El 17 de mayo de 1973 fue un día histórico para las luchas LGBT: ese día la OMS admitió, por primera vez y de forma irrevocable, que la homosexualidad no es una enfermedad. Pero ninguna autoridad es suficiente para el odio; ninguna declaración de especialistas ha impedido que muchos sostengan convicciones nocivas para la sociedad, como lo es la intolerancia. “La homosexualidad no es una enfermedad; homofobia sí”; esta frase que por años fue meramente un slogan a favor de la sensatez resulta que, según un estudio, es completamente cierto: la homofobia sí es una enfermedad. (Vía: Milenio)

 

El estudio dirigido por el investigador Emmanuele Jannini, publicado en 2015 en The Journal of Sexual Medicine, encontró que la homofobia tiene una relación directa con conductas psicóticas. En el abstract del ensayo que puede consultarse aquí explica como antecedente que a pesar de que “el comportamiento homofóbico y la actitud negativa hacia los homosexuales es constante entre la población, pocos han investigado los aspectos psicológicos asociados a la homofobia.” De ahí que los autores del estudio entrevistaron a 551 estudiantes, entre 18 y 30 años, para una profunda evaluación psicométrica.

 

Los resultados que arrojaron sus estudios concluyeron que el comportamiento psicótico y los inmaduros comportamientos defensivos están directamente relacionados con las conductas homofóbicas, mientras que, por el contrario, aquellos voluntarios que se mostraban más seguros de sí mismos mostraban mucho más bajos niveles de homofobia.

Antes había pruebas más que contundentes de que la homosexualidad no era una enfermedad, pero nadie había mostrado con claridad la nociva relación entre la intolerancia y un desorden psicológico. Queridos lectores de Plumas Atómicas, ¿ustedes creen identificar como parte de un desorden mental la homofobia ayude a erradicarla eventualmente de nuestra cotidianidad?

En esta redacción, aunque al principio estábamos reticentes, después de ver el video de arriba nos inclinamos a darle la razón al estudio de científicos italianos. Ahora bien: a diferencia de la homosexualidad, que las “terapias de conversión” nunca pudieron “aliviar”, la homofobia sí tiene cura.