Omar Fayad, gobernador de Hidalgo, hizo una entrega simbólica de diez estufas ecológicas en la comunidad indígena de Acaxochitlán, Hgo. En medio de su discurso, lanzó una serie de comentarios que, quizá en tono de broma, evidencian mucho de su forma de entender a sus gobernados:

“porque [las mujeres indígenas] tienen tantos chamacos (porque miren a las de la primera fila: están llenas de chamacos nomás traen uno cargando, ¿pero cuántos más tienen?) Ya les dije que duerman con ropa, porque producen muchos chamacos. El riesgo es que los chamacos se queman cuando tienen la estufa dentro del jacal.” (Vía: Sin Embargo)

Más que comentar la evidente misoginia, clasismo, racismo e ignorancia en el comentario del gobernador, la defensa que probablemente utilizará Fayad o su equipo de prensa es que fue “una broma” y que, por lo tanto, no debería de ser “tomado en serio”. El problema es que incluso las bromas son reflejo de cómo, quien las dice, interpreta las relaciones de poder: que el gobernador se sienta en libertad de poder hacer una broma sobre los estereotipos raciales de las comunidades indígenas (la hipersexualización, su fertilidad, la pobreza “natural” a esas comunidades) y que utilice un lenguaje que despersonaliza y denigra (“chamacos”, “jacal”) es evidencia de que, para él, está por sobre las mujeres indígenas.

Omar Fayad saltó a la fama pública cuando, siendo senador, propuso una ley (bautizada “ley Fayad“) en la que se impulsaba la creación de un cuerpo policíaco y de vigilancia en redes sociales para “vigilar” la actividad de “subversivos”. La ley, que incluso veía como delito la crítica al presidente Peña Nieto, fue retirada de la votación por el mismo Fayad, al haber causado una muy fuerte polémica dentro del senado y hasta dentro de su partido.

Con un personaje como Fayad, marcado por un ánimo autoritario y racista, ¿qué podemos esperar que diga, haga o legisle en los años que le quedan como gobernador de Hidalgo?