El Presidente Ha Desaparecido: el mito de ‘El Señor Presidente’ en la primera novela de Bill Clinton

Bill Clinton es uno de los presidentes más conocidos de la historia de Estados Unidos. James Patterson es uno de los autores con más ventas de la novela policial. Juntarlos parecía más un capricho que una necesidad, pero lograron crear juntos El Presidente Ha Desaparecido, la primera novela del presidente 42 de EE.UU.

Esta es un thriller extraño, que mueve entre el suspenso y la acción típica de un blockbuster veraniego, una fórmula conocida en el mercado literario estadounidense, pero que está bien asentada en la narrativa que sabe imprimirle Patterson a sus trabajos, sumado a la certidumbre de saber que esto está siendo avalado por la experiencia presidencial de Bill Clinton.

Jonathan Lincoln Duncan es el presidente de esta novela, que está a punto de ser destituido tan solo un año antes de poder ir para la reelección. Los autores dotaron al presidente de cierta debilidad física, pues tiene un serio problema de salud, además de que acaba de convertirse en viuda, tras la muerte de su esposa por causa de un cáncer violento.

La figura del presidente siempre ha sido la de “El Señor Presidente”, que lleva su vida y su cargo como una figura mítica heroica que tiene la entereza de héroes consagrados como Abraham Lincoln, Franklin D. Roosevelt, George Washington o Dwight D. Eisenhower, figuras que no tienen un lado B, son estatuas impolutas de la justicia, la dignidad y la honorabilidad.

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Así mismo es como se presenta a Jon Duncan, que además tiene sobre sus hombros haber participado en una operación militar en la que fue apresado y torturado, pero de la que regresó victorioso, con la medalla más beatificante del mito bélico: no confesar nada.

El presidente está a punto de ser destituido, en medio de una crisis de seguridad internacional derivado del ataque cibernético de unos hackers que se hacen llamar “Los Hijos de la Yihad”.

Claro, el prejuicio islámico está presente, pero Patterson y Clinton se aseguran de hacerlo ver como un asunto perticular de ese grupo, no una característica de toda la comunidad musulmana. Un grito claro con Donald Trump y sus prácticas xenófobas (o eso queremos creer).

Este grupo pretende destruir Estado Unidos mediante un virus, pero el presidente Duncan es el único que hará todo por defender su país, incluso si eso es tener que renunciar a su puesto como presidente.

La historia transcurre entre la valentía del presidente, su capacidad para detectar problemas que nadie más puede y, como siempre, Estados Unidos como el único blanco posible para la caída del orden global.

Para no dar más spoilers, concluiremos en que los miedos históricos de Estados Unidos convergen aquí: Rusia, la rebelión de las máquinas, un crash financiero, ataques biológicos, la Unión Europea y el espionaje.

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Todos estos miedos los recoge y los homologa, pero solo para hacerlos recaer sobre indiviudos particulares, quitándole toda responsabilidad a comunidades enteras de lo que pueden, o no, hacer individuos que atacan EUA por rencillas personales. Como si ellos, como país, no hicieran nada al mundo, solo a esos malos.

Duncan tiene la habilidad de ser más que todos sin ser más. Clinton y Patterson concretaron un personaje que es, a todas luces y en todos ángulos, perfecto. Su único defecto es amar demasiado su país y su débil condición médica.

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El mito de un presidente superhéroe, que puede rescatar al mundo, está aquí. La figura presidencial es uno de los puntos más altos para el imaginario Estadounidense.

Desde los padres fundadores hasta John F. Kennedy, se fueron formando como figuras y personajes con el paso de la historia. A pesar de que tuvieran falencias, vicios, errores y demás condiciones de todo ser humano, la historia los volvió seres ascépticos, ajenos a la humanidad falible.

Lo mismo pasará con los presidentes modernos… tal vez no sea así como Donald Trump y le suceda como a Richard Nixon, que al manchar la figura presidencial con el caso de Watergate, terminó por ser excomulgado y expulsado de ese paraíso posible.

El despacho oval es una suerte de Olimpo, que es impoluta e inmune a la corrupción, los abusos o las contradicciones. Los presidentes pueden pasar, como Duncan, salvando a la nación o, como Nixon, desafiando esa aura divina de la oficina presidencial.

Esa es la motivación y la gran hazaña de este presidente ficticio, que evidentemente es un ideal mostrado infinidad de veces. La hazaña, en este caso de Clinton y Patterson, es haber construido una historia que explotara el mito del presidente, la fragilidad Estadounidense y sus miedos, sin achacarle todos sus problemas a un colectivo ajeno a ellos.

Sí, está presente todo el tiempo un tipo de fobia. Sin embargo, sortean ese obstáculo perfectamente llevándolo a los terroristas, que son los musulmanes, los mexicanos, rusos o ningún grupo históricamente enemistado con la sociedad estadounidense.

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Un libro con un presidente progresista, totalmente justo y totalmente libre de prejuicios. Algo difícil de creer, pero es parte de la beatificación con la que entra alguien al despacho oval y que se le termina al salir.

Por Freddy Campos | @freddorific

Por: Redacción PA.