El presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, desde que iniciara el proceso de transición (en el que tiene que definir su equipo de trabajo, las políticas que seguirá y las decisiones que habrá de tomar apenas tome el poder el próximo 20 de enero) se ha reunido con muchas personas. Eso no sería ni noticia si ésta fuera una transición “normal”, pero es Donald Trump.

En las últimas semanas, Trump ha sido visitado por personalidades del espectáculo y líderes empresarios a los que advierte que va a elegir como secretarios de diversas dependencias… Ahora fue el turno de Kanye West.

El empresario, diseñador de moda, productor musical, músico y personaje (cuanto menos) polémico por su uso de redes sociales y sus actuaciones en vivo, fue recibido hoy, 13 de diciembre, por quien será el 45 presidente de los Estados Unidos. Hace un par de semanas, West había declarado en un concierto que él no había votado el pasado 8 de noviembre pero que, de hacerlo, hubiera elegido al republicano. (Vía: CNN)

Este acercamiento, a todas luces más mediático que político, puede ser un intento de aproximarse a la comunidad afroamericana, que mostró un rechazo tajante no sólo al partido republicano (cosa que es, hasta cierto punto, tradicional), sino específicamente a Donald Trump, que a lo largo de su campaña presidencial constantemente insinuó frases que han sido identificadas por la misma comunidad afroamericana como racistas, además del agrado con el que miembros del Ku Kux Klan y diversas organizaciones supremacistas blancas ven la futura presidencia de Trump.

 

Además del intento de “agradar” al electorado afroamericano, en muchos sentidos, el personaje que West y Trump  se han construido son parecidos: la necesidad de acaparar la atención constante de los medios y lanzar comentarios que parecen más improvisaciones de acuerdo al público que los escucha, más que políticas (o convicciones) reales. Tanto Kanye como Donald son famosos por su incapacidad de verse superados intelectual o monetariamente con cualquier persona y han estado, los dos, en el “ojo del huracán” de cada escándalo que ellos mismos han provocado en medios.

En el año 2000, Donald Trump anunció sus intenciones de lanzarse por la presidencia de los Estados Unidos, declaración que fue tomada por la prensa y por toda la clase política como una broma u otro intento más del personaje de llamar la atención. Kanye, en 2014, hizo lo mismo al final de un concierto y, dado el precedente que Trump le ha dado, no hay forma de saber si habrá una campaña por la elección del presidente West en 2020.

 

Hay una distancia insalvable entre Kanye y Trump, particularmente por la posible ideología conservadora que (quizá) dicte una probable candidatura de West: su raza y la inherente contradicción que hay entre la música que produce y sus “performances” públicos y en redes sociales.

Sin embargo, también está la posibilidad de que esta reunión haya sido únicamente para desviar la atención de la larga lista de conflictos de interés que tanto Trump como todo su gabinete de CEOs tendría, o el conflicto interno que varios medios reportan dentro de su equipo de transición, o los vínculos que la CIA develó entre Trump y Rusia, o que, en el recuento de los votos, el republicano perdió el voto popular por casi tres millones, o el conflicto diplomático que iniciara tras la llamada que recibió de Taiwán…