“La época moderna, a partir del clasicismo, establece una opción diferente: el amor de la razón y el de la sinrazón. La homosexualidad pertenece al segundo. Y así, poco a poco, ocupa un lugar entre las estratificaciones de la locura. Se instala en la sinrazón de la época moderna, colocando en el núcleo de toda sexualidad la exigencia de una elección, donde nuestra época repite incesantemente su decisión. A las luces de su ingenuidad, el psicoanálisis ha visto bien que toda locura tiene sus raíces en alguna sexualidad perturbada; pero eso sólo tiene sentido en la medida en que nuestra cultura, por una elección que caracteriza su clasicismo, ha colocado la sexualidad sobre la línea divisoria de la sinrazón. En todos los tiempos, y probablemente en todas las culturas, la sexualidad ha sido integrada a un sistema de coacción; pero sólo en la nuestra, y desde fecha relativamente reciente, ha sido repartida de manera así de rigurosa entre la Razón y la Sinrazón, y, bien pronto, por vía de consecuencia y de degradación, entre la salud y la enfermedad, entre lo normal y lo anormal.”

M. Foucault, Historia de la locura en la época clásica.

 

Para Foucault las estructuras sociales son producto de construcciones discursivas producto de procesos socio-históricos largos, esto quiere decir que las formas en que observamos el mundo social y natural, así como las formas en que se constituye ese mundo, son resultado de formaciones discursivas. Dichos discursos no son otra cosa que visiones y explicaciones del mundo, por tanto tienen continuidades, discontinuidades, reformulaciones y rupturas a lo largo del tiempo, además, ellos  se materializan en lo social a través de instituciones que ejercen cierto tipo de coacciones sobre los sujetos, es decir, orientan su conducta de cierta manera, ya que entre otras cosas establecen distinciones entre lo normal y lo patológico. 

En ese sentido podríamos entender a la ciencia como un discurso que ha convergido y de hecho converge con otros tipos de discursos, pero, que en la modernidad se ha transformado en el discurso dominante, como aquel que determina lo que es verdadero y falso en el mundo. Pero para Foucault la ciencia no es independiente de la sociedad moderna, ni de sus formas de dominación y tampoco de sus formas de organización, de ahí que cumpla con ciertas funciones dentro de lo social; la ciencia  clasifica, ordena, discrimina y distribuye conocimiento, en otras palabras genera imágenes del mundo que se pueden transformar en tecnologías que pueden resultar funcionales para otras estructuras sociales.

El conocimiento científico, en ese sentido, puede ser visualizado como un dispositivo de poder, el cual no solo se reduce al propio campo del conocimiento en el sentido de la atribución que tiene para falsear y desechar otros tipos de conocimiento, sino que también en el sentido de que tiene la capacidad de generar tecnologías capaces de generar o refinar distintos tipos de sistemas de dominación. Para Foucault estos sistemas de dominación o sistemas disciplinarios si bien no surgen con el conocimiento científico, si se perfeccionan y reorganizan a partir de este a través del desarrollo tecnológico y de clasificación que resultan en espacios particulares destinados a controlar y reorientar la conducta del cuerpo y el espíritu, tales como el manicomio, el hospital, el ejército y la prisión.

Pero el discurso científico no representó totalmente una ruptura o discontinuidad con el conocimiento precientífico o pseudocientífico de otras épocas, en realidad conservó y conserva ciertos principios cognoscitivos y operativos de tales discursos que en otro tiempo fueron dominantes. De tal forma, resultaría imposible desvincular a la ciencia de los procesos sociales a los que pertenece y de los cuales surgió, por tanto no existiría tal cosa como conocimiento neutral o libre de intereses, todo lo contrario, el conocimiento científico tiene una utilidad social y se construye a partir de intereses, necesidades y expectativas provenientes del propio sistema social, por lo que siempre lleva consigo cargas valorativas, creencias y prejuicios sociales que al final son estructuras sedimentadas heredadas del pasado, para decirlo de otra forma, la ciencia no solo opera desde concepciones heredadas del pasado relacionadas a la propia tradición científica, sino que también lo hace desde cuestiones axiológicas que pueden estar relacionadas a continuidades discursivas de distintos periodos históricos.

foucault

La imagen y la explicación de la homosexualidad que presentó hasta hace 30 años la ciencia es un ejemplo claro de todo lo explicado anteriormente, recordemos que hasta la década de los setenta del siglo pasado, la psiquiatría consideraba a la homosexualidad como una patología, es decir que era explicada, valorada y clasificada como una enfermedad mental, como una desviación de la normalidad. Este criterio en realidad no respondía a evidencias científicas de carácter empírico, sino que en realidad era una concepción que heredaba resquicios y visiones de un conocimiento pseudocientífico que estaba constituido a partir de criterios valorativos de otros tiempos.

Esto quiere decir que el criterio de clasificación de la homosexualidad como anormalidad  no era como tal producto de la ciencia, sino que era un criterio social que la ciencia asumió como verdad, es decir, en este caso la ciencia operó como el mecanismo para validar esa creencia social y en consecuencia para operar  y refinar los dispositivos de exclusión destinados para confinar a los enfermos y los anormales. El homosexual fue clasificado en el espacio de la locura, de la enfermedad, por lo que tenía que ser confinado, tratado y curado en instituciones especializadas, junto con otros indeseables como el esquizofrénico, el paranoico, el vagabundo, entre otros.

homosexualidad

Asumir que la homosexualidad es una enfermedad significaba que era posible curarlas, por lo que se buscó generar técnicas de control y disciplina que encaminen la conducta hacia lo que era considerado en ese tiempo como normalidad social, que no es otra cosa que la búsqueda de sacarlos de la irracionalidad para llevarlos a la luz de la razón. Tuvo que pasar mucho tiempo para que la ciencia rectificara y admitiera que la homosexualidad no era un patología, sino que era una de tantas expresiones humanas de la sexualidad, parece increíble que fuera hasta la segunda mitad del siglo XX cuando la comunidad científica rectificara, parece ser que la dimensión axiológica había pesado más que las investigaciones y las evidencias empíricas, ya que en esos tiempos ya se podía hablar de un sistema científico mucho más desarrollado y diferenciado que el del siglo XIX.

En síntesis, podemos ver como el discurso científico genera imágenes sobre el mundo que son asumidas como verdades por lo social, debido a la preeminencia de su conocimiento como dominante en lo social. Si bien, la ciencia se transforma constantemente, también esta conserva ciertas visiones tanto de su propio pasado, como también de lo social; asimismo cumple con ciertas funciones en los sistemas de dominación  con el fin de perpetrar cierto orden social a través del desarrollo tecnológico, aquí hablamos de los sistemas de exclusión y clasificación, pero pensemos en los sistemas de vigilancia los cuales se han ido generalizando en las sociedades modernas a niveles exponenciales y cada vez se vuelven más sutiles e imperceptibles.