¿Recuerdas el nombre del chico de la secundaria que era bulleado constantemente? ¿Te reías o te daba miedo ser el siguiente? ¿Lo llegaste a defender o eras el chico bully? Todos podemos contar una experiencia sobre el bullying, ya sea desde la víctima o el victimario, pero también desde la figura del testigo. Esta figura es la pieza central del programa KiVa (acrónimo de Kiusaamista Vastaan, que en finés significa “en contra del bullying”), un método contra el bullying que comenzó a implementarse en las escuelas de Finlandia en el 2009, desarrollado en la Universidad de Turko.

En una entrevista para BBC Mundo, Francisca Isasmendi, psicopedagoga argentina, dice que la clave de KiVa es que, a diferencia de las metodologías tradicionales, además de trabajar con las víctimas y los acosadores, “incorpora a los testigos”. (Vía: BBC)

Según un estudio realizado por la misma universidad, en el que participaron 234 centros de todo Finlandia y 30.000 estudiantes de entre 7 y 15 años, KiVa había logrado reducir todos los tipos de acoso en los colegios. Los casos de acoso escolar desaparecieron en el 79% de las escuelas y se redujeron en 18%.

Christina Salmivalli, profesora de Psicología en Turku y una de las creadoras de KiVa detalla algunos aspectos importantes del programa. Describe cómo el rol de observador tienen una participación fundamental para normalizar y aceptar el bullying, ya que “a través de su silencio transmiten el mensaje de que lo que pasa es divertido o está bien, aunque tengan una opinión diferente.” Es así que de alguna forma, participan del bullying, aceptándolo y, por lo tanto, el testigo también es responsable de los actos, pero lo interesante es que podría ser responsable de frenarlos.

Es así que menciona que no hay que cambiar la actitud de la víctima para “que sea más extrovertida o menos tímida, sino influir en los testigos. Si se consigue que los testigos no participen en el acoso, se puede cambiar la actitud del acosador.”  (Vía: ABC)

KiVa es implementada en tres momentos:  a los 7, 10 y 13 años. Los estudiantes reciben clases para reconocer qué es el acoso y  durante el curso se revisan palabras como ‘empatía’ y ‘respeto’. Por otro lado, otro gesto de los investigadores, al darse cuenta de que a muchas víctimas se les dificultaba contar su experiencia, implementaron un buzón virtual que protegía tanto la identidad del acosado como la del testigo. Además en cada colegio debe haber un equipo KiVa conformado por tres adultos que en cuando sepan de un caso de bullying, estén comprometidos a dar acompañamiento y resolución.

El programa KiVa también se ha implementado en países como Reino Unido, España, Italia, los Estados Unidos, Argentina, Chile y Colombia. En México, la escuela privada Orbis International School en Mexicali, Baja California, fue la pionera en implementar este método en el 2016.

En días recientes, circuló por distintos medios nacionales e internacionales, un video de una escuela en Ohio en el que se muestra cómo un chico golpea a otro que posteriormente se desmaya, muchos compañeros pasan junto al niño desmayado y nadie lo auxilia, casi 5 minutos después, llega un adulto y lo ayuda a ponerse de pie. La autoridades del colegio avisaron a su madre sobre el incidente en el que mencionaron el desmayo, más no la agresión; dos días después de ese suceso, Gabriel Taye, de 8 años, el niño que fue golpeado, se suicidó.

El lugar del testigo es un lugar intermedio entre el silencio de quien padece la agresión y la posibilidad de hacerla visible, es un lugar difícil, que depende de la capacidad de colocarse en el dolor y la afectación del otro.