¿Cuánto estás dispuesta a pagar para sentirte segura? Laudrive es un servicio de taxis donde sólo mujeres conducen y sólo mujeres se suben. Su tarifa es de un 15% a un 20% mayor a las tarifas de la competencia, Uber y Cabify; también el porcentaje que retiene la empresa a las trabajadoras es del 20%. 

La aplicación salió al mercado en la Ciudad de México durante el mes de marzo y fue aplaudida por muchos. Tras el feminicidio de Mara Castilla a manos de un conductor de Cabify, las descargas de la app se incrementaron un 600%; es decir: 75,000 mujeres ahora tienen esta app. (Vía: El País)

 

El terreno donde prospera Laudrive está sembrado de desgracias: acoso sexual, violación, feminicidios y un miedo continuo. El negocio es redondo: mujeres temerosas se unen a mujeres desempleadas. 

¿El proyecto Laudrive es sólo una respuesta a la violencia de género o es también una forma de lucrar con ella? Porque puede ser ambas cosas simultáneamente pero hay que distinguirlas.

Ayer 10 de octubre en Twitter, una conversación señaló tres aspectos significativos de esta aplicación:

  • ¿Quiénes están detrás de la app?
  • ¿Padecen precariedad laboral las conductoras?
  • ¿Qué pasó con la vieja iniciativa de los taxis rosas?

Hombres ‘empoderan’ mujeres o el típico #HeForShe

El director y creador de la app es Luis Fernando Montes de Oca, un joven emprendedor que ha visto en el contexto machista de nuestro país una oportunidad para vender confianza. 

“Nuestros precios son un poco más caros que los de la competencia: lo que vendemos es confianza“, asegura el creador de la app Laudrive, y uno de los dos socios. (Vía: El País)

Desde una perspectiva mercantil, no hay mejor cliente que una persona con miedo en una ciudad que juzga insegura. Pero eso no significa que el mercado tenga una solución a la violencia de género; el mercado sólo busca obtener ganancias con productos legítimos o ilegítimos: no hay moral en el mercado.

Según la ONU, el 57% de las agresiones contra la mujer suceden en la calle, el 22% en un entorno familiar y el 12 en el transporte público. 

 

Dado la inoperancia de las autoridades y la apatía de la sociedad, ahora resulta que si queremos sentir una seguridad momentánea (porque viajar en un taxi no quiere decir que estemos libradas de la violencia de género) somos nosotras quienes debemos pagar más.

Es encomiable que exista un servicio de mujeres para mujeres, pero su aparente solidaridad no necesariamente justifica una alza de precios, que finalmente sólo beneficia al sector de las mujeres que puede pagarlo.

Tal vez sea legitimo vender seguridad en una cultura del miedo, pero no es válido vender ‘confianza’ desde una cultura patriarcal.  

 

¿Empoderamiento o precariedad laboral?

En la discusión en redes sociales, se señaló que el porcentaje que retiene la empresa a las trabajadoras es muy alto con respecto a estas empresas de transporte privado.

Es el resultado de un modelo económico llamado share economy, “un sistema de acceso a bienes, servicios, información y talento de manera no duradera y sin que exista noción de propiedad.” Modelo en el que no existen prestaciones laborales y en el que te hacen creer que ganarás lo que “tu quieras”, siempre y cuando no dejes de trabajar nunca. (Vía: Forbes)

Este modelo de negocios promueve la precariedad del trabajo; es un problema de todas las empresas que prestan este servicio, no sólo de Laudrive.

 

En Teherán las mujeres conducen exclusivamente para mujeres y niños

Taxis Rosas 

Una iniciativa que parece semejante pero que fue completamente distinta fueron los taxis rosas. Susana Sánchez creó en 1999 una asociación transportistas mujeres. La PROEM plateaba créditos para mujeres taxistas, guarderías y un taller mecánico atendido por mujeres, entre otras prestaciones. (Vía: Vice)

Vía: Vice
Susana Sánchez

Es hasta el 2004 que tras protestas de Susana y de un grupo de 300 taxistas organizadas obtuvieron el permiso de la Setravi, “Era la primera vez que mujeres del transporte público se organizaban”.

Susana comenzó esta iniciativa después de que decidió dejar al hombre que la golpeaba y que era el padre de sus hijos, pero desafortunadamente abandonó el proyecto tras ser secuestrada.

La diferencia entre el Laudrive y los taxis rosas no es solamente la forma en que se organizan económicamente; la verdadera diferencia es que, mientras una hace negocio a partir del miedo, la otra hace negocio a partir de la lucha.