Era el final de un partido de futbol más en Fresnillo, Zacatecas. El equipo ganador festejaba mientras el otro, con un uniforme semejante al del Atlas, simplemente aceptaba la derrota. Mucha gente estaba grabando con sus celulares. Empezó una pelea muy cerca de donde se estaba festejando y terminó con tres personas ejecutando a alguien más.

Según la Vocería de Seguridad del gobierno de Zacatecas, los hechos ocurrieron a las 13:40 del domingo 12 de noviembre. La víctima no murió en la cancha: fue transportado en un vehículo particular a un hospital (particular, también) de la zona, en la que los médicos no pudieron hacer mucho, murió a los pocos momentos de haber comenzado a recibir atención. (Vía: Newsweek)

El futbol “llanero” es una tradición en todo el país: ligas, campeonatos y toda una larga y amplia red de jugadores, entrenadores y árbitros que en su vida cotidiana hacen de todo, pero que unas cuantas veces por semana se ponen uniformes y juegan, dejando “todo” en la cancha.

Estos partidos son eventos en los que se reúnen comunidades: familias enteras y colonias completas olvidan por un rato los pleitos que traen (o, más bien, los ven representados dentro de la cancha) y se convierten en espacios en los que, quizá por un ratito, la “nomalidad” regresa a zonas devastadas por la violencia, como Zacatecas.

Sin embargo, eso no podrá ocurrir más en esa cancha de Fresnillo: la victoria de un equipo sobre otro o un ataque premeditado o, simplemente, el asesinato porque se puede, alteraron para siempre esa “normalidad”.

Una vez que los tres sujetos de negro le disparan al sujeto, identificado por la Vocería como Gerardo “N”, la gente se aleja del lugar de los hechos, pero no ocurre una desbandada como se esperaría, ni quien estaba grabando deja de hacerlo para ponerse a resguardo, ni siquiera unos niños que pasaron cerca se inmutaron del todo.

El homicidio ocurrió a plena luz del día, frente a cientos de testigos. No es como si esos cientos se le pusieran frente a los tres sujetos que acababan de asesinar a alguien, sino que, quizá, se esperaría que crímenes violentos como ese ocurran lejos, a la vista de nadie… pero la vida (y la violencia en México) no son una película.