María Callas: La diva de voz imperfectamente perfecta

"La Divina" es recordada como una de las sopranos más importantes de la historia
(Imagen: Wikicommons)

La primera vez que escuché a María Callas fue en la película Philadelphia.  El personaje de Tom Hanks, ya muy enfermo, entra en un trance musical provocado por la interpretación de La Divina del aria de Lucia de LamermoorLa Mia Mamma Morta. A mí también me impactó. Mi madre ya me había hablado de la Callas, pero el escucharla me hizo darme cuenta el por qué, a pesar de las décadas de su muerte, sigue siendo el máximo referente de la ópera.

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Inicios

Maria Callas, cuyo verdadero nombre era Maria Kalogeropoulou, nació en 1923 en Nueva Yor. Dejó los Estados Unidos con su madre después del divorcio de sus padres, oriundos de Grecica para ir a Atenas. Allí, la talentosa María fue entrenada para cantar bajo la estricta supervisión de su madre. Callas solía manifestar su pesar por haber tenido tanta presión por parte su madre, ya que eso hizo que no pudiera disfrutar de su infancia como hubiera querido.

Se matriculó en el Conservatorio de Atenas como alumna de Elvira de Hidalgo. Hizo su debut como Tosca en Atenas en 1942. En 1947, su éxito en el papel principal de La Gioconda en la Arena di Verona lanzó su carrera en Italia, con compromisos posteriores como Aida, Turandot, Isolde y Parsifal. En 1949 intervino con poca anticipación para cantar como Elvira en I puritani, donde se reveló su don para el bel canto.

(Imagen: Wikicommons)

Luego se concentró en la ópera clásica italiana, sus papeles característicos incluyen Norma, Medea, Ana Bolena, Lucia di Lammermoor, Lady Macbeth de Verdi, Violetta y Tosca. Callas fue crucial para el renacimiento de la ópera de bel canto, cantando muchos papeles desafiantes, incluido el papel principal en L’anima de Haydn en su estreno mundial en 1951.

La voz de Callas estaba en su mejor momento a principios de la década de 1950, famosa por su color y agilidad. A lo largo de su carrera fue reconocida por la musicalidad instintiva, la inteligencia y la brillante presencia dramática que aportó a todos sus papeles.

Maria Callas en México

Ante de convertirse en La Divina y en la diva, Callas pasó por nuestro país.En 1950, tras imponerse al frío recibimiento inicial —”No me sorprende la fría recepción que he tenido. La gente se tiene que acostumbrar a mi voz, expresó— , Callas conquistó al público mexicano con su interpretación en Norma, Aída, Tosca y El Trovador.  Su imponente personalidad en el escenario cautivó a aquellos que fueron al Palacio de Bellas Artes a escucharla.

Regresó en 1952 y su éxito fue igual de rotundo que la primera vez. Sería la última vez que regresaría a cantar nuestro país, ya que su fama hizo que fuera incosteable poder traerla de nuevo.

Voz imperfectamente perfecta

(Imagen: Wikicommons)

Es comprensible que el canto de Callas todavía polarice a los oyentes. Su voz puede sonar estridente, peligrosamente fuera de control, incluso fea para algunos. Hay que dar un salto para llegar a donde está ella como artista. Una vez que cruzado el umbra, es difícil mirar hacia atrás. Y es que, a pesar de sus defectos, su voz es única. Nadie suena como ella. Una voz  reconocible, que no es la típica de una soprano. Sino que tiene colores distintivos, timbres únicos, carente tal vez de lo aterciopelado de otras cantantes, pero que la llevaron a un lugar en el que sólo puede estar la Divina,

Aristóteles Onassis y Jackie Kennedy

Justo en el pico de su fama, Callas tuvo un encuentro que cambió su vida e hizo que su carrera sufriera las consecuencias. En 1957 fue presentada al magnate naviero griego Aristóteles Onassis, en una fiesta en Venecia. En unas pocas semanas, invitó a María y a su esposo a unirse a él en su yate privado para un crucero por el Mediterráneo.

Callas y Onassis (Imagen: Wikicommons)

Onassis no estaba interesado en lo más mínimo en la ópera, pero era un ávido coleccionista de personajes famosos.

Maria Callas fue presentada al magnate naviero griego Aristóteles Onassis en 1957 en una fiesta en Venecia. En unas pocas semanas, invitó a María y a su esposo a unirse a él en su yate privado para un crucero por el Mediterráneo.

Onassis no estaba interesado en lo más mínimo en la ópera, pero era un ávido coleccionista de personajes famosos.

Al principio, María se negó, diciendo que estaba demasiado ocupada con su carrera como cantante pero, finalmente, aceptó una invitación para unas vacaciones a bordo del Christina —el nombre de la hija del magnate— con Sir Winston y Lady Churchill. Cuando dejó el barco, su matrimonio con Meneghini había terminado. Onassis la había seducido y la había llevado a un mundo que la haría descuidar su voz y terminar con su abrupta carrera como cantante.

En 1963, Onassis ideó una táctica oportunista similar con Jackie Kennedy. Al enterarse de que su hijo Patrick había muerto a la edad de solo un mes, la invitó a un crucero por Christina para recuperarse. Maria Callas, para entonces su novia, no estaba invitada. En cambio, Onassis la dejó en París en el suntuoso departamento que le había comprado.

Tres meses después, el mundo se conmocionó cuando John F. Kennedy fue asesinado en Dallas. Onassis ofreció su apoyo a Jackie donde pudiera.

Aceptó la oferta de Onassis de casarse y protegerla, poniendo a su disposición su isla privada, su aerolínea y su vasta riqueza. Jackie obtuvo la seguridad que ansiaba, mientras que Onassis se había llevado el mayor premio de todos: la mujer más famosa del mundo. La boda tuvo lugar en noviembre de ese año, en un resplandor de publicidad. Maria Callas, que no fue informada, se sentó sola en París viendo noticias en la televisión.

Onassis y Jackie Kennedy (Imagen: Wikicommons)

Pero desde el principio, el matrimonio fue un desastre.

“Nunca conocí a nadie que pudiera gastar dinero como Jackie”, dijo Onassis.

Ahora se sabe que, en unas pocas semanas, Onassis reanudó su relación con Maria Callas. Al principio, comprensiblemente devastada, María se negó a verlo, pero cuando amenazó con estrellar su Mercedes en la puerta de su edificio donde vivía, finalmente cedió.

“Se vieron todos los meses hasta su muerte”, dijo el conductor de Onassis, Yaikinto Rossa. “La verdad es que María Callas era el verdadero amor de Onassis. Era su verdadera esposa, aunque nunca se casaron”. 

Los últimos días de Callas

Tras la muerte de Onassis en 1975, con su voz apagada y dañada, María Callas se convirtió en una reclusa en su apartamento en París. Rodeada de fotografías y recuerdos, solía sentarse a escuchar sus viejas grabaciones,  viviendo en su glorioso pasado. Dos años después, en la mañana del 16 de septiembre de 1977, Callas fue encontrada muerta de un ataque al corazón en el piso de su habitación. Tan solo tenía 53 años.

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La Divina, a pesar de los años de su muerte, sigue abriendo el maravilloso mundo de la ópera a generaciones que se enamoran de inigualable voz y de su increíble carisma.