Dos de las universidades más importantes del país dieron a conocer las cifras de rechazados para el proceso de ingreso del 2015. El número de jóvenes que podrán acceder a un lugar en cualquiera de estas dos instituciones es apenas mínimo.

A la Universidad Nacional Autónoma de México aspiraron alrededor de 180 mil estudiantes, de los cuales sólo el 10% podrá acceder a un lugar en alguna de las 113 carreras que ofrece. Por su parte, el Instituto Politécnico Nacional dejó fuera a casi el 75% de sus 77 mil 500 aspirantes. Las cifras de los jóvenes que podrán acceder a cualquiera de estas dos prestigiosas universidades, frente al de los excluidos, resulta irrisorio.

En respuesta a los bajos índices de aceptación, el Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior (MAES) convocó una marcha el pasado fin de semana. “30 kilómetros por 30 horas“ recorrió las cuatro universidades públicas más importantes en la Ciudad de México, y derivó en la sede de la Secretaría de la Educación Pública (SEP); con la exigencia de levantar una mesa de diálogo entre las universidades, la SEP y el propio movimiento.

Subsecretario de Educación Media Superior, Rodolfo Tuirán, y Subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas, Javier Treviño Cantú
Subsecretario de Educación Media Superior, Rodolfo Tuirán, y Subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas, Javier Treviño Cantú

Con consignas como “la educación es un derecho, no un privilegio“, “nos han quitado todo, lo único que nos queda es luchar“, o “las escuelas normales no deben ser abatidas“; miles de jóvenes participaron en el recorrido en búsqueda de una educación más incluyente. Adicionalmente, el MAES señaló que el examen de ingreso funciona como un mecanismo para justificar la exclusión de los jóvenes a la educación superior, y así desviar la atención del incumplimiento de las obligaciones del gobierno.

La SEP informó en voz del subsecretario de Educación Media Superior, Rodolfo Tuirán, y el subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas, Javier Treviño Cantú, que la mitad de los alumnos que egresan del bachillerato (los potenciales aspirantes a ingresar a las universidades) presentan graves deficiencias en matemáticas y en leguaje y comunicación.

“Son jóvenes que egresan con algunas deficiencias y lo más probable es que al ingresar a la educación superior enfrenten problemas de reprobación y en consecuencia, también de ausentismo y eventualmente de abandono escolar“, apuntó Tuirán.

Según el Plan Nacional para las Evaluaciones de los Aprendizajes (Planea), tan sólo el 6.2% de los estudiantes del bachillerato en el país salen con un nivel óptimo (hay que tomar en cuenta que no participaron ni la UNAM ni el IPN en esta medición).

Estas cifras podrían servir de justificación para excluir una gran cantidad de jóvenes de las universidades, si no fuera porque deficiencias tan marcadas nos hablan del mal trabajo de la SEP en los bachilleratos. No se puede responsabilizar a los estudiantes en una estructura en la que la mayoría no salen con lo conocimientos que deberían tener.

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Bajo esa lógica, el gobierno falla en brindar educación de calidad a nivel bachillerato, luego aplica un examen para decidir quiénes merecer ir a la universidad y quiénes no. Evidentemente, los resultados del examen son bajos. Más tarde usan esos resultados para justificar la insuficiente oferta académica a nivel superior y el incumplimiento de sus obligaciones. Se trata de un círculo perverso, ¿cómo culpar a los propios jóvenes de ser excluidos de la educación, que es su derecho, si es la SEP la que les brinda un nivel académico penoso en el bachillerato?