De un brillante 54% de popularidad entre los mexicanos, nuestro entrañable ciudadano presidente, Enrique Peña Nieto, ha descendido a un 37%. La prensa internacional, particularmente la de habla inglesa, fue una de sus más acogedoras trincheras durante un primer año de gobierno en el que flotaban por todos lados las promesas de llevar a México con éxito al modelo de comercio liberal internacional y de convertirlo en un país de vanguardia a través de sus reformas estructurales. Ahora, esa misma prensa critica la violencia y el estancamiento económico de su administración.

Tras la publicación de los datos de asesinatos y delincuencia en nuestro país, la revista Newsweek publicó ayer un artículo en el que remarcaba que, tras casi 20 meses de presidencia, Peña no ha sido capaz de cumplir su promesa de seguridad, esa que pondría fin al estado de violencia que la presidencia de Felipe Calderón heredó al país.

Ciertamente, el giro en la estrategia de seguridad de Peña Nieto parece consistir en una actitud mucho más prudente a la hora de promover los éxitos de las fuerzas armadas y policías de México, aunque en la práctica, las estrategias de inteligencia no han rendido frutos diferentes a las del panista. Y lo que es más: Newsweek recalca que ni en los más sangrientos episodios de la administración de Calderón, la violencia alcanzó niveles tan altos como los del primer año de Enrique Peña Nieto.

Hace un par de días, The New York Times hacía observaciones parecidas:

“Pudo haberse vendido a sí mismo con éxito a través de un rostro popular en televisión y un descanso tras las 7 décadas en las que el PRI gobernó México con una democracia fingida. Sin embargo, después de los 2 primeros años de su sexenio, ‘la luz y esperanza’ que prometió durante su campaña aún no son una realidad en la mayor parte del país”.

Y remata diciendo:

“Los jóvenes mexicanos en particular suelen describirse como desilusionados con la forma en que han regresado los viejos modos, como el estricto manejo de la información y los obstáculos a la transparencia”.

Aunque el gobierno federal comienza a demostrar una cierta frustración por la “falta de comprensión” que sus complejas reformas generan, el NYT recuerda la sencilla causa de esa intolerante actitud por parte de nosotros, los ciudadanos: la economía mexicana creció sólo en 1.1% durante el primer trimestre de 2014, frente al 3.9% proyectado originalmente. Este es sólo un ejemplo del bajo crecimiento que México reporta, lo que ha hecho al Banco Mundial cambiar sus expectativas sobre el potencial económico del país. No sorprende: no creceremos mientras debamos pagar las billonarias cuentas de Pemex y CFE que la corrupción heredó a la deuda pública y mientras la única solución al aumento de impuestos de la reforma fiscal sea los préstamos de la reforma financiera.

Ayer mismo, México se colocó el lugar 71 en el ranking del Índice de Desarrollo Humano de la ONU, superado por países de modelo alternativo aunque con altas deudas como Argentina, Chile y Kazajastán.

Ya en febrero, lo dicho por la publicación británica The Economist, contrastaba con la portada de la revista Time del mismo mes: en efecto, aseguraba, la reforma hacendaría de Peña no estaba salvando a México, sino afectando a las clases más desprotegidas.

La presidencia de Peña por fin ha salido de su prolongada luna de miel mediática. Hoy, con su reforma energética al filo de la promulgación, y a punto de dejar al país con una deuda equivalente al 9% del PIB (el Pemexproa) gracias a un modelo económico que no termina de dar un solo fruto positivo, México ya no cree en el mesiánico nuevo PRI.

Vía: The New York Times