¿Ebrard puede prohibir las ‘narcoseries’?

En un país sumido, todavía, en la violencia contra el narcotráfico, estas series ¿son un reflejo o la razón de esta violencia?
¿Narcoseries son reflejo o razón de la violencia en México?

Durante un foro de turismo, el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, lanzó un comentario atacando las “narcoseries” como producciones que “no hacen justicia a México” y llamó a productoras y a la audiencia a “promover otros guiones”, pero, ¿de verdad este tipo de producciones son un mal para el país y no un reflejo de lo mal que está?

En el Consejo de Diplomacia Turística, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, dijo que las “narcoseries”:

No nos hace ninguna justicia eso, mucho vamos a tener que hacer en redes sociales y también en las series. México tiene que promover otros guiones, se puede y se debe; y queremos hacerlo“. (Vía: Reporte Índigo)

¿Qué son las “narcoseries”?

Definir qué es una “narcoserie” o una “narcopelícula” es, cuanto menos, complicado: no hay problema en señalar las tres temporada de Narcos, ¿pero y los cientos de películas de los hermanos Almada, o Breaking Bad o las novelas de Luis Humberto Crosthwaite y Élmer Mendoza?

El “Narco” ficcionalizado, así con mayúsculas, no es sólo la producción y distribución de estupefacientes por el territorio nacional y más allá de sus fronteras, sino todo el entramado cultural, político y social que legitima no sólo a las organizaciones criminales, sino la estrategia oficial contra ellas.

La crítica de Marcelo Ebrard, como la de Calderón durante su gobierno a la cobertura mediática de la violencia contra el narco, parte más de un espanto moralino (y bastante conservador) que de una estrategia real de problematización de este fenómeno cultural.

Lo malo de las “narcoseries”

Sí: las narcoseries y todos los productos que se basan en el crimen organizado para sus historias, hacen dos mecanismos que, en realidad, hace toda la ficción: descontextualización y ficcionalización.

Para construir una historia que puedas ver y entender en formatos de una hora por episodio, es necesario hacer dos cosas: crear un hilo narrativo y editar.

Por ello, es necesario entender que ninguna “narcoserie” ni “narcopelícula”, por mucho que se diga “fiel” a hechos reales puede serlo; justamente por eso no podemos aprender del narco mexicano con El Chapo, como tampoco comprender la formación y consolidación del cártel de Guadalajara con la tercera temporada de Narcos.

Sin embargo, son tomadas así por millones de personas no sólo por la cercanía histórica que tenemos con los hechos narrados, sino por la forma tan fina de enhebrar la tensión y las emociones de los espectadores: podemos, sin darnos cuenta, terminar empatizando con Joaquín Guzmán o Pablo Escobar no por ellos, sino por el trabajo de los guionistas.

Las “narcoseries” no ayudan al narco, sino a la estrategia del gobierno

Finalmente, las historias que narran desde Breaking Bad hasta las películas de los Almada no tienen como último beneficiario al narcotráfico, sino a la narrativa oficial del Estado.

Como apunta Oswaldo Zavala en Los cárteles no existen, la forma como, desde los años ochenta, los gobiernos mexicano y estadounidense han narrado esta “guerra” ha ido con bandos claros y estructuras jerárquicas delimitadas: los buenos (supuestamente el gobierno) y los malos (los narcos).

A partir de esta narrativa se han ejercido planes y estrategias policiacas y militares contra “cabecillas” y “estructuras” que no son tan fáciles de apuntar en la vida real, dice Zavala.

Las “narcoseries” y toda producción cultural que se centra en el narco reproduce esta narrativa oficial y ha logrado normalizarla entre la población general.

Finalmente, ¿Ebrard podría cancelar las “narcoseries”?

La respuesta a esto es muy, pero muy sencilla: no. Ni el secretario de Relaciones Exteriores, ni la secretaria de Gobernación, vaya, ni el Presidente puede hacer nada para prohibir las narcoseries por una razón muy sencilla: el derecho constitucional a la libertad de expresión.

En muchos estados se han prohibido los narcocorridos en espacios públicos (algo que ha sido ya llevado a la Suprema Corte en varias ocasiones), pero no se puede hacer nada para prohibir su producción.

Finalmente, ¿será que estas series son un reflejo incómodo pero morboso de nuestra realidad y, por ello, a las autoridades no les gusta verse reflejadas o, simplemente, es el prurito conservador lo que llama por su cancelación?