#RESEÑA: Kafka en traje de baño, de Franco Félix. Los Kafkas están entre nosotros

Reseña: Kafka en traje de baño

La vida de Franz Kafka suscita obsesiones arraigadas, a pesar de que no haya vivido nada extraordinario. El autor checo creció en Praga y ahí mismo fue educado y entró a trabajar en una oficina de seguros, primero, y dirigió una fábrica con uno de sus cuñados, después; viajó poco en su juventud hasta que en él se desarrolló la pulmonía y sus últimos años fueron entre sanatorios o estadías con sus hermanas, ya jubilado.

Se acercó a diversas mujeres entre las que destacan Felice Brauer, Milena Jesenká, su traductora al checo, y Dora Diamont: el tema amoroso fue siempre inconstante en su vida por complejos que él mismo tenía con su sexualidad.

A pesar de esto, autores como Ricardo Piglia se han acercado a su vida para encontrar los vacíos argumentales y rellenarlos con ficción, e infinidad de turistas visitan Praga todos los años para para conocer las casas en las que vivió, los cafés en los que conversaba con Max Brod u otros amigos, buscando los pasos del eterno oficinista en la vieja plaza.

Tumba de Kafka en Praga, visitada por cientos de personas al año

A veces me parece que son las consecuencias que se generaron tras su muerte más que sus escritos inacabados los que generan dicha fascinación: por ejemplo, el juicio que durante años tuvo el Estado de Palestina contra las herederas de Esther Hoffman, a quien Brod dejó sus manuscritos entre los que estaban algunos de Kafka, ya que el Estado de Israel afirmaba que, por haber sido Kafka un judío, tenía derechos sobre sus papeles; o como Marianne Steiner brindó la mayor parte de la información que conocemos de Kafka porque ella fue su única familiar que sobrevivió el Holocausto: sus tres hermanas y casi todos sus sobrinos murieron en los campos de concentración.

Hija de Vallie, contraería nupcias con el escritor George Steiner y escaparían hacia Reino Unido, donde fallecería. Por ello resulta extraña la premisa de la primera crónica del libro Kafka en traje de baño, de Franco Félix, publicado por la editorial Nitro/Press: en la ciudad de Hermosillo vive un chico cuyos compañeros de clase de burlaban de él por decir que es descendiente del autor de La Metamorfosis.

Manuscritos de Kafka, resguardados por Max Brod

Entre otras personas que se han obsesionado con Kafka están Malcolm Pasley quien, gracias a Steiner, pudo viajar a Suiza para conocer a Brod en la década del cincuenta y recibir la mayor parte de los manuscritos que posteriormente trasladó en un coche desde Suiza, atravesando buena parte de Europa, hasta Oxford, donde los depositó para su resguardo. A través de estos hizo ediciones criticas sin los cambios o adiciones de Brod.

También está Reiner Stach, el escritor de la titánica biografía de Franz Kafka: duró años escribiendo los tres tomos, publicando primero el tomo correspondiente al periodo entre 1911 y 1920, llamado Los años de las decisiones, ya que hablar sobre la infancia del autor checo era más difícil porque requeriría una investigación mayor. Stach tuvo primero subvenciones del estado alemán para completar la obra pero, comenta en una entrevista, en cierto momento tuvo que sobrevivir de jugar poker en internet, con tal de poder terminarla tras tantos años.

Y ahora hay que agregar a Franco Félix: su crónica se centra en la obsesión que sintió por responder a la pregunta de si era posible que vivieran decientes de Kafka en Hermosillo, Sonora, de dónde el autor es originario. Para esto bucea hasta lo más profundo: desde buscar al chico que hizo tal afirmación hasta adentrarse en los árboles genealógicos judíos para averiguar por dónde podían llegar esos grajos (Kafka, en checo, significa grajo) al desierto del norte del país.

Ilustrada con capturas de pantalla de las conversaciones por Facebook o por correo electrónico, la búsqueda de Franco Félix no es una crónica convencional sino un resumen de la investigación que estuvo desarrollando durante cinco años. Dicho trabajo es excepcional porque pareciera ser inútil: ¿a quién le importaría saber si hay, realmente, descendientes de Kafka en México?

El resultado es un texto en el que Franco Félix elige un estilo para contar las cosas: la de la obsesión y la investigación apasionada, casi detectivesca. En las otras dos crónicas que completan el libro, Franco Félix se adentra de nuevo en aquellas preguntas que parece que a nadie le interesan: ahí es dónde deja claro que a él le interesan esas cuestiones absurdas, usualmente dejadas de lado por la sociedad, que parecen esconderse detrás de la cotidianidad: al demostrar que está interesado en aquellas historias que se mantienen en la periferia, que no todo el tiempo forman parte del discurso público, es donde brilla su estilo porque ésta una tarea que la literatura siempre ha impuesto a sus autores.

Además le otorgo al libro un reconocimiento que quizá no parezca gran cosa: tras revisar al menos unos quince libros que en sus títulos tenían la palabra Kafka, este es el único que me encontré en que la referencia no era una metáfora para una historia que nada tenía que ver con su vida o su obra.

por Sergio Ceyca