¿Arte o pornografia?: la censura en Schiele a 100 años de su muerte

En su propia celebración, los desnudos pintados por Egon Schiele deberán ir tapados en las vallas publicitarias. A 100 años de su muerte, las pinturas de Schiele siguen tratándose como pornografía que debe ocultarse en lugar de celebrarse.

Este 2018 se cumplen 100 años del fin de la Secesión austriaca, comandada por Klimt, de quien Schiele fue alumno. Austria decidió celebrar a uno de sus grandes movimientos artísticos poniendo especial atención en los cuadros de Egon Schiele, el joven prodigio de aquel grupo que brilló de forma precoz y murió a los 28 años.

Demasiado atrevido para nuestro tiempo

Su corta vida conoció muy bien el escándalo. Se le acusó de haber mantenido relaciones con una de sus modelos, de escasos 17 años. Aunque fue encontrado culpable, su sentencia fue de tres días. En ese sentido, sus fechorías no son lejanas a las que hoy podrían achacarse a Woody Allen.

En ambos casos, ¿ser terribles personas los hace susceptibles de ser censurados? ¿Sus obras pierden valor porque los autores hayan sido sátrapas consumados?

La moral es un pésimo criterio artístico por motivos éticos, pero la aritmética tampoco está de su lado, sobre todo si se toma en cuenta que la nómina de estupendos artistas que además fueron criminales es muy vasta: Caravaggio asesinó a un hombre, así como el reaccionario Quevedo, Rimbaud fue un traficante, Marinetti y Pound fueron fascistas declarados, nuestro Díaz Mirón mató por la espalda y así sigue un largo etcétera de traiciones, fraudes, abusos y asesinatos. (Vía: The Guardian)

“Lo siento, tiene 100 años pero es demasiado atrevido para hoy”.

Sus obras no los disculpan ni los redimen de sus crímenes, pero estas tampoco deben pagar por sus errores. Del lado del espectador,  apreciar sus obras no te hace cómplice suyo. La eterna y lucha entre moral y arte ha encontrado en la celebración de Egon Schiele un nuevo campo de batalla.

Ante la imposición de Inglaterra y Alemania de cubrir los desnudos de Schiele, para que puedan aparecer en grandes anuncios, sus promotores austriacos han decidió que la mejor forma de sobrellevar la censura es explicar al público las razones: “Lo siento, tiene 100 años pero es demasiado atrevido para hoy”. Esa es la oración que acompaña los recuadros negros sobre los cuerpos desnudos. (Vía: El Español)

La moral en tiempos de Facebook

Un día Facebook censura una campaña contra el cancer de mama. Otro día, el algoritmo de red social confunde un cuadro con pornografía. El problema con poner nuestro criterio en manos de un robot es que los algoritmos no saben de matices.

¿Cómo explicarle a un algoritmo que la pornografía se define por su uso? Antes de creía que algo era porno por ser explícito; Umberto Eco creyó que el porno se definía por su lentitud.

Gracias a internet ahora sabemos que todo es susceptible de tener una parodia pornográfica y, sobre todo, que la pornografía (como la poesía) se define exclusivamente por el uso que le da el espectador.

En Will & Grace, al acudir a una clínica de donación de esperma, Will aclara que es gay y de inmediato le intercambian los ejemplares de Hustler por catálogos de trajes y smockings. Esos catálogos fueron diseñados para vender ropa, no para masturbarse, pero se convirtieron en material pornográfico cuando Will lo decidió.

Por el contrario, el arte se caracteriza justo por prescindir de usos definidos. Su inutilidad a priori es lo que lo hace todo poderoso. Como decía Juan García Ponce: “Entre sus atributos legítimos el arte no tiene derecho a ser símbolo ni emblema de nada. Por eso es todo.”

¿Cómo explicarle esas vicisitudes a un algoritmo? El problema es que el criterio censor de los humanos fuera de las redes se ha empezado a parecer al de los robots: súbitamente un pezón es pornografía, de pronto un desnudo no debe exhibirse en público.

Detrás de estos ataques en nombre del buen gusto y la corrección está la siempre sanitaria moral decimonónica. Quienes llevaron a juicio Baudelaire y Flaubert en el XIX son los mismo que llevaron a juicio a Ginsberg en el XX; quienes vieron pornografía en el Ulises son los mismos que vieron en Lolita una apología de la depravación. Todos ellos carecieron, carecen y carecerán de alegatos estéticos, pero les sobra las quejas moralinas.

La moral es el clasismo llevado a la conducta. Eso lo saben y padecieron Nabokov o Joyce, Nin o Schiele. En el caso de Schiele lo paradójico es que él siempre juró que su obra pertenecía a los templos y no a las letrinas, creía que el arte debía ser eterno y que sus cuadros se manchaban al exponerse en museos. 100 años después carga aún con el estigma de haber creado inquietante pornografía, donde las y los modelos miran de frente al espectador. ¿Su arte sigue siendo rebelde por qué nosotros somos unos mojigatos? ¿Cabrá la posibilidad que nosotros seamos menos espantadizos pero sus obras siguen siendo provocadoras y vigentes?

Acaso en un mundo ideal los desnudos que pintó Schiele se encontrarían solamente en templos y él en vida hubiera cumplido una condena de más de tres días.

Por E de Gortari

Por: Redacción PA.