El nuevo Zar: la biografía de un burócrata gris que se hizo presidente

Pocos personajes en la política internacional de nuestros tiempos ejerce un poder tan amplio y tan mitificado como el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Para muchos, es el héroe que “los valores tradicionales” estaban esperando, para otros es un líder totalitarista que ha revivido lo peor de la Rusia soviética.

En El nuevo Zar, del corresponsal del New York Times en Rusia, Steven Lee Myers, el autor traza el camino a la cima y la consolidación del poder de Vladimir Vladimirovich Putin, quien ha detentado el poder casi absoluto en Rusia desde el 2000.

Contrario al mito casi épico de la derecha, escribe Myers, Putin nunca fue un super espía, ni fue un infiltrado brillante en el otro lado del Muro de Berlín: simplemente era un burócrata gris, un buen empleado que era fiel, leal hasta la muerte y experto en ser invisible. Y no, eso último no es un cumplido.

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Por otro lado, la formación del actual presidente, por una madre católica devota y unos vecinos judíos practicantes en una URSS atea, formaron a un personaje que era casi inmune a muchos prejuicios que son cualidades casi genéticas de la cultura eslava: el antisemitismo y el racismo: las oficinas a su cargo incluyeron una cierta cuota de diversidad extraña en el sistema soviético y post soviético.

¿Cómo es que un burócrata gris que no tenía a su favor nada más que saber hablar fluidamente alemán terminó como el líder máximo de Rusia? Según Myers se debe a muchísimos factores: las purgas constantes en la Rusia de Boris Yeltsin, la lealtad férrea de Putin, la corrupción rampante y suerte, estar en el lugar correcto en el momento correcto. Nada más, pero nada menos.

Putin vive en constante terror de conspiraciones que ve sólo en su mente, como cualquier autócrata: su miedo al exterior se ha manifestado en la homofobia institucionalizada de Rusia, en la guerra abierta a los medios, en un sistema electoral que es más simulación que otra cosa.

En la prosa de Myers es evidente el “embrujo” que genera Putin en todos los que lo rodean: no es tanto que sea carismático, sino que sabe leer a su contrincante (algo que quizá aprendió de sus años como judoca).

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Las acusaciones de corrupción, de violencia contra periodistas y contrincantes políticos, las guerras que ha desatado en Chechenia, Crimea, Georgia y Ucrania, nada pareciera que afectan la forma como es visto por millones. Quizá El nuevo Zar tampoco lo cambie, pero al menos nos permitirá ver que detrás de un monumento no hay nada más que un hombre.

Por: Redacción PA.