¿Quieres recibir notificaciones de nuestro sitio web?

¿Aún es posible leer a Octavio Paz a 20 años de su muerte?

“Entre la noche y el día
hay un territorio indeciso.
No es luz ni sombra:
                                      es tiempo” 

“Carta de Creencia”, Octavio Paz

A 20 años de su muerte, la obra de Octavio Paz sigue circulando como signo de interrogación. Un signo que, aparentemente, no exigía pero que se adjudicó y terminó sobre sí mismo, siendo más reconocido como un ensayista que como poeta.

Las preguntas planteadas a través de su obra, eran las mismas que se respondían dentro de los mismo textos que planteaba como resolutivas, en prosas desmesuradas que bien utilizaban metáforas con botes de basura o atardeceres rojos. Un problema poético dentro de un problema de índole academicista.

Sus textos, sean de poesía o de ensayo, siguen enmarcados en la cultura y la vida académica mexicana, con la autoridad y el peso que corresponden a un mito fundado por él mismo y fraguado por los años y una medalla sueca.

Su figura y sus textos pasaron a un imaginario en el que para ser leído solo necesita ser nombrado. Las páginas de sus libros adornan anaqueles que son vaciados, pero cada vez menos ojeados. Un problema académico de índole poética.

La paradoja de su trabajo ensayístico encierra también la riqueza de su prosa y el entramado de sus poemas. La poesía de Paz contestaba en cada verso las preguntas que se hacía en palabras y analogías con la naturaleza viva o muerta de su entorno.

El ejercicio poético que emprendía era un diálogo constante entre la líneas que buscaban un acomodo simétrico que encontraban solo al responderse, más como un eco de certidumbre, que una ansia de confrontación.

Foto: Proceso

En El Arco y la Lira, Paz conjuntó ambas cosas. Mientras hablaba del acto poético y buscaba esclarecer lo que representa como un género literario y una expresión artística, vertía pequeños fragmentos poéticos en un texto que no se sabe definir entre ensayo o poesía, pero que sigue la constante de su trabajo: responder una pregunta que no tiene más que una respuesta o elaborar una respuesta que carecía de cuestionamientos.

Escribir, quizá, no tiene más justificación que tratar de contestar a esa pregunta que un día nos hicimos y que, hasta no recibir respuesta, no deja de aguijonearnos. Los grandes libros —quiero decir— los libros necesarios son aquellos que logran responder a las preguntas que, oscuramente y sin formularlas del todo, se hace el resto de los hombres”

A lo largo de su ensayística, el nombre de Octavio Paz se fue consolidando a través de un contexto cultural mexicano que le dio la posibilidad de Ser Octavio Paz, no de solo ser un poeta con intenciones de escribir de todo lo que veía.

En El Mono Gramático, el premio nobel mexicano narró, un poco más que en Vislumbres de la India, su tiempo residiendo y sus impresiones de la cultura y la vida en la India. Ambos son un intento de ensayo, que un caso termina siendo una crónica de viaje y el segundo es difícil de clasificar entre el ensayo, la narrativa, la crónica o el intento poético de una reinterpretación del mito de Hanuman y el Ramayana.

Justamente estos dos textos, que abordan el mismo tema, podemos encontrar la virtud y el error de Paz. El poeta choca con el ensayista, el autor que vislumbra en sus respuestas una pregunta futura, que puede responder con poesía pero no sustentar con un texto académico.

Una vez que esta mezcla entra en el texto, y el texto en el nombre “Octavio Paz” escrito en la portada, da entrada a una narrativa que atrapa discursivamente, que puede jugar con el lector al no saber definir si se trata de una respuesta o una pregunta, o un simple juego de palabras que se cuestiona una pregunta que no se hará.

El problema de Paz estuvo en su lectura, que pesó menos que su persona, con el aire de ser el más grande pensador mexicano, título que puede ser tan debatido como lo que significa ser mexicano (o lo que significaba para él ser mexicano o ser Sor Juana Inés de la Cruz).

Su textos están tan implícitos en la mente de las escuelas mexicanas que no es necesario leerse para conocerlo; sus páginas se leen en su nombre, en su mito y no en sus libros. Resolver el problema el problema de Paz sería buscar nuevamente esas preguntas, o escuchar el diálogo que él mismo emprendió, encontrar las respuestas en él, y no en quienes hablan de él (incluído este texto).

Por Freddy Campos | @freddorific