Al sur de Estados Unidos la bandera confederada ha sido por mucho tiempo el símbolo por excelencia de la “supremacía blanca”, que no es otra cosa sino el apoyo a la esclavitud y exterminación de los afroamericanos.

El debate alrededor de ella cobró relevancia tras el atentado que dejó 9 muertos en un iglesia negra de Charleston, en Carolina del Sur, acción ejecutada por Dylan Roof, de 21 años, quien aparece en fotos como esta:

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El crimen de Roof, calificado de odio racial, impulsó diversas movilizaciones y peticiones para que la bandera confederada sea prohibida en entidades de Estados Unidos. Tras las reacciones en contra, empresas como Amazon, eBay y Sears anunciaron el retiro de la bandera confederada y hace unos días en Carolina del Sur se decidió bajar el emblema luego de 54 años ondeando afuera del Congreso estatal.

Bajo este intenso debate, el primer presidente afroamericano en la historia de EU, Barack Obama, fue recibido la noche del miércoles en Oklahoma con banderas confederadas.

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Y es que días después del ataque de Charleston, Obama criticó a la bandera como un símbolo de odio y aplaudió la decisión del gobernador y la legislatura de Carolina del Sur de bajar la insignia, cuyos ideales han sido enarbolados por organizaciones impresentables del tipo Ku Klux Klan.

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Hasta republicanos prominentes como Mitt Romney respaldaron el retiro de la bandera en Carolina del Sur.

No obstante, también ha habido muestras de apoyo público hacia la bandera, como sucedió en West Monroe, Luisiana, donde cientos de personas armaron un rally por la ciudad portando el emblema. Justo en ese estado (uno de los que tiene más altos índices de racismo) la insignia aún conserva una cifra considerable de respaldo.

Así pues, mientras algunos consideran a la bandera confederada como un patrimonio, para otros esta nunca ha dejado de ser un símbolo de odio racial, cuyo lugar deben ser los museos (para recordar que formó parte de la historia del país) y no en las mentes de nuevas generaciones, como la del atacante de Charleston.