Mucho se ha hablado de los beneficios que tiene “El Buen Fin” para la economía nacional, pues reactiva el mercado interno a través del fortalecimiento del consumo. Sin embargo poco se ha hablado de los riesgos que hay detrás de las dinámicas masivas de consumo, sobre todo en cuanto al consumo irresponsable.

“Un riesgo del Buen Fin es que la gente gaste dinero que simplemente no tiene”.

El séptimo “Buen Fin” se llevará a cabo del 17 al 20 de noviembre en todo el país, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) proyecta ventas por 100 mil millones de pesos, lo que representaría un incremento de 12% respecto al año pasado. (Vía: INEGI)

Año con año las ventas en  “El Buen Fin” han aumentado sostenidamente: de 2015 a 2016  las utilidades pasaron de 80 mil millones a 84 mil millones en 2016, es decir se incrementaron en un 4%. Este fenómeno se dio a pesar de la volatilidad que se vivía a raíz de las elecciones en Estados Unidos y de la reciente victoria de Donald Trump, que trajo consigo que la paridad en el tipo de cambio  se fuera a más de 22 pesos por dólar. (Vía: El Financiero)

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Aunque el saldo macroeconómico del “Buen Fin” es positivo, hay riesgos latentes en dinámicas económicas como esta; la más importante tendría que ver con el endeudamiento, dicho de manera simple, con que las persones gasten más de lo que tienen o en el peor de los casos, lo que no tienen.

Este endeudamiento podría darse de varias formas, pero la más forma más riesgosa de endeudarse es utilizar un crédito que no es a plazo fijo, pues si no tiene la capacidad de pago la deuda crecerá a causa de las tasas de interés.

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Las compras a plazo fijo son consideradas las menos riesgosas, ya que los pagos son diferidas a mensualidades y no son afectadas por las tasas de interés, sin embargo, un incumplimiento del pago puede traer problemas como la aplicación de intereses; también un gasto desmedido podría afectar el poder adquisitivo de las familias.

“La peor forma de endeudarse en con crédito que no es a plazos fijos”.

Por otro lado, el hecho de que los comercios más beneficiados sean las grandes cadenas comerciales, sugiere que estas prácticas no benefician a la competencia ni al mercado interno por cuestiones muy simples: los pequeños y medianos empresarios tienen menor capacidad de ofrecer incentivos de consumo (ya saben, GRANDES descuentos), pues no tienen la posibilidad de vender a grandes volúmenes y así compensar sus márgenes de ganancia.

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De hecho, la teoría propuesta por el Premio Nobel de Economía de este año, Richard Thaler, nos ayuda a observar los riesgos que se encuentran latentes en dinámicas económicas como “El Buen Fin”; este economista propone que las dinámicas económicas no son puramente racionales, sino que en ellas intervienen elementos de orden psicológico y emocional: no compras con el cerebro, sino también con el corazón y las tripas.

La economía conductual dicta que las personas no operan económicamente solo con base en criterios de racionalidad instrumental, es decir a partir del cálculo racional medios-fines, sino que lo hacen tomando elementos relacionados a emociones, sentimientos, aspiraciones, expectativas, valores, creencias religiosas o morales, estímulos externos de su grupo social, entre otras cosas.

“Un riesgo del Buen Fin es que, como demostró el Nobel de Economía del 2017, es que no se compra sólo con el cerebro sino con las tripas”.

Si llevamos estos argumentos al “Buen Fin”, podríamos decir que los consumidores operan de distintas formas que muchas veces poco tienen que ver con el cálculo económico costo/beneficio, lo cual de hecho implica un riesgo. Pensemos en varios ejemplos: muchos sujetos consumen estimulados por su grupo social: imitan a sus amigos y familiares, siguen sus instintos de pertenencia.

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“Hasta comprar un bubulubu en el oxxo es una acción inserta en un sistema que nos trasciende”. 

Es muy poco probable que el grueso de los agentes económicos operen a partir de un modelo racional de planificación financiera; es decir: es poco probable que la gente simplemente piense o planifique o racionalice sus compras; y ya se sabe que no hay peor gasto que el gasto no programado y peor aún si es con dinero que no tienes (verdad, Estela de Luz). 

No queremos decir que los sujetos sean títeres del sistema que los manipula para insertarlos en el desenfreno del consumismo del gran capital. No. Lo único que sostenemos es que más allá de la información macroeconómica, tenemos una alta complejidad detrás de las motivaciones del consumo. Hasta comprar un bubulubu en el oxxo es una acción inserta en un sistema que nos trasciende.