Guanajuato: una historia de la mano de México

La ciudad de Guanajuato nació como un pequeñito campamento minero en el siglo XVI. La zona montañosa, irregular y sólo con uno que otro valle pequeñito era el peor lugar para fundar una ciudad, sin embargo era ideal para establecer un centro de extracción de plata: todos lo montes tenían vetas y, para el siglo XVIII, era la capital platera del mundo.

Dejó pronto de ser un campamento y se hizo de las laderas, de las simas y las cimas y, en vez de las amplias avenidas de la Ciudad de México o del tablero de ajedrez de Puebla, un mapa irregular, de callejones y partes que retan la condición física de cualquiera, pero repleta de caserones, iglesias espléndidas, una Universidad de vanguardia en ingeniería y ciencias mineras y una rica vida cultural que la convirtieron en un centro cultural e intelectual en el Bajío.

Primeros mapas de asentamientos de la Nueva España en Guanajuato

Guanajuato era una ciudad fronteriza entre la zona rica y fértil del centro y sur de la Nueva España y entre la zona rica en minerales y las tierras inexploradas del norte. Por ello, la ciudad sirvió de base para la Compañía de Jesús, encomendada con la evangelización del norte del país. Ahí, los jesuitas establecieron un espacio de diálogo y formación con la élite guanajuatense. (Vía: Arqueología Mexicana)

No por nada, Dolores Hidalgo, a unos cuantos kilómetros de la ciudad, fue el epicentro de la conspiración independentista en 1810. No por nada, la batalla de Guanajuato, que terminó con la toma de la Alhóndiga de Granaditas, la creación del mito del Pípila y lo que la Corona pensó que sería el fin de la sublevación: la ejecución, un año después, de las cabecillas de la conspiración.

Grabado de la toma de la Alhóndiga de Granaditas

Durante la Guerra de Reforma, Guanajuato fungió brevemente como capital de la República, cuando el “gobierno itinerante” de Juárez buscaba un espacio seguro para un gobierno que tenía que ir en retirada constante.

Ya durante el porfiriato, el pasado minero de Guanajuato revivió y, con él, el esplendor de la ciudad. Se estrenó el Teatro Juárez, revivió la Universidad de Guanajuato y volvió a ser un punto de encuentro entre el centro sur del país y el norte.

Tras la Revolución, Guanajuato se levantó en armas durante la Guerra Cristera. Al grito de “Viva Cristo Rey”, miles de guanajuatenses se rebelaron contra el gobierno de Plutarco Elías Calles y la “Ley Calles”, que buscaba someter a la Iglesia católica al control del Estado mexicano. (Vía: Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM)

Fotografía de tropas cristeras durante conflicto con gobierno federal
(Imagen: IIH-UNAM)

Hoy, Guanajuato es una capital cultural del país en el Bajío, es la sede del Festival Internacional Cervantino y un Patrimonio de la Humanidad.

Por: Redacción PA.