A pesar de la prohibición para pescar en el Alto Golfo de California, decretada hace 20 meses, la pesca ilegal de totoabagates pone en peligro la vida de vaquitas marinas en la región, situación que ya afectó la economía de sus habitantes.

“Estamos en medio de un polvorín. ¿En qué momento va a explotar?”, asegura Ramón Franco, de la Federación Andrés Rubio Castro de San Felipe. (Vía: El Universal)

A raíz de la veda temporal de hace 2 años, decretada por el Presidente Enrique Peña Nieto, los habitantes y sus negocios peligran debido a que dependen de la pesca, incluso algunos de ellos empezaron a ser atraídos por el narcotráfico o el crimen organizado, porque “la veda aumentó la ilegalidad”.

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Esta veda fue pensada por el gobierno federal como parte del Programa de Compensación para la Conservación de la vaquita marina -especie afectada por las redes agalleras con las que se captura la totoaba, un pez cuya vejiga cuesta más que un kilogramo de cocaína-, para lo que destinó mil 80 millones de pesos, pero desde entonces la tasa del cetáceo mexicano ha disminuido en un 54% -en enero de 2015 había 97 vaquitas marinas, para diciembre solo hallaron 57-, mientas que la economía de los pescadores de Santa Catalina peligra, por lo que ellos mismo prevén un estallido social. (Vía: El Universal)

Y es que “la veda está en papel, no en la práctica; todo mundo lo sabe: la pesca ilegal sigue”, asegura Lorenzo Rojas Bracho, titular del Comité Internacional de Protección a la Vaquita Marina. (Vía: El Universal)

Por su parte, Catalina López-Sagastegui, de la Universidad de California, considera que la solución  se encuentra en “la ciencia multidisciplinaria: lo social, lo económico, lo biológico y lo pesquero deben estar estar de la mano alimentando el proceso de la política pública; tiene que estar coordinada para un bienestar social”.

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La vaquita marina fue el único mamífero que no emigró al norte cuando terminó la última glaciación, quedó “atrapada” en el Mar de Cortés. A mitad del siglo pasado se contaban alrededor de 900.

Martín Lucio Monroy, de 62 años, líder del Comité de Pescadores Tradicionales, señala que las iniciativas se dejaron “en manos de funcionarios irresponsables. La gente, nosotros estamos tranquilos como las plantas del desierto: nos tienen con el sistema de goteo (…) pero, ¿qué va a suceder cuando esa gotita el año que viene no esté? Si esto continúa así, va a estallar un conflicto social aquí y el gobierno ya lo sabe”. (Vía: El Universal)