Un columnista de ABC habló en su medio del intento de secuestro que sufrió en Chiapas y sus impresiones de nuestro país. Según él fue la «peor hora» de su vida.

Melchor Miralles escribió en ABC una columna en la que habla sobre su intento de rapto en nuestro país.

El periodista inicia su texto con la siguiente línea:

«Escribo estas líneas recién aterrizado de México»

Para seguir con esta sentencia:

«México se pudre. Es el trópico del delito. La sede de la desolación. Las fosas escupen huesos. Las flores son de fuego. El crimen organizado (narcos, sicarios, pistoleros, zetas, cárteles, tratantes de seres humanos y demás ralea) corre por las venas del Estado y se confunde con los tres poderes»

Y luego anuncia lo que todos tememos:

«Nadie está a salvo de desaparecer sin que jamás alguien pague por ello»

El periodista estaba aquí para escribir sobre la forma en que viven los inmigrantes que pasan por nuestro país:

«Si a las tres de la madrugada suena la puerta, en México, nunca es el lechero»

Sonó su teléfono y le habló un personaje que le dijo que en ese estado no mandan ni la Policía, ni el Ejército, sino su cártel. Le dijo sus datos personales y que si no colaboraba lo matarían y asesinarían a su familia: «puede morir mucha más gente», así arrancó la hora más angustiosa de su vida.

El español dice que se lo dijeron como en las películas:

«Te brinco güey, nos chingamos a tu familia, puto, y te chingamos a ti, hijo de la gran chingada, te partimos la madre».

Tardó unos segundos en despertar, le preguntó que qué quería… obviamente quería dinero. El problema es que no solo quería dinero, también quería que saliera a la calle y se subiera a un coche, y, bueno, ahí sí sintió el mayor miedo que ha sentido en su vida.

Miralles llevaba 4 días en Tapachula, Chiapas, grabando un documental sobre los migrantes que tratan de llegar a los Estados Unidos cruzando México encaramados a La Bestia, pero a alguien no le gustó la idea y quería impedirlo a cualquier precio.

En el momento que le dijeron que se subiera al coche, Miralles (quien permanecía en la habitación con la luz apagada ya que así le habían ordenado) marcó a uno de sus amigos y le dijo «me están secuestrando» después colocó el micro de su iPhone en el auricular del fijo para que escuchara las instrucciones que estaba recibiendo.

El sujeto le preguntó cosas del documental, quiso saber si estaba armado y le dijo que el coche lo llevaría a comprar un celular con una tarjeta mexicana. Tenía que entregarle su dinero debía llevar las tarjetas de crédito… el periodista solo trataba de alargar más y más la conversación.

«Tenía claro que cuando uno se ve forzado a pisar el infierno no puede dejar de caminar. Estaba seguro de que mis compañeros estaban activando las alarmas: en México y en España».

El sujeto le pidió el número de su celular español. El periodista le dijo que no funcionaría en México. El sujeto insistió y Miralles le dio un número como el suyo sólo que cambia la última cifra, solo le quedó rogar por que nadie en España contestara. Nadie contestó y el sujeto le pidió que se abrigara y que saliera, Miralles le dijo que tiene su ropa en el baño. El sujeto le contestó que fuera, pero que no tapara el teléfono con una almohada. Miralles fue al baño y le habló a sus colegas, quienes le dijeron que aguantara 5 minutos más, que su contacto mexicano ya estaba llegando con la Policía.

Miralles ya no podía alargar más la conversación, ya llevaban casi una hora hablando y el sujeto ya estaba enojado:

«Güey, o sales o entramos. Pídele un taxi al chico de la recepción. Y sal a la calle. En cuanto salgas llegará un taxi. Te subes y te llevará a donde te hemos dicho»

No sale a la calle, al salir de su habitación, se encuentra con sus compañeros hasta que llega la Policía de la Fiscalía de Delitos contra el Migrante, que los interroga «con una frialdad asombrosa». Después le piden su autorización para que entre la Policía Federal, pero a él no le importa, de todos modos no se fía de ninguno.

Abandonan el hotel custodiados por patrullas y abandonan México, al parecer tenían que salir de Tapachula cuanto antes.

El intento de secuestro arruinó su documental. Sus amigos mexicanos le dicen que no era un secuestro virtual, sino que iban por él y por sus amigos pues no querían que terminara su trabajo.

Si se hubiera subido a ese coche es muy probable que hubiera desaparecido para siempre.

En una entrevista el periodista expresó:

«México no es un Estado fallido, es un estercolero moral y político»

Además de que la razón que pudo molestar a más de uno es que su documental denunciaba tanto a los cárteles, como a los narcos y a las autoridades de la situación de los migrantes en nuestro país.

«A pesar de todo, [México] es un territorio que surcan decenas de miles de migrantes hispanoamericanos. De huída y de búsqueda, estos seres humanos cruzan el país persiguiendo el sueño americano que suele termina en tremebunda pesadilla»

México es un país de peligrosos contrastes:

«México pasa entre el establishment por ser un país emergente y próspero. Y quizá lo sea. Para la reducida élite de mexicanos que controlan la cosa. Y para tanto extranjero rico, o nuevo rico, o ansioso por ser rico y jamás roza siquiera el borde de la realidad de la mayoría»

Para Miralles, nuestro país es una tierra ansiosa por un cielo que nunca llega, llena de muertos en vida y desposeídos que a casi nadie le importan. En donde los más vulnerables son atacados, extorsionados, violados, mutilados, desaparecidos y asesinados.

«México ha terminado siendo un cementerio más que un país. Un cementerio lleno de muertos y de vivos que aún no saben que van a morir pronto»

Nosotros, por otro lado, solo podemos trabajar porque el caso Ayotzinapa sea el comienzo de todo un trabajo político y social que haga que, por primera vez, podamos comenzar a ver el alba de una nueva realidad mexicana.

@plumasatomicas

***Vía ABC