El malviaje de volver a ver las caricaturas noventeras

Pues hoy día del niño nos pusimos melancólicos y regresamos a ver nuestras caricaturas favoritas y bueno, se nos destruyó un poquito más la infancia pero también sacamos valiosas lecciones, aquí les decimos cómo nos fue volviendo a ver las caricaturas de los 90. 

 

La Vida Moderna de Rocko

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Recuerdo que La Vida Moderna de Rocko me hacia reír como idiota. Heffer por ejemplo cometía estupidez tras estupidez pero casos siempre con buenas intenciones. La sensación que me quedó al pensar en Rocko era de pura y genuina diversión, luego volví a la serie.

No podía creer que veíamos eso de niños. Primero, el universo entero de Rocko esta retorcido literalmente, no hay líneas rectas, las casa, las calles, parecen derretirse en permanentes líneas curvas. No había notado tampoco lo perturbador que era el personaje de Filburt, la tortuga que tiene muchísimos traumas de la infancia y que vive en un mundo amenazador al que teme y que lo convierte en un ser violento. El señor Cabeza Grande por ejemplo, un ser infeliz que vive tratando de escalar en una empresa gigantesca que lo reduce a insecto (también la pareja Cabeza Grande tenía una vida sexual medio retorcida).

Hubo que volver a ver por ejemplo el capítulo en donde Rocko tienen un trabajo de telefonistas pero es en realidad una sex line… bueno, no me explico por qué eso nos pasó tan desapercibido.

La Vida Moderna de Rocko es una caricatura muy crítica y claro, divertida, pero que desarrolla tu trama en un mundo casi esquizofrénico, sucio, sin dirección… un testimonio extrañísimo de los años 90.

¡¡Qué onda además con Duraznito!!

 

Hey Arnold!

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Hey Arnold en realidad no me me botaba de risa como otras caricaturas. En realidad era u nicktoon muy relajado. Eso sí, a veces tenía algunos episodios de terror que lo dejaban a uno medio confundido pero fuera de eso, era una caricatura muy entretenida. Acaso Helga era la más graciosa por su obsesión extraña con Arnold, por ejemplo.

Luego volví a ver unos episodios.

Fue impresionante darse cuenta del mundo caótico en el que vivía Arnold. No sólo la ciudad iba muy rápida, era una metrópoli, la casa de huéspedes era una casa de locos. Lo único que hacía Arnold era ir por el mundo ayudando y dando consejos, tenía una integridad impecable que claro, un par de veces se puso en duda, pero siempre resultó triunfante su sencilla ética, no sin antes, desde luego tener que enfrentarse a ese caos.

Arnold es un ser que trata de mantener sus ideas de compañerismo y bondad en un mundo que precisamente trata de destruírselas constantemente. Arnold se enfrenta a un mundo loco y descontrolado en el que logra sobrevivir gracias a las lecciones que siempre le daban sus abuelos. Revisitar esta caricatura fue más bien placentero.

 

 

Rugrats

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Ok, a muchos no les gustaba Rugrats, tal vez creían que era un tanto aburrida, pero la verdad a mí sí me entretenía. Claro que, como buen adolescente ya no seguí los pasos de la serie que luego se convirtió en varias películas y hasta tuvo una temporada de Rugrats crecidos.

Bueno, como sea, en aquellos paradisiacos años, estos bebés se la pasaban teniendo aventuras increíbles a la Indiana Jones mientras nos lanzaban el guiño permanente de que todo era obra de la su vivaz imaginación. Hasta ahí, todo bien pero luego volvimos a ver la serie.

Tommy era el valiente claro, el que simplemente quería tener aventuras y bueno, Carlitos era un cobarde bien intencionado. Los adultos, por otro lado, esos sí que tenían problemas el padre no lograba tener éxito con sus juguetes y la madre era una loca de los libros de consejos para cuidar a los hijos. Angélica además era una manipuladora, claro, como todos los niños grandes, así que se pasaba la vida molestando a otros. No cambió mucho mi percepción de la caricatura salvo por un maldito post que leí que sí medio me traumó.

