El escritor Marcel Proust nació un 10 de julio de 1871, en París. Su vida, igual que su novela, se encuentra atravesada por una búsqueda incansable en los abismos de la psicología humana, en las motivaciones inconscientes y oscuras que impulsan las acciones de los hombres.

Miembro de una familia adinerada, Proust siempre se movió en los grandes salones de la aristocracia, lo que le sirvió para retratar en sus obras una especie de radiografía de la sociedad parisina. Su obra está considerada como una de las joyas de la literatura del siglo XX y ha sido traducida prácticamente a todos los idiomas del mundo.

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La pasión, la vanidad, la depresión, el amor, los celos, la homosexualidad, la ambición, la envidia, etc., son sólo algunos de los temas que atraviesan las novelas proustianas. Su aguda sensibilidad  y sus grandes cualidades de observador aparecen reflejadas en su obra cúspide, En busca del tiempo perdido, compuesta de 7 partes publicadas entre 1913 y 1927, y a la que él mismo comparó con “la estructura de una catedral gótica.”

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En dicha obra, casi del tipo autobiográfico, el narrador, un joven escritor, detalla minuciosamente la vida física y mental de las altas esferas sociales pero, sobre todo, enfatiza la naturaleza breve y mortal de la existencia; el carácter fugaz y escurridizo del tiempo.

Indudablemente, la mirada peculiar con la que Proust observó al mundo estuvo influenciada por la enfermedad respiratoria que lo acompañó desde su infancia. Los cuidados médicos a los que tuvo que someterse incrementaron su interés en el tema de la enfermedad y la mortalidad, lo que quedó plasmado en sus novelas. Su necesidad de describir los pequeños detalles fue una de las causas de que, paulatinamente, desarrollara un temperamento neurótico.

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Después de la muerte de su madre, en 1905, su asma se agravó y su aislamiento social también. Él mismo selló su cuarto por completo para evitar que entrara el polen de las flores y lo forró de corcho para que no se filtrara el sonido. Su hermano Robert, quien fue médico como su padre, relató uno de sus episodios psicosomáticos:

“La primera noche que durmió en su nueva habitación, Proust padeció un grave ataque de asma ¡que achacó al papel tapiz que tenía un dibujo de rosas!” (vía Locura y creación).

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A medida que su salud empeoraba, su depresión también. Aumentó su consumo de drogas potentes como el opio, la heroína y el veronal.  Escribía durante largas horas por la noche, comía muy poco y evitaba el contacto con los demás. En 1922, poco antes de morir a causa de una bronquitis, Proust comentó:

“Un ser extraño se ha apoderado de mi mente; me sorprendió su fealdad. Siempre creí que la muerte era hermosa; de no ser así, ¿cómo podría llevarse lo mejor de nosotros?”

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A casi 145 años de su nacimiento, Proust es considerado uno de los iniciadores de la novela moderna, con una visión realista y descarnada de la existencia.