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Ella Fitzgerald: De delincuente juvenil a leyenda del jazz

La reina del jazz dejó un tremendo legado en sus más de 60 años de carrera
(Imagen: Wikicommons)

Apenas empieza a sonar su voz, nos damos cuenta que es algo especial. Y es que Ella Fitzgerald se dio cuenta del potencial de la voz humana como instrumento musical. Y mejor que cualquier músico de jazz, Fitzgerald innovó su género y evolucionó junto a él. Hoy la recordamos a la reina del jazz a 103 años de su nacimiento.

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Ella Jane Fitzgerald nació en Newport News, Virginia, el 25 de abril de 1917, hijo de William Fitzgerald y Temperance “Tempie” Henry. Los padres de Fitzgerald (que no estaban casados en el momento de su nacimiento) se separaron poco después de que ella naciera. Tempie y su novio Joseph Da Silva (un inmigrante portugués) se hicieron cargo de ella.

La difícil adolescencia

La infancia de Ella Fitzgerald no fue fácil. Según los informes, su padrastro era violento con ella, y ese abuso continuó después de la muerte de la madre de Fitzgerald en 1932. Finalmente, para escapar de la violencia, se mudó a Harlem, Nueva York, para vivir con su tía. Si bien había sido una gran estudiante, fue tras ese movimiento de ciudad que su dedicación a los estudios terminó. Sus calificaciones bajaron y ella solía faltar a la escuela. Pero encontró otras formas de llenar sus días, no todas legales.

Según se cuenta, trabajó para la mafia y sirvió como vigilante de la policía en un burdel local. Sus actividades ilícitas finalmente la llevaron a un orfanato, para luego ser recluida en un reformatorio estatal.

La música como salvación

Aunque intentó tener una carrera como bailarina, Ella Fitzgerald fue una entusiasta del jazz desde pequeña. Era fanática de Louis Armstrong y Bing Crosby, y verdaderamente idolatraba a Connee Boswell de las Boswell Sisters.

A principios de la década de 1930, Fitzgerald pudo hacer algo de dinero con las monedas que le daban los transeúntes mientras cantaba en las calles de Harlem. En 1934, finalmente tuvo la oportunidad de subir a un escenario real (y muy famoso) cuando participó en una Noche de Aficionados en el Teatro Apollo el 21 de noviembre de 1934. Fue su debut en el escenario.

(Imagen: Wikicommons)

Ella Fitzgerald planeaba realizar una rutina de baile, pero cuando se dio cuenta de que había mejores bailarines, se arriesgó y cantó. La apuesta de Fitzgerald valió la pena: ganó el premio de la noche —25 dólares—, comenzando así su carrera como cantante profesional.

El éxito y la discriminación

Ella Fitzgerald tenía una gran ventaja como cantante: un tono perfecto. Era capaz de distinguir y replicar notas con tanta precisión que los músicos afinaban sus instrumentos a su voz.

Tras alcanzar el éxito con A-Tisket, A-Tasket con la orquesta de Chuck Webb en 1938, la muerte de Webb hizo que Ella tuviera que desempeñarse como solista y empezó a brillar gracias al scatting. En el jazz, el scat es una improvisación vocal, con palabras o sílabas que no tienen sentido. Pocos han brillado en esto como Fitzgerald.

En 1949, tras varios discos exitosos de bebop, Fitzgerald conoció al promotor Norman Granz, quien la reclutó cantante para su serie de conciertos “Jazz at the Philharmonic”. La serie recorrió Estados Unidos para difundir buena música.

Granz también fue un vigoroso defensor de los derechos civiles y se aseguró de que Fitzgerald recibiera la misma paga a los artistas blancos o varones.

No obstante, Fitzgerald y su banda con frecuencia enfrentaron discriminación en la era de la segregación en los Estados Unidos. Una vez, en un aeropuerto, se le rehusó el acceso avión por su color de piel. Pasó tres días varada en Honolulu hasta que por fin se le permitió tomar un avión.

Ella Fitzgerald canta con todos

(Imagen: Flickr)

Como a todos los grandes artistas, a Ella Fitzgerald le gustaba poner a prueba sus propios límites. Con el tiempo, se cansó del estilo bebop y exploró nuevos territorios. Fitzgerald abordó el Great American Songbook, los clásicos estándares de jazz y pop creados por compositores como George Gershwin y Cole Porter. Para ayudar a marcar esta nueva etapa en su carrera, Norman Granz fundó un sello discográfico sólo para ella: Verve Records.

Con este nuevo sello, Ella Fitzgerald grabó canciones y discos con todo tipo de artistas. Sus colaboraciones con Louis Armstrong son legendarios. Cantó con la orquesta de Duke Ellington. Hizo duetos con artistas del calibre de Frank Sinatra o The Beatles.

Esto le valió ser la primera afroamericana en ganar un Grammy en 1958. Fue el primero de 14 que ganó a lo largo de su longeva carrera., incluido un Grammy por su trayectoria en 1967. Además, seis de sus discos forma parte del Salón de la Fama Grammy.

Ella y Marilyn Monroe

Fitzgerald era amiga cercana de Marilyn Monroe. Una leyenda popular dice que Monroe usó su influencia para ayudar a Ella a encontrar trabajo en clubes nocturnos que generalmente sólo contrataban artistas blancos.

Aparentemente, Monroe instó al Mocambo a contratar a Fitzgerald, prometiendo asistir a todos los conciertos en la primera fila. Monroe sabía que su presencia garantizaba espectáculos agotados y cobertura de prensa. Después de que Monroe, Frank Sinatra y Judy Garland asistieron a la noche de apertura, los espectáculos de Ella Fitzgerald se agotaron. El lugar incluso extendió su contrato por una semana adicional.

(Imagen: Flickr)

Muerte y legado

Aunque continuó haciendo giras y cantando durante la década de 1980, Fitzgerald luchó con problemas de salud. La diabetes obligó a la reina del jazz a tomar medidas drásticas. Los médicos le amputaron las dos piernas por debajo de la rodilla en un esfuerzo por combatir la enfermedad, que también había dañado sus ojos.

Debido a sus problemas de salud cada vez más dolorosos, dejó de dar conciertos por completo en 1993. Murió de un derrame cerebral el 15 de junio de 1996. Después de un funeral privado, fue enterrada en Inglewood Park en Los Ángeles. Con su fallecimiento, la edad de oro de la música de jazz estadounidense concluyó.

Ella Fitzgerald fue una pionera que ayudó a revolucionar el jazz. No por nada se le conoce como La Primera Dama de la Canción. Su capacidad vocal, su tono perfecto y su diversidad la tienen en un lugar muy especial en la historia de la música. Canciones como Summertime, Let’s Do It y sus duetos con Louis Armstrong son parte del cancionero romántico de los fans del género.

Comenzó como cantante de swing, se mudó al bebop, cantó scat perfecta, fue una extraordinaria vocalista de jazz y no temía el material moderno a medida que surgieron los años sesenta y setenta. Desde canciones de blues hasta la bossa nova y los calipsos hasta los villancicos, Ella Fitzgerald llegó a todos con su voz única, sonando para siempre joven. Ella vivirá para siempre en sus canciones, o hasta que la gente deje de escuchar música.