Está la teoría urbana de que una de las personas detrás del proyecto era una mujer que había sido amiga de Angélica, sí, Susie. Cuenta la leyenda que en la vida real los bebés no existían, eran producto de la imaginación de Angélica, se supone que Carlitos murió con su madre, por eso su padre está siempre nervioso, que Tommy nació muerto y por eso Hugo, su padre, se la pasaba haciendo juguetes, y que la madre de los gemelos en realidad había abortado (como Angélica no sabía el sexo, los duplico en un ente idéntico pero de dos géneros). Según esto, Dil era el único que sí existía y que no seguía las órdenes de Angélica. Luego todos morirían de una sobredosis o algo así horrible y Susie se convertiría en psicóloga y contaría la historia.

 

🙁

 

 

Ren y Stimpy

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Ren y Stimpy ya nos parecía extraña desde pequeños. De hecho, no se pensó como una caricatura para niños, en realidad, si mal no recuerdo, pasaba en MTV aunque después la trasmitieron en Nickelodeon.

El malviaje de Ren y Stimpy es permanente, claro, lo primero que uno recuerda son los trazos hiperrealistas de la serie, que se enfocaban a veces en los escenarios más, digamos, escatológicos. Claro, que, además de eso, la trama misma de la serie resulta alucinante. No es de una ridiculez sencilla, al contrario, al volver a ver la serie, es fácil darse cuenta de que hay un sinsentido bien dirigido a criticar a una sociedad sin pies ni cabeza y cuyo ridículo (mercadológico por ejemplo) bien podía reducirse en el comercia de los juguetes Tronco, un tronco literal que era consumido por los niños de manera frenética y que en realidad era, bueno, solo un tronco.

Es cierto que Ren y Stimpy tienen toda una tradición pictórica del hiperrealismo y lo escatológico detrás de ellos, pero fue la primera caricatura que se difundió tan masivamente y que era tan crítica y tan repelente al ojo y que, además, pudo romper la línea entre el público infantil y el adulto porque, un niño bien podía reírse de Olorín y el adulto maravillarse con el arte del sinsentido que reinaba la trama.

Siempre es bueno volver a Ren y Stimpy.

 

Animaniacs

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Oh animaniacs, esta sí que era una caricatura increíble. Para los que no saben, salió de la cabeza de Steven Spielberg, y era de esas que nos hacía reír horas enteras. Recuerdo que me encantaba que estuviera compuesto por varias caricaturas que marcarían a una generación, estaban Pinky y Cerebro, Botones, los tres palomos, Slappy la ardilla, y muchos más.

Volver a ver Animaniacs fue magniífico, me di cuenta de la inteligente parodia que hacían a la cultura pop norteamericana pero, especialmente, a la cultura hollywoodense. Eran muchas las estrellas que aparecían en los segmentos que además funcionaban como parodia de las épocas de oro y diversos géneros del cine estadounidense. Está la ciencia ficción, el drama meloso, las películas de gángsters, y la comedia en blanco y negro pero con un giro que solo los noventas podían permitir.

Claro, los hermanos Warner nos recuerdan a un Mikey Mouse en drogas, un guiño evidente a la ficción que Disney desterró en los años 90, la ficción incisiva, crítica y hasta racista que tan felices nos hizo de pequeños.

Animanics se inscribe en una serie de trabajos de Spielberg que critican las formas en que se hacía ficción de masa en nortemaérica (está por ejemplo Fenomenoide), claro, circuito narrativo del que el mismo Spielberg era parte y construía con sus propias películas.

En fin, a veces uno se da unos malviajes destruye infancias volviendo a ver  esta series, casi siempre nos traen excelentes recuerdos pero ya no es lo mismo. Ni modo crecimos y tal vez algún día los niños que hoy ven inocentemente caricaturas como Hora de Aventura regresarán en diez años a ellas para preguntarse “¿cómo diablos podía ver esto cuando era niño?“.

Y ustedes sopicuates, ¿de cuál se acordaron hoy?

Por: Redacción PA.