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Eduardo Ruiz presenta novela sobre el comunismo en Sinaloa

Imagen cedida por Candaya

En esta entrevista, el escritor Sergio Ceyca habla con Eduardo Ruiz Sosa sobre su libro Anatomía de la memoria, que se presentará el próximo sábado 30 de junio a las 19:00 en la Pulquería de los Insurgentes.

A principios de los 70, mientras que en Ciudad de México ocurría la Matanza del Jueves de Corpus, en Sinaloa se vivía también un episodio de represión. Un grupo de estudiantes conocido como los Enfermos, en alusión al libro de Lenin La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, intentó levantarse en armas.

A partir de este episodio, el sinaloense Eduardo Ruiz Sosa (Culiacán, 1983) escribió Anatomía de la memoria, libro que fue publicado en España por la prestigiosa editorial Candaya en 2014 y fue reeditado en 2016 con la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Su novela retoma el episodio violento desde la vejez de sus protagonistas, hombres y mujeres desgastados por el tiempo que a veces recuerdan bien o a veces se pierden en sus recuerdos. En ese ambiente aparece Estiarte Salomón, un trabajador del ministerio de cultura a quien se le encarga una biografía de Juan Pablo Orígenes, poeta que formó parte de aquel movimiento en su momento y que tuvo que huir para no perder la vida

Imagen: Candaya

Ahora Orígenes es un hombre viejo que recuerda mal las cosas, o va cambiando sus recuerdos conforme pasan los días mientras se apoya en un viejo ejemplar de Anatomía de la melancolía, de Robert Burton. A su alrededor hay otros ancianos, otros Enfermos, pero también enfermos del cuerpo, a través de los cuales Estiarte Salomón va entrevistando para realizar un proyecto más ambicioso del que la institución le encargó: una historia de la Enfermedad.

¿Quiénes fueron los Enfermos?

Fue uno de varios grupos de estudiantes, emanado de la Universidad Autónoma de Sinaloa en la década de 1970, y que, a partir de una suerte de formación izquierdista buscaba modificar el régimen político nacional. Partió, en sus inicios, de diversas movilizaciones estudiantiles que reclamaban derechos sociales para los universitarios, y luego fue derivando en un movimiento más complejo y beligerante que actuó durante algunos años hasta que fue reprimido por el ejército mexicano luego de un intento de subversión llamado El asalto al cielo o el Ensayo de insurrección, que tuvo lugar en 1974 en varios municipios de Sinaloa. Muchos de sus integrantes fueron perseguidos y encarcelados, otros fueron asesinados y otros tantos desaparecidos.

¿Por qué elegiste escribir un libro dónde los personajes hubieran sido parte de este movimiento? ¿Era un tema que conocías de mucho tiempo antes o un día lo descubriste?

El caso de los Enfermos lo conozco, prácticamente, desde la infancia. Mis padres, universitarios los dos, me hablaron de los sucesos de aquellos años. Algunos amigos y conocidos de mi padre estuvieron, de una u otra forma, involucrados en los diversos grupos estudiantiles. Mientras que en la casa de mi madre, que es la casa de mi abuela y mi bisabuela, en el centro de la ciudad, algunas veces se escondieron los muchachos mientras huían de la policía. Siempre me intrigó el nombre del grupo, ese calificativo: la Enfermedad. Había algo enigmático en ello, atrayente, algo que me provocaba miedo y curiosidad. Era, además, hasta hace poco tiempo, una historia poco contada, y sigue siendo un capítulo inconcluso en la historia local. Creo que siempre será una historia inconclusa.

Imagen: Candaya

Este libro fue escrita con la beca de la Fundación Han Nefkens, ¿cómo fue el proceso de solicitar la beca?

La beca Han Nefkens fue convocada, si recuerdo bien, hacia principios del año 2012. Había que entregar un currículum, una carta de motivos y un proyecto de novela. En aquel momento yo trabajaba en un libro diferente desde hacía varios años, un libro extenso e imposible, del cual se desprendió la historia que luego cobró forma en Anatomía de la memoria. Afortunadamente el proyecto fue seleccionado y tuve la oportunidad de dedicarme exclusivamente a escribir el libro durante un año y a cursar el Máster de Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, donde yo vivía en aquellos años.

¿Cómo fue el proceso de estudiar el master y escribir?

