentimientos, las escalas menores serían la tristeza, las escalas aumentadas y disminuidas representarían el asco o el temor, y las escalas mayores representarían la alegría simplona.

La vigencia de un género es comparable a la supervivencia de una especie; Deafheaven tomó el ADN del blackmetal e introdujo mutaciones específicas que, continuando lo que creó Alcest, consolidó un subgénero nuevo, el blackgaze, mezcolanza que paradójicamente suena familiar. Y ese juego paradójico entre lo extraño y desconocido que ocurre en Ordinary Corrupt Human Love también es un rasgo esencial del gran tema al que hace homenaje: el amor.

Por @edegortari