En su gira por Asia, Donald Trump pasó un par de días en China, donde fue recibido por el recién reelecto presidente Xi JinPing. En una declaración conjunta, Xi encontró la forma de responder de la forma más diplomática posible: “hay que ser socios, no rivales” (la versión “amable” de “bájale dos rayitas a tu desmadre”).

México no ha sido el único objetivo favorito de los desplantes xenófobos de Donald Trump: junto con su islamofobia, también ha atacado a China por lo que él califica como “manipulación” y “aprovecharse de los Estados Unidos” (o sea, “libre mercado”, lo mismo que por más de 50 años su país ha impuesto en el resto del mundo).

Frente la crisis diplomática y militar que significa Corea del Norte, las amenazas de cancelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y… bueno, la administración completa de Donald Trump, China ha tenido la mejor oportunidad en años de convertirse en el “remplazo” en la hegemonía mundial que siempre había esperado. 

Aunque los tiempos se esperan difíciles para los siguientes años, el gobierno de Xi ha logrado girar la atención del mundo: de ser el ejemplo perfecto de “todo lo malo” con el socialismo y las repúblicas comunistas a un ejemplo de civilidad, diplomacia y comercio. Todo, gracias a los dos involucrados en lo que parece ser la siguiente guerra mundial: Corea del Norte y Estados Unidos. (Vía: La Jornada)

“China y los Estados Unidos deben de ser aliados, no rivales, y justos podrían ser benéficos enter ellos y para con el mundo” (Vía: China Dialy)

Estados Unidos es el país que más deuda tiene con China, y China es el país al que más le debe Estados Unidos, su comercio es necesario no sólo para pagar una deuda impagable, sino para la producción y manutención de trabajos en todo el mundo (no sólo Estados Unidos y China).

Aunque también China hizo mucho para “agradarle” a Donald Trump durante su visita, tal como hizo Japón, la situación diplomática entre los dos países está lejos de ser amable. Cada tuit del cheto presidencial atacando las políticas comerciales del gigante asiático alejan más y más a China de los intereses estadounidenses.

Con la posibilidad siempre abierta de una guerra con Corea del Norte (luego de que en Corea del Sur Trump aceptara que “se acabó” el acercamiento de la “paciencia estratégica” que implementaron Obama y Bush), quizá este no sea el mejor momento para andarle jugando al V, Trump…

Ahora, háganselo entender al señor.