Brasil todavía no termina de asimilar la resaca de la Copa Mundial de la FIFA 2014 y ya tiene encima los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, que comenzarán el próximo viernes 5 de agosto.

Según el Tribunal de Cuentas de la Unión, ser sede de los Juegos Olímpicos le ha costado a Río de Janeiro alrededor de 4 mil 600 millones de dólares. (Vía: La Jornada)

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La situación de Brasil ha cambiado en los últimos años. Cuando se propuso como sede, en 2009, el país gozaba de una bonanza económica que ahora ha sido reemplazada por un serio conflicto político y económico, con decenas de políticos acusados de corrupción y la mandataria Dilma Rousseff en un proceso de impeachment que la tiene alejada de la silla presidencial.

La coyuntura es tal que los “fondos para sectores básicos de los servicios públicos (…) está literalmente en la quiebra.” (Vía: La Jornada)

Ser la sede de los Juegos Olímpicos o de la Copa Mundial ha sido defendido muchas veces como positivo para las naciones por la supuesta “inyección” económica que estos eventos significan. Sin embargo, los hechos parecen contravenir esta idea:

“Montreal tardó 30 años en cubrir las deudas generadas por sus Juegos Olímpicos, y los realizados en Atenas contribuyeron de manera decisiva a que Grecia fuera arrastrada al abismo.” (Vía: La Jornada)

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En el caso de Brasil no hace falta esperar a que el evento haya finalizado para atestiguar la bancarrota. Desde ahora ya es posible prever la catástrofe económica que le avecina al país sudamericano.

Datos como que el secretario de seguridad de Río de Janeiro admite que “falta combustible para las patrullas” y hasta “papel higiénico” en las oficinas de policía dan idea de la gravedad de la situación. De hecho, la policía de Río de Janeiro ha realizado huelgas por los recortes departamentales y los pagos atrasados a los oficiales. (Vía: The Guardian)

¿Podrán llevarse a cabo los Juegos Olímpicos en estas circunstancias y con la alerta sanitaria del sika a cuestas?