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¡Por fin restauran El Caballito!

El Caballito de Manuel Tolsá, al fin restaurado.

Luego de meses de atrasos y desvelos, por fin se ha develado la restauración de la escultura ecuestre de Carlos IV, o sea el ” El Caballito”, en la plaza que lleva el nombre de su autor, Manuel Tolsá.

La restauración de “El Caballito” estuvo a cargo del INAH y fue requerida con urgencia luego de que en 2013 trabajadores del gobierno de la CDMX, en un intento de “limpiarla”, dañaran con ácido nítrico la escultura dejándola en un estado lamentable que fue nota internacional.

Luego del chasco del gobierno capitalino, el INAH tardó cuatro años en restaurar la escultura; en parte por retrasos burocráticos (la iluminación requerida, por ejemplo, llegó con años de retrasos), en parte por la gravedad de los daños que presentaba la escultura del autor virreinal. (Vía: El Universal)

Desde ayer por la noche, empezó el movimiento frente al MUNAL. Personal de la CDMX y el INAH empezaron los trabajos para develar la escultura, retirando sellos y protecciones, andamios y mallas. Las obras a cargo del INAH tuvieron un costo de siete millones de pesos que fue financiados en su totalidad por el gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Miguel Ángel Mancera. (Vía: El Universal)

Aunque lleva muchos años frente al Museo Nacional de Arte, el Caballito no siempre estuvo ahí. Mandada a hacer por el virrey de la Grúa, fue develada en 1803. A lo largo de su historia estuvo en varias plazas y calles; de coronar la plaza del Zócalo, pasó al paseo de la Reforma antes de terminar en la actual plaza que lleva el nombre de su autor. Estatua itinerante, también corrió peligro mortal en más de una ocasión.

Las guerras y las intervenciones no fueron un peligro tan grande como el desdén estético: Guadalupe Victoria en su momento quiso fundirla por los sentimientos anti españoles que campeaban en un país recién fundado. En aquella ocasión, Lucas Alamán salvó la escultura y de paso fundó una tradición de funcionarios y artistas que una u otra forma, velaron porque la escultura siguiera viva.

Curiosamente, gracias a los trabajos de restauración se descubrió una capa pictórica empleado por autor de la escultura. La finalidad de esta capa era otorgar mayor volumen a su escultura además de tapar ante el ojo inexperto algunos errores menores del fabricación. Según Diego Prieto, director del INAH, la obra de Manuel Tolsá es una de las esculturas ecuestres más importantes del mundo.