Esta mañana ha salido libre Chelsea Manning, quien hace años fuera la militar detrás de la filtración tan escandalosa como sensible que reveló Wikileaks. Por siete años Manning estuvo presa en una presión militar por el delito de traición. Sin embargo, “traición” es una palabra que se queda corta a la hora de calificar la peculiar proeza que llevó a cabo. (Vía: New York Times)

Sin ella, no sólo Estados Unidos sino el mundo entero no se hubiera enterado de información valiosa y vital para el orbe. Los cables que entregó Manning a Wikileaks incluían informaciones dispares; desde cotilleos diplomáticos hasta abusos de militares en contra de iraquíes y afganos.

La filtración de Manning la llevo a ser condenada a 35 años de prisión. Sin embargo, en uno de sus últimos actos como prescindente Barack Obama conmutó su sentencia. Obama, así, redimió parcialmente sus faltas; un presidente liberal que abrió una caja de Pandora informática y totalitaria: fue bajo su mandato que la NSA empezó a espiar a propios y extraños. 

Es difícil pronosticar si Obama se arrepiente de la operación PRISM o de los trapos sucios que Wikileaks le sacó al aire. Lo cierto es que fue luego de enterarse que Manning había intentado suicidarse dos veces en prisión que Obama decidió dejarla ir en libertad. 

Los reveses de Manning no fueron menos trágicos; difícilmente hubiera pasado a la celebridad carcelaria con el puesto de analista de bajo perfil que obtuvo en Irak. Paradójicamente las revelaciones de Estado que la hicieron célebre fueron el pivote para realizar revelaciones personales: antes de que ella pudiera hacerlo público, el ejército norteamericano vía un psiquiatra sin escrúpulos reveló un secreto médico de Manning: desde la cárcel ella consideraba realizar su transición de género de hombre a mujer. 

La indiscreción del ejército sólo logró que la comunidad LGBT se volcara a apoyar a Manning en contra de un ejército que consideraba “humillante” algo que no lo es. Vergonzoso era revelar algo que no le concernía a nadie más; no así el hecho revelado. (Vía: New York Times)

Desde la cárcel Manning acudió a su transición de género; transito que no pocos describen como adecuar una jaula propia. Dentro de dos cárceles, el rostro imaginado de Chelsea (que no de Bradly) circuló por siete años en internet sin que a nadie le constará si se correspondía con un rostro real. 

Hay una sincronía singular en que Manning haya entrado a cárcel siendo Bradly y haya salido, en el día mundial contra la transfobia, siendo Chelsea: dos veces libre.