Raúl Cruz es barrendero desde hace más de 20 años y la mayoría de los disfraces que utiliza los ha sacado de la basura

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Imagen: Miguel J. Crespo

Vaquero en realidad se llama Raúl Cruz. Lleva más de 20 años trabajando con la basura. Al principio se encargaba de ir trepado en un camión y vaciar botes de basura en el contenedor. Luego un amigo le consiguió un carrito y empezó como voluntario a limpiar las calles de las colonias Providencia y Pradera, en la Gustavo A. Madero.

Aunque está en continuo contacto con la basura, no es un motivo para andar sucio. “Una vez mi jefe nos dijo que trabajamos con la basura, pero que no somos la basura. No es una excusa para andar todos pinches mugrosos”, recuerda Vaquero.

Desde aquel día Vaquero hizo uso de su gusto por los disfraces y comenzó a trabajar vestido de diferentes personajes: Batman, El llanero solitario, El Santo, Blue Demon, Stormtrooper, el hombre águila, entre muchos otros.

Para Raúl esta es una forma de disfrutar y desarrollar su trabajo. El contacto y el carisma con la gente también son importantes para ganar una buena propina. Por eso siempre recibe la basura con una sonrisa.

“Me encanta tener este trabajo y hacerlo con todo el gusto, con todas las ganas del mundo. SIempre voy con la convicción de hacer un barrido bonito en la ciudad. Yo por ejemplo cuando barro y les deje limpio, yo mi dicho: Les deje como nalgas de princesa la calle, cuenta  el Vaquero.

Para este barrendero único de la alcaldía Gustavo A. Madero, en la CDMX, uno de sus mejores pagos es el cariño y el reconocimiento de los vecinos.

“Siento bonito porque dicen: “Ah mira, ahí va el barrendero que siempre anda bien vestido, bien elegante”, afirma Vaquero. Mientras caminamos en dirección al deportivo los Galeana. Ahí se encuentra la bodega donde estaciona su carrito de barrendero que todos los días recoge a las 5:30 de la mañana.

Vaquero conecta un USB a la bocina que cuelga de su carrito y comenzamos el recorrido. “Hoy traigo música clásica güey”. Mientras caminamos al son de Tchaikovsky, Raúl me cuenta que alguna vez estuvo casado, pero que ya no cometerá el mismo error dos veces, “me encanta vivir solo”, asegura.

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Imagen: Sergio Irineo.

Tuvo tres hijos y ahora tiene siete nietos. Los ve seguido, pero no comparte con ellos tanto tiempo. Sabe que cada quien ya hizo su vida y el ahora está tranquilo.

“Puedo ir y venir sin ningún pedo. Para mí la soledad no existe, porque es como un estado de ánimo y yo siempre estoy contento”, dice Raúl sentado en su cama.

Su departamento es pequeño y limpio. Tal vez mis prejuicios me traicionaron cinco minutos antes de llegar e imagine una casa sucia y llena de toda la cháchara que Vaquero saca de la basura y que pone a la venta en el tianguis de la San Felipe. Me lleve una cachetada con guante blanco. La casa de vaquero estaba mucho más limpia que la mía.

“La gente debe pensar que como trabajo en la basura he de vivir bien culero, pero se equivocan yo vivo de a padrino”, sentencia Vaquero.

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Imagen: Miguel J. Crespo

Para él la basura es bendita. Muchos de los muebles, cuadros y las decenas de disfraces que tiene los ha sacado de lo que otros tiran. Su recámara de roble se la regaló una señora que hasta le pagó para que se la llevara.

Raúl guarda cientos de fotos como un tesoro. Son los recuerdos de 20 años de disfraces. Diario pasaba frente a un estudio fotográfico y se hacía una foto. Le pregunto qué hará con ellas cuando él ya no esté.

Vaquero lo piensa un poco y hace una mueca llena de nostalgia antes de contestar: “Todo esto se lo voy a dejar a mis nietos para que vean como estaba de loco su abuelo. Aunque yo no me quiero morir pronto, quiero vivir más de cien años”.