¿Por qué extrañaremos a Tom Wolfe, fallecido a los 87?

La noche de ayer el periodismo y la literatura norteamericanos perdieron a uno de sus más grandes representantes. Tom Wolfe falleció a los 87 por una infección en la noche del lunes 14, según reveló su agente la mañana de este martes.

Autor de obras que renovaron el periodismo escrito, Wolfe fue un escritor capaz de convocar a las masas y provocar urticaria en muchos intelectuales contemporáneos suyos. Aunque registró con solvencia el nacimiento de la contracultura hippie en su Ponche de ácido lisérgico, Wolfe era un republicano que se jactaba de haber votado por Bush y de vivir frente a Central Park.

Vestía siempre con un impecable traje blanco, incluso en las caricaturas: es famosa su aparición en un congreso de escritores ficticio en Los Simpson, donde Moe se limpia chocolate en el faldón de su saco.

Sus crónicas lo hicieron una celebridad, pero su ficción lo encumbró como una suerte de Dickens neoyorkino. Su novela La hoguera de las vanidades le trajo una fama desmesurada al retratar con pericia los pecados de Wall Street. A medio camino entre la picaresca y el costumbrismo decimonónico, su novela fue llevada con éxito al cine y tuvo como protagonistas a Tom Hanks, Bruce Willis, Melanie Griffith.

Aunque su manera de abordar los reportajes lo hicieron un innovador en el periodismo, a la altura de Truman Capote, su ficción fue más bien conservadora. Sus méritos recaen los el retrato que hizo de la sociedad americana, no en la forma realista en que la retrató. 

En cuanto a sus reportajes, suele confundirse su trabajo con el periodismo gonzo; lo suyo nunca fue la primera persona del singular, ni la intervención directa en la trama, como aclaró muchas veces. Más que un partícipe, era un testigo privilegiado, capaz de extraer de sus entrevistados detalles reveladores sobre la vida cotidiana.

Fallece Tom Wolfe Autor del Nuevo Periodismo

En ese sentido, quien sí está parcialmente en deuda con el trabajo de Tom Wolfe es la escritora Svetlana Aleksiévich, quien ganó el Premio Nobel de Literatura por largos reportajes donde la desgracia es dictada por testigos presenciales que parecen tocados por la gracia retórica, aun cuando narran el terror.

En ese sentido, una de sus crónicas más impresionantes es Lo que hay que tener, donde aborda el peculiar heroísmo suicida de los pilotos de guerra que más tarde integrarían el Proyecto Mercury de exploración espacial.

Aunque el libro narra cómo estos pilotos fueron los primeros seres humanos en cruzar la barrera del sonido, Tom Wolfe fue especialmente talentoso a la hora de permitir hablar a las esposas y demás familiares de aquellos que fallecieron durante las pruebas de aviones supersónicos en explosiones tan contundentes que la mayoría de los ataúdes se enterraban vacíos.

Wolfe ejemplifica que un personaje puede ser perfectamente antipático en sus libros y rigurosamente solidario en sus narraciones. En un tiempo en el que el periodismo debe sortear el mar de fuentes que se convierte en ruido y lectores que piden puntos de vista cada vez más subjetivos, la personalidad astringente de Wolfe será una notable ausencia. A él no le molestaba incomodar con sus opiniones pero tampoco buscaba ofender a sus entrevistados.

Su imagen no es tan impoluta como su traje blanco, cierto; su mayor mérito fue haber puesto a los testigos presenciales donde apenas había reportajes escritos muy lejos de la acción y por haber colocado matices donde apenas había meros juicios sumarios.

 

Por: Redacción PA.