Muerte y legado de Muhammad Alí

Muhammad Alí —leyenda del boxeo, ícono de subversión  política, y figura central en la lucha por los derechos civiles— murió el viernes 3 de junio a los 74 años en un hospital de Phoenix debido a una complicación respiratoria suscitada por la enfermedad de Parkinson que lo aquejó por más de tres décadas.

Nacido  Cassius Clay en 1962 en el seno de una familia de clase media Louisville, Kentucky, Alí creció dentro de un ambiente de segregación racial perpetuado por las así apodadas leyes “Jim Crow”. Llegó al boxeo a los 12 años después de que su entrenador Joe Martin lo descubriera en una riña callejera por su bicicleta. 

Desde la adolescencia, el peleador consolidaría un estilo excepcional de pelea y movimiento —flota como mariposa y pica como abeja— con el que ganaría el oro olímpico en Roma a los 18 años de edad.

Cuatro años después, Alí se consagró como campeón mundial de peso completo a los 22 años después de una mítica pelea contra Sonny Liston en la que resultó victorioso por TKO en el sexto round. Con esto,  el boxeador se alzaría al estatus de celebridad como un deportista único en su manera  de pelear.

Después de haber ganado su primer campeonato, el boxeador de Louisville desde los reflectores anunció su conversión a la religión musulmana y su compromiso con la causa de la Nación del Islam, proyecto afroamericano de fraternidad racial y rechazo total al gobierno establecido de EE.UU.

Desde ese momento, Alí se deshizo  de su “nombre de esclavo”, aprovechando su estatus como celebridad para convertirse un ícono de autoafirmación racial y compromiso político.

En 1964, el joven peleador fue solicitado por el gobierno estadounidense para participar en la Guerra de Vietnam. Alí, señalando que el verdadero enemigo de las juventudes afroamericanas no eran los Viet Cong sino el sistema de supremacía blanca que los oprimía, se rehusó a participar en el conflicto y  fue despojado de todos sus laureles.


Tras este evento, el gobierno estadounidense le prohibió practicar deportes en suelo americano y el atleta se dedicó a impartir conferencias de orgullo racial y de disidencia con el gobierno estadounidense a través de diversas universidades a través de Estados Unidos. Hasta 1970, el boxeador regresaría al cuadrilátero después de que una corte en Atlanta justificara su renuencia a ir a la guerra debido a su vocación religiosa.

Alí volvería a ser campeón del mundo de peso completo en dos ocasiones, primero en una batalla en contra de Joe Frazier y  después contra George Foreman.

Los estragos del Parkinson comenzaron a afectarlo desde sus últimas peleas a finales de los ochenta. Una vez que empezó a sufrir de tartamudeos y problemas motrices, Alí renunció al boxeo y decidió mantenerse fuera de los reflectores por el resto de su vida.

Sin embargo, a pesar de la enfermedad, el boxeador siguió comentando esporádicamente los sucesos políticos que le rodeaban.“Creo que nuestros líderes deberían de utilizar su posición para aclarar la comprensión que tiene la gente de la religión musulmana para así mostrarles que estos asesinos descarrilados han pervertido la visión de lo que el Islam es en realidad”, declaró el boxeador en diciembre a raíz de los comentarios islamofóbicos que emitió Donald Trump después de los atentados jihadistas en París.

El legado de Muhammad Alí prevalece como un talento que logró desdibujar las barreras entre arte y deporte; en su imagen reluce un símbolo de lucha, dentro y fuera del cuadrilátero.