Así volvería a ser el periodismo si siguen matando periodistas.

El prospecto que hemos dado á luz ha expresado ya nuestro designio. Queremos ser todavía más explícitos en el primer número de este diario. Nunca nos pondrémos á cubierto de malignas interpretaciones; pero debemos precavernos de dar siquiera pretexto para ellas.

Los partidos políticos que discuten y que  los combaten con las armas, buscarán en nuestros escritos las ideas de antagonistas ó de partidos. Ni uno ni otro hallarán. No venimos al campo de la prensa para combatir por formas de gobierno, ni por sistemas administrativos, ni por puestos públicos, ni por pasiones ruines de alguna facción; ni venimos tampoco á combatir contra opiniones ó intereses privados ó de bandería. Objeto mas alto es el de nuestros trabajos.

Cuando nos amenaza la disolución social, porque están reciamente atacados los intereses morales y materiales de la nación, fuera mezquindad y culpa nuestra ocuparnos de ambiciones personales, de preocupaciones de sistemas, ó de recriminaciones de partido. Congregados todos lo errores religiosos para impugnar la fé cristiana y romper la unidad católica, base de la unidad social y fundamento firme de la independencia mexicana, es nuestro deber combatir  esos errores, esas viejas herejías vestidas á la última moda, que vienen ahora, como siempre fascinando á los ignorantes con sus añagazas siempre deshechas y siempre renovadas.

Cuando la propiedad ha perdido hasta lo sumo la inmunidad que por todo derecho le toca; cuando es reciamente combatida en los principios fundamentales de su derecho, en las disposiciones que pugnan con esos principios, y en los hechos que diariamente se repiten bajo diversas formas, ¿cómo podrá el patriotismo estar indiferente, sin alzar la voz con dignidad y con certeza, para reprobar esos hechos; sin pedir la modificación de esas disposiciones; sin aclamar esos principios objetos no universales que fundan y aseguran en todas partes la propiedad? ¿Qué gobierno es posible bajo ninguna forma; qué sociedad será estable, de cualquiera clase que sea, si la propiedad no es inviolable, tanto para las leyes, como para los poderes y para los particulares? ¿Ni qué propiedad puede ser inviolable, si su incolumidad está pendiente de que quieran ó no respetarla quienes tengan en su mano las armas ó el poder?

Si la autoridad es un elemento constitutivo de toda sociedad; si ella es una mera abstracción donde el mando y la obediencia no se corresponden en justicia, y donde la rebelion se reputa como derecho y acción de patriotismo heróico; si la justicia no dirige la acción de la autoridad, ni reprime los impulsos de la insubordinación, ¿qué órden social ó político seria posible, si la autoridad no es eficaz, si la obediencia es al gusto de los súbditos? La anarquía es la peor de las situaciones; y la anarquía es inevitable cuando la autoridad no es acatada, cuando solo se obedece lo que se quiere, y solo se quiere lo que interesa, y solo interesa lo que contenta bastardas pasiones. Es imperiosa necesidad que la autoridad de un Estado, sean cuales fueren sus títulos de legitimidad, sea respetada, sea de veras un poder, sea la fuerza tutelar de todos los intereses legítimos de una nacion.

En la franca difusión de errores, que á fuer de libertad se ha perdido en México, los sofistas religiosos y políticos han infiltrado sus contraprincipios hasta el recinto del hogar doméstico. Equiparados los enlaces ilegítimos con la santa unión del matrimonio, han alterado la constitucion de la familia, y han metido la revolución hasta su seno. En vano seria procurar la moralización de un Estado, dejando desmoralizadas las familias.

Ellas son la base de la sociedad civil. Y si algun dia México ha de alcanzar paz, órden, libertad y el incremento de sus intereses materiales, será por la moralidad y el trabajo, aprendidos y practicados en la sociedad doméstica. La libertad tan natural en el hombre, por ser de origen divino; tan esencialmente necesaria para el buen régimen de toda sociedad, se ha vuelto una irrision desde que las tiranías y los despotismos se perpetran á su nombre por todas partes. Desde que se ha equiparado con el liberalismo, los pueblos confunden las ideas, y achacan á la libertad los desmanes inherentes al liberalismo: desaman á ella, como si le fueran consiguientes los excesos y desastres que acompañan al liberalismo, que es la falsificación de la libertad. Y si nosostros combatimos esa falsificación, ni podremos ni deberémos impugnar jamás la verdadera libertad, consecuencia inmediata de la justicia, elemento constitutivo de la sociedad, don divino, por el cual nos placerá mucho abogar, siempre que fuere necesario.

En vano aspiraremos al órden y á la paz, mientras los elementos de perturbación y desórden, estén francos y favorecidos. En tanto que las voluntades de gobernantes y gobernados, sean sus reglas de conducta: ínterin el principio de legislacion sea la simple voluntad del que manda, sin sujecion á la ley moral y divina; mientrs que pase como derecho del hombre y del ciudadano que cada uno haga lo que le plazca, si a´si cuadra con su opinion, y así lo dicta su conciencia, todos los errores y todas las pasiones tendrán justo título para su ejercicio y desarrollo. Y siempre que los errores y las pasiones queden legalizados, las acciones humanas serán su expresion y su afecto; y no estando ellas en armonía, el desórden, la discordia, las conspiraciones y la guerra, serán el estado permanente del pueblo.

Nuestro lectores  perciben luego que estas ideas no son una hipótesis; tampoco una teoría ó la descripción del pésimo estado de un pueblo. Saben, ven, sienten, resienten que esta es por suma desgracia nuestra, la situacion real y tangible de la nacion mexicana. ¿Quien desconoce las enconosas y tenaces embestidas de todas las herejías contemporáneas, contra la autoridad, derechos y doctrina de la Iglesia Católica? ¿Quien desconoce los detrimentos de la sociedad, ya en los sofismas con que se han cohonestado grandes despojos, ya en las leyes que se han razonado con esos sofismas, ya en los procederes del poder, al imponer y recaudar los impuestos públicos, ya en las expoliáciones de los beligerantes, ya en el modo de disponer de derechos ajenos ó de dispensarse de obligaciones propias? ¿Quien desconoce la perceptible decadencia de la moral, en las costumbres públicas, en ciertos establecimientos  de educación, y en el gobierno de las familias?

Esto no es mas que la indicacion de la gran suma de males que aquejan á la patria. Y cuando estos males comprometen su existencia, ¿cómo estariamos indiferentes? Y cuando esos males son de tanta magnitud, ¿cómo nos ocupariamos de cuestiones de poca monta? Tratándose del órden social, es ménos el órden político, es muy secundario el órden administrativo, es nada el miserable choque de facciones. No venimos pues ni en pro ni en contra de ningun partido, sino en favor de los grandes intereses legítimos de la nacion, en favor de los buenos principios sociales, en favor de todos los derechos de las clases y personas que constituyen la sociedad mexicana, en favor de la nacionalidad que peligra en esa conflagracion de pernicioso errores. Y venimos muy principalmente á combatir por la autoridad y la doctrina católicas, con las cuales y solo con ellas, se restaura la moral pública y privada, se reconoce y afirma la verdad social y política, se ama y se realiza la justicia, se hace la propiedad inviolable hasta para el pensamiento, se purifica y florece la verdadera libertad, se establece y consolida el órden, se hacen posibles y permanentes la union y la paz.

Nota publicada en La voz de México, el 17 de abril de 1870