Por principios, los gifs son una serie continua de fotogramas, son clips animados, son archivos de video fáciles de compartir gracias a su simpleza y su ligereza en megabites; pero también son citas de películas y series, también son espacios autónomos de creación.

Como todo arte joven, el gif aún es ajeno a los cánones pero, por el contrario, se ha entregado con un afán único a la activa experimentación, sin perder el lujo de ser un producto de consumo masivo e inmediato. Cualquiera puede enviar uno desde su celular; cualquier con unas horas de aprendizaje puede aprender a crear y editar uno.

“La Batalla de Gifs no es distinta a una carrera drag a un duelo entre raperos”.

Sin embargo lo que ocurra en el marco de un gif depende de la argucia personal del artista, de la forma en que incorpora aspectos de otras artes visuales. ¿Cómo podría no prestarse el gif para ser objeto de concursos y competencias?

El CutOut Fest, el festival de animación más grande del país, ha logrado conformar una pequeña tradición: la Batalla de Gifs ya es un joven clásico al interior del festival que agrupa a los mejores exponentes mundiales de la animación digital.

La mecácina de la Batalla de Gifs no es distinta a un duelo de raperos o a una carrera de drags: dos competidores exponen su trabajo y el público reflicha, aplaude u ovaciona según los méritos de estos artistas aún difíciles de clasificar.

Hay un jurado conformado por especialistas que decide qué retador permanece en la competencia, pero las banderas (y las cervezas) que ondea el público son la pimienta decisiva en una competición donde dos participantes se enfrentan por medio de múltiples pantallas.

Aunque el gif ha tenido un auge importante en nuestro país, con artistas como Canek Zapata, concursos como la batalla de gifs aún podrían parecer para algunos una anomalía de las artes. Sin embargo, el público, en su tremenda mayoría de una juventud superlativa, aprecia, comenta y discute como si llevara toda una vida dedicada al aprecio objetivo de este arte; y si se toma en cuenta que efectivamente muchos participantes e integrantes del público no superan los 25 años, bien podría decirse que en efecto llevan una buena parte de su vida exameinando a consciencia esta disciplina artística.

“Un público que por momentos se comporta como barra brava y en otros como críticos temibles“.

Arte cíclico donde las imágenes orbitan en loop perpetuo, la mayoría de los gifs destacables de la competencia presentan el equivalente a una microhistoria; otros, brillan por compaginar técnicas dispares. Güicho (en esta competencia de un arte breve no hay espacio para los apellidos), por ejemplo, uno de los ganadores y favorito del público, mezclaba imágenes de archivo extraídas de los cincuenta con animaciones grotescas que intervenían el video original.

Aranzazu, otra de las grandes ganadoras, fulminó la reta en curso con un gif donde intervenía su propio rostro, el cual mutaba en la animación de un perro morado. sólo el otro ganador, Diego, se limitaba a la animación sin añadiduras con una sutileza propia de profesionales.

Por mucho, lo más llamativo era que estas impresiones y apreciaciones sobre obras que no duran más de cinco segundos fueran capturadas con precisión por un público que por momentos se comportaba como la barra brava de un estadio y en otros se conducía como los críticos temibles que visitan una galería de arte.

Al final del día, una disciplina joven se levanta por sus propios méritos. Los chicos asistentes a la Batalla de Gifs no reparan en si este arte joven merece apoyos estatales o debería estar a lado de artes que seguro considerarían más estáticas y aburridas: ellos critican, cercenan con comentarios o demuestran su aprobación con reflichas y aplausos sinceros.