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Así fue como una pequeña isla canadiense salvó miles de vidas durante el 9/11

La llamada 'Operación listón amarillo' convirtió un aeropuerto casi abandonado en un refugio para miles de personas cuando se cerró el espacio aéreo estadounidense tras los ataques terroristas
Cómo una aldea canadiense salvó miles de vidas

Muchas historias terribles, heróicas o tristísimas se han escrito sobre los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, pero quizá la de Gander, en Canadá, sea una de las pocas esperanzadoras.

Mientras dos aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas en Nueva York, otro explotaba contra el Pentágono en Washington, D.C. y otro más, presuntamente dirigido a la Casa Blanca, se estrellaba en Pennsylvania, miles de vuelos en el espacio aéreo estadounidense tuvieron que ser desviados fuera del territorio continental.

Canadá y México tuvieron la tarea de desviar hacia sus aeropuertos decenas de vuelos intercontinentales que ya no podían regresar a sus países y tenían prohibido permanecer en el aire.

En el territorio canadiense, decenas de aeropuertos poco utilizados fueron reabiertos por su capacidad para recibir aviones de amplio fuselaje. Uno de ellos, que no recibía más de 10 vuelos al día, fue Gander, en la provincia noreste de Newfoundland.

El viejo aeropuerto de la Segunda Guerra Mundial, parada obligada para vuelos intercontinentales hasta los 70, de un momento a otro tuvo que recibir 38 aviones de fuselaje amplio: 6759 pasajeros y tripulación se encontraron en un pequeño pueblo de dos mil habitantes.

Por 28 horas, nadie pudo descender de los aviones. Una vez que se les permitió descender, los habitantes se dedicaron en cuerpo y alma a hacer más llevadera su estancia obligatoria en su pequeño pueblo.

Por esas 28 horas, ninguno de los pasajeros ni de la tripulación se enteraron de los ataques en Estados Unidos: ni los padres de un bombero que murió en las escaleras de la torre sur del WTC.

Así se vio el aeropuerto de Gander por varios días tras el 9/11

Los habitantes trataron de hacer lo mejor de la tragedia y la desesperación de los pasajeros: farmacias, hospitales, escuelas, todo espacio público se convirtió en un refugio y abrieron sus casas.

La historia se ha convertido en un musical multipremiado de Broadway, varios libros y programas de radio y televisión.

Quizá como un fugaz recordatorio de que en medio de la tragedia, sí hay personas que pueden traer esperanza.

Con información de NewsCorp Australia