#PuroIris Mastodon: la tormenta como escenografía

Mastodon fue por años la banda de metal favorita de los que no frecuentan el metal. Lejos de ser un insulto, esta característica siempre me pareció un punto a su favor, como si la banda de Atlanta fuera una puerta de entrada hacia el género que privilegia la técnica y la rudeza por partes iguales.

Ya se sabe: la admiración a veces es más amplia que la cartera; de ahí que nunca hubiera podido ver en vivo a la banda que compuso el que acaso es el mejor disco de metal que se haya grabado en este siglo: Leviathan, un álbum conceptual que gira alrededor de Moby Dick, la novela titánica de Herman Melville. 

Según el baterista Brann Dailor la idea detrás de Leviathan surgió mientras leía la novela de Melville en medio de una gira que los llevó hasta Inglaterra. No podía ser menor la identificación de la banda con la trama marítima: un montón de batos greñudos metidos en un barco que persiguen una imposible ballena blanca.

Mastodon Hell And Heaven reseña cocnierto

Una persecución sin fin por los mares. ¿Qué otra metáfora podría resumir de igual forma las vicisitudes de una banda? Sobre todo si se trata de una agrupación primeriza que va de ciudad en ciudad, apretujada en una camioneta, persiguiendo una victoria pírrica, el éxito, que a veces parece exigir más sacrificios que recompensas.

“Llena tus pulmones de sangre y trueno cuando veas la ballena blanca”.

Así dicta el coro de “Blood and Thunder”, tema insignia de Leviathan. En medio del Autódromo, esas palabras parecieron proféticas cuando empezó a llover antes de la presentación de Mastodon. Vimos al grupo de Atlanta bajo la lluvia y los relámpagos pasaban detrás del escenario iluminando nuestros rostros, como si el cielo y la tormenta fueran parte de la escenografía. 

Ante un escenario que remitía a episodios bíblicos de ballenas y diluvios, los cortantes riffs de Brent Hinds y Bill Kelliher me recordaron por qué este fue el grupo de entrada que me permitió permanecer en el metal en ese punto de los 2000 en que escuchar numetal (léase, Korn y Limp Bizkit) se volvió un tanto bochornoso.

Entre el metal y yo siempre se interpuso la caspa; ¿quién quiere vestir de negro cuando tus hombros parecen el escritorio de un cocainómano? Para colmo, crecer en Veracruz me impidió adoptar el uniforme del género: la deshidratación se impuso a la moda. Juraría que los integrantes de Death lograron sortear el calor de su natal Florida gracias a un pacto diabólico.

“Los conciertos son ceremonias seculares donde se rinde culto a dioses fugaces: un solo, un riff”

Pareciera que fijarse en el uniforme es una frivolidad extrema, pero antes del entrar al Hell & Heaven vi a más de una persona decepcionada ante los comerciantes que solo ofertaban impermeables azules o grises, pero no negros. ¿Tanta producción previa, entre maquillaje, cuero y encaje, para tener que taparse con una bolsa de supermercado?

Más tarde, durante el concierto, esos mismos gorros de azul marítimo se alzaron en la multitud como si encima de la tormenta escenográfica, los presentes tuviéramos que aportar el vestuario.

Los conciertos son ceremonias seculares donde se rinde culto a dioses fugaces: el solo quirúrgico a dos guitarras, los riffs inciales que suenan como hachas por las bocinas, los súbitos cambios de compás en medio de un mismo tema.

Para mí Mastodon es la banda que mejor describe cómo debe ser un grupo de metal porque reúne en equilibrio la precisión infinitesimal con la distorsión agresiva: cazar una ballena blanca exige valentía irresponsable, pero también pericia al lanzar un arpón.

Por supuesto, el arpón es una metáfora de la plumilla sobre las cuerdas, como puede apreciarse en el solo doble de “High Road” o en el famoso solo intermedio de “Megalodon” que con cada repetición se siente siempre como la estática en la nuca que anticipa un tormenta tropical.

Entre los pastos alfombrados y cubiertos de barro del Autódromo, las estática en la nuca provenía de las nubes y de las bocinas. El grito de la gente a mi alrededor confirma que no fui la única persona que sintió eso ante el riff inicial de “Blood and Thunder”, el tema con el que Mastodon se despidió, una entrega que pocas veces ocurre en conciertos con menos distorsión.

La presentación de Mastodon tuvo algo del libro que inspiró su mayor disco. No en balde, las ceremonias se basan en repetir hechos mitológicos; buscamos revivir lo que una deidad o un héroe tuvo que sortear una sola vez. Quienes adoran a Jesús reviven la Última Cena cada que comulgan, quienes fuimos a ver a Mastodon revivimos una persecución mítica por los mares en medio de una tempestad. Pero nosotros, a diferencia de Ahab, sobrevivimos a la ballena blanca.

Por @edegortari

Por: Redacción PA.