En Santiago de Chile, un colectivo de hombres se reúne para pensar en conjunto algo que es poco común: cómo es que los estereotipos de “masculinidad” impactan en su vida cotidiana, estas discusiones las acompañan tejiendo. Las labores domésticas, las de cuidado y la plática comunitaria han sido “tradicionalmente” un “deber” del género femenino: la cocina, cuidar a los enfermos, la limpieza de la casa y la fabricación de prendas de vestir (las “chambritas” para los bebés, bufandas y suéteres para los niños). En este sentido, el colectivo “Hombres Tejedores” busca romper estos estereotipos de género tejiendo, y, junto con la realización de esta actividad “vedada”, platicar entre todos las experiencias que han vivido para, así, llegar a conocer el impacto que una sola “forma de ser hombre” tiene en cómo se piensan a ellos mismos. (Vía: Verne)

A partir de la campaña #NosGustaTejer, buscan recaudar fondos para llevar clases de tejido a otros hombres y compartir así la experiencia colectiva que es el tejido. El impacto en las redes ha sido muy amplio y ha encontrado ecos en grupos de hombres por toda América Latina (Uruguay, Haití, Colombia, Argentina y México) e, incluso, países lejanos como Ucrania. (Vía: Univisión)

En México, diversos colectivos que han abrazado la idea del trabajo manual como una forma de resistencia artística y política, como Fuentes Rojas, que borda en plazas públicas del país los nombres de las víctimas de la violencia, han ido registrando el incremento en el número de hombres que trabajan en y con ellos en labores que se pensaban exclusivas para las mujeres, como la cocina comunitaria, el bordado y el tejido.

Propuestas como la de Hombres Tejiendo no sólo son un espacio para romper los estereotipos de género, sino que también son espacios desde los que podemos repensar la función del trabajo comunitario y horizontal, frente a una masculinidad cerrada, competitiva y monolítica, la idea de muchos hombres dialogando entre ellos sus experiencias, aconsejándose y aprendiendo juntos es una oportunidad, también, de pensar nuestra posición en medio de un incremento constante de casos de violencia de género.