45 años sin Morrison, el llamado Rey Lagarto

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3 de julio de 1971, James Douglas Morrison, vocalista y líder de la banda The Doors, es encontrado muerto en su tina de baño, en París. La causa oficial, un paro cardíaco, la más probable, una sobredosis de heroína. Pero la causa es lo que menos importa. Hoy, hace 45 años, el Rey Lagarto cerraba las puertas de la percepción.

La vida de Morrison, el gran poeta maldito del rock, fue tan polémica como su partida pero, sobre todo, fue transgresora y creativa. Lector asiduo de autores como Arthur Rimbaud, Friedrich Nietzsche, Antonin Artaud, Schopenhauer, Kerouac, Camus y otros, Jim fue uno de los primeros rockeros en escribir canciones con una importante carga filosófica y una excitante dosis de locura. Estaba convencido de que los discos “podían desempeñar el mismo papel que los libros y los manifiestos impresos de anteriores revoluciones.”

Con una voz melancólica y una mirada perdida, Morrison interpretaba una a una las canciones de la banda y en cada acto sugería a su público una realidad alterna. La mayoría de las veces, sumido en estados de alucinación, Jim se convertía en el gran maestro de ceremonias que incitaba a romper con el orden establecido, a cuestionar a las autoridades y a expandir la mente.

Sus transgresiones sobre el escenario estaban inspiradas por The Living Theatre, una compañía teatral que se mezclaba con el público para provocarlo, para generar una sensación masiva de protesta y de liberación. Durante las presentaciones, Jim bebía, gritaba, improvisaba letras, excitaba al público, destruía el escenario, retaba a los policías del lugar, fingía masturbarse pero, sobre todo, protestaba contra las políticas de los gobiernos y la guerra. Contra la brutalidad con la que los Estados Unidos intervenían y masacraban a las personas en territorio vietnamita.

En uno de los conciertos más recordados de The Doors, en Florida 1969, Jim llevó su inspiración teatral al límite. Durante la presentación lanzó un discurso contra la avaricia de los organizadores y los patrocinadores del evento; después, sorprendió y agitó al público diciendo:

“¡Ustedes son una sarta de idiotas de mierda! ¡Ustedes son una bola de esclavos! Dejan que la gente les diga lo que deben hacer. Dejan que la gente los domine. ¿Y cuánto tiempo va a durar esto? ¿Cuánto tiempo van a permitir que los pisoteen? Cuánto tiempo eh? O es que tal vez les gusta, tal vez les gusta que les hundan la cabeza en la mierda… ¿Qué van a hacer para evitarlo? ¿Qué van a hacer para evitarlo? ¿Qué van a hacer? No hablo de revolución, no hablo tampoco de salir a tomar la calle (…) hablo de amar al prójimo, hablo del amor. Amor, amor, amor. ¡Agarra a tu jodido amigo y amalo!” (Vía Nadie sale vivo de aquí)

Se quitó la camisa e incitó a los asistentes a subir al escenario. Muchos aceptaron la invitación y durante un buen rato bailaron y gritaron frenéticamente provocando que buena parte del equipo y el escenario se estropearan. En los tres días posteriores al concierto, la prensa, los políticos y la policía iniciaron una ola de ataques contra el grupo. Finalmente, se dio la cuarta orden de arresto en su contra. Jim fue acusado de conducta obscena y lasciva, y de tres delitos menores: atentado al pudor, lenguaje indecente y embriaguez.

Jim, el hijo de un almirante del Ejército, estaba convencido de que deshacer el orden opresivo y sustituirlo por una actitud vitalista era una forma de creación. Así lo dejan ver, además de las anécdotas sobre su vida, los cientos de poemas y pensamientos en los que Morrison expresa su profunda esperanza por la construcción de un mejor mundo. “Al primer relámpago del Edén, corrimos hacia el mar y nos quedamos allí a la orilla de la libertad.”(Vía Los días extraños)

Su paulatina ruptura con el mundo lo llevó a París, donde espíritus tan atormentados y geniales como el de Baudelaire y Verlaine, también encontraron el reposo. El rey lagarto murió como vivió, en medio de excesos, letras y soledad. Pero hasta en el último de sus actos fue capaz de crear una leyenda que lo sigue colocando como uno de los símbolos más importante de la rebeldía dentro de la escena artística.

“El nacimiento del rock coincidió con mi adolescencia, con el despertar de mi conciencia.” (Vía Nadie sale vivo de aquí)