El trabajo con los diferentes escritores que impartían las clases enriqueció mi forma de aproximarme al libro, pero también me ayudó el contacto cercano con algunos de los compañeros del máster. Si bien es cierto que se escribe en soledad, creo que es fundamental contar con lectores de confianza, con otras miradas que puedan señalar errores o potencialidades que uno, por estar inmerso en los mecanismos de la escritura, a veces no ve con claridad. Escribí el último borrador desde junio hasta diciembre de 2013, cuando lo entregué a los editores de Candaya, Olga Martínez y Paco Robles. Escribía entre ocho y diez horas al día. Fue un trabajo extenuante pero necesario para mí.

El libro fue publicado en 2014, ¿cómo ha sido la recepción durante estos cuatro años?

Afortunadamente su publicación en España ha gozado de una recepción muy agraciada. Desde hace tiempo se encuentra en circulación la segunda edición y el libro fue muy bien acogido por la crítica. Creo que su principal fortuna es la de seguir presente en muchos lectores y en muchos espacios: poco a poco se sigue moviendo, su presencia ha sido un tanto longeva e incluso hubo una adaptación al teatro en el año 2015. En México, por el contrario, su distribución ha sido un tanto lenta, pero el libro ha ido encontrando lectores y se mueve en un pequeño circuito. Espero que su entrada, reciente, a distintas librerías a nivel nacional, sea un nuevo arranque y represente una continuidad en su relación con los lectores.

Regresando a Culiacán como centro iniciático, ¿cómo fue empezar a escribir ahí?

Yo empecé en un círculo de lectura que coordinaba Martín Amaral, quien fue un gran promotor de la lectura, un gran cronista y mi primer maestro. Martín me envió al taller de escritura que impartía Élmer Mendoza, hacia el año 2001, y el trabajo con Élmer fue fundamental para mí. Ahí empecé a tomar en serio la escritura. Gracias a Élmer conocí a mis otros dos maestros: César López Cuadras y David Toscana. En ellos está cimentada mi formación como lector y como escritor. En aquellos años había más poetas que narradores, al menos entre los jóvenes.

¿Cómo ves el movimiento de literatura en tu estado natal?

Hoy en día hay un ambiente más nutrido y más rico: hay ensayistas, cronistas, poetas, narradores de ficción. Hay mayor número, variedad y procedencias. Considerando que Culiacán es una ciudad notablemente pobre en infraestructura cultural, especialmente en lo que respecta a la literatura (no hay bibliotecas y las pocas librerías están muy mal abastecidas), esta nueva hornada de escritores apunta a proyectos muy interesantes y, estoy seguro, no se conforma con la idea de sobresalir en un panorama local o regional.

 

Imagen: Candaya

¿Qué es lo que viene para Eduardo Ruiz Sosa? ¿Has iniciado la escritura de otro libro?

Pronto aparecerá un libro de crónicas que escribí entre el año 2011 y el 2018. No tardará en haber noticias sobre ese título. Estoy trabajando en un proyecto que me ha costado mucho y que desde hace más de diez años me ha ocupado bastante. Ya estoy en el último borrador y espero que pronto pueda publicarse. No soy muy veloz en la escritura y mi forma de trabajar es pausada, creo que por eso ha pasado tanto tiempo entre un libro y otro.  

¿Qué lecturas te acompañaron en la escritura? ¿Cómo entró el tratado de Robert Burton dentro del libro?

Desde Edmond Jabes hasta Roberto Juarroz, pasando por Gamoneda, Gonzalo Rojas y José Barroeta, si hablamos de poesía. Clarice Lispector, Djuna Barnes, Fernando del Paso, Rulfo y Salvador Elizondo si hablamos de narrativa. El libro de Robert Burton, Anatomía de la melancolía fue fundamental para articular la estructura del libro. Una especie de vértebra que me ayudó a orientar el tratamiento de la historia y de la temática: Burton trata la melancolía como una enfermedad, la disecciona, la estudia, y es lo que me propuse hacer con la memoria: una disección del recordar, de sus efectos, de sus consecuencias en el futuro. La novela no es una reconstrucción de los hechos del pasado, sino un experimento que trata de indagar en cómo el peso del pasado nos agobia y nos dirige en el presente y en el futuro.

Este sábado se presentará Anatomía de la melancolía en la Pulquería Insurgentes, a las 19:00 hrs. Los comentarios correrán a cargo de Alejandro Badillo.

Por Sergio Ceyca