#PuroIris: La crueldad pop de Alex Cameron

¿Qué define una letra interesante? ¿Que pueda leerse como un poema?, ¿que tenga una o dos frases memorables?, ¿que cuente una historia? Es imposible crear un manual de lo que es una buena letra, sobre todo si la música no está a la altura de lo cantado, pero si algún letrista allá estuviera buscando un modelo a seguir, sin duda tendría fijarse en el trabajo de Alex Cameron. 

Después de un primer disco oscuro pero más o menos inofensivo, el australiano publicó Forced Witness, un álbum lleno de baladas ochenteras que brillaban por una peculiaridad: sus letras, tan crueles como pícaras, llenas de dobles sentidos que no renuncian a los coros pegajosos.

Antes de ese lanzamiento, Brandon Flowers ya se había percatado del talento de Cameron y lo reclutó para componer juntó con él algunos temas del último disco de los Killers. Esa mancuerna dio como fruto los dos mejores singles de Woderful Wonderful, “Run for Cover” y “Life to Come”.

A la distancia era natural que la unión de Flowers y Cameron rindiera frutos de calidad; ambos tienen una peculiar obsesión por las letras épicas de Springsteen y por los sintetizadores ochenteros. Sin embargo, ni siquiera esa colaboración podía anticipar el trabajo de Cameron en Forced Witness.

Alex Cameron Forced Witness Reseña PuroIris

Por poner un ejemplo, en la abridora “Candy May” una típica canción romántica, anodina y superficial, con el paso de las estrofas se convierte en una historia de abusos y humillaciones públicas donde no es claro si el narrador está inconforme con su posición.

La apuesta de Alex Cameron es muy semejante a la que hiciera The Police con “Every Breath you Take”: ¿cuántos bautizos, quince años y bodas se han visto coronadas con ese tema que habla ante todo de las amenazas de un acosador impune? El mérito de Sting en su tema insignia es el equilibrado doble filo: es un tema cursi para los enamorados y una denuncia atroz para los perspicaces.

Una pirueta semejante logra Cameron en “Stranger’s Kiss”, un dueto con Angel Olsen que se vende como una balada digna de Pimpinela, pero es más bien una historia de decepción donde se admite que no hay nada mejor para una pareja tóxica que el rompimiento: “En mis sueños te extraño y despierto a la gloriosa realidad;/ todo lo que quería y todo lo que necesitaba está aquí, en el beso de un extraño”. 

Cuando has sido un monstruo, crees que solo los desconocidos pueden tratarte con dulzura; a cierta edad algunos desengañados descubren que es preferible la dicha casual antes que volver a caer en las promesas excesivas del matrimonio, que viven de la esperanza pero son refutadas por la experiencia, como lo afirma el cierre de “Stranger’s Kiss”: Creí que necesitaba cubetas de oro/ pero todo lo que necesitaba era un cubo de hojalata.”

Y ni siquiera esas afirmaciones de cruel contundencia pueden evitar que más de una pareja despistada se dedique esta canción con inocencia desmedida. Esta presunta pareja (cof, cof, novia) no está en un error; “Stranger’s Kiss” es capaz de decir a los dolidos y a los enamorados lo que necesiten escuchar.

Algo semejante sucede en “Runnin’ Outta Luck”, donde Cameron cuenta un noviazgo con una stripper que debe navegar a contracorriente. En esta versión de La dama de las camelias con luces neón, ambos afirman estar conscientes de las vicisitudes que enfrenta el otro.

Sin esta clase de historias, la música anacrónica de Cameron caería en la melcocha injustificada; aquel que no escucha sus letras, juzga de inmediato que Alex Cameron solo podría estar hablando de cómo piensa casarse. Esa podría ser una fórmula para salvar una melodía pegajosa de caer en la cursilería: no renunciar al pop, solo añadirle un poco de crueldad y algo de desencanto.

 

Por @edegortari

Por: Redacción PA.