La tensión entre Estados Unidos y Rusia se ha intensificado más en un año que en el cuarto de siglo que ha pasado tras la caída de la Unión Soviética. Esta semana, el presidente Barack Obama acusó a Putin de violar el pacto con el que, en 1987, Reagan y Gorbachov iniciaban las negociaciones de paz: el Tratado de Eliminación de Misiles de Rango Intermedio (INF).

El tratado INF obligaba a las dos superpotencias a deshacerse de los llamados euromisiles, es decir, todos aquellos cuyo rango de alcance estuviera entre los 500 y los 5 mil 500 kilómetros. El tratado fue considerado como el “principio del fin de la Guerra Fría” y su violación significa, según muchos, el principio de una nueva y peligrosa etapa en las relaciones internacionales.

¿Cuál es el camino que han seguido ambas naciones para llegar a este inestable punto?, ¿es Estados Unidos el culpable de las nuevas tensiones?, ¿es Rusia?, ¿cuál es la principal motivación de ambos gobiernos al intervenir en la política de tantos países alrededor del mundo?

En primer lugar y antes de arrancar nuestro recuento, debemos evitar caer en el principal de los peligros de cualquier análisis sobre política internacional: el maniqueísmo. Las relaciones internacionales son de muchos colores, y pensar bajo el esquema blanco y negro, aunque suene a una solución sencilla, no resuelve nada ni arroja ninguna luz.

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Obama cae, Putin asciende

Los meses transcurridos recientemente sientan las bases de una nueva etapa global. Aunque muchos afirman que esta etapa se caracteriza por el hecho de que Estados Unidos ha perdido el liderazgo mundial, sería más preciso decir que el último año ha revelado que Estados Unidos perdió ese monopolio hace mucho tiempo. Siguiendo a  Zbigniew Brzezinski, uno de los más brillantes analistas de política internacional y ex-consejero internacional de Jimmy Carter, Obama no es el primer presidente estadounidense que ya no lidera el mundo, sino el primero en tener plena consciencia de ello.

Esta pérdida de liderazgo se observa fácilmente en la desobediencia de Israel al continuar con sus ataques en Gaza, en su pérdida de credibilidad diplomática tras los escándalos de espionaje masivo revelado por Snowden a través de Wikileaks y por su fracaso al intentar detener las acciones de Putin en Ucrania y Siria. Estos innegables errores le han costado caro a Obama, quien registra los más bajos índices de popularidad de toda su administración.

Por su parte, el líder Ruso Vladimir Putin goza de la mayor aceptación mundial desde el inicio de su larga presidencia y todo parece indicar que esta situación no se detendrá pronto. La evidente desventaja de Estados Unidos frente a Rusia en el terreno político internacional preocupa a Obama y con razón: se trata, antes que nada, de una carrera económica que tendrá consecuencias fatales durante décadas y que le costará a su partido un fracaso rotundo en las próximas elecciones de 2016, que pondrá en manos de la derecha el liderazgo de la nación y, por supuesto, de las próximas misiones militares en Medio Oriente y en Europa del Este.

La OTAN, el G7 y las BRICS

Las tensiones entre Putin y Estados Unidos comenzaron hace mucho, y sería necio tratar de establecer quién las inició. Desde el arranque de su administración, el presidente ruso dejó claro que uno de sus principales objetivos sería detener la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La OTAN es una de las alianzas militares internacionales más grandes del mundo. Uno de sus propósitos es garantizar que, en cuanto uno de sus miembros sea agredido por un ejército externo, el resto de la comunidad acuda en su auxilio. LA OTAN nació en 1949 y desde entonces ha incorporado más y más países. Hoy la conforman Estados Unidos, Canadá, la mayoría de los miembros de la Unión Europea y algunos países más, como Turquía.

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En azul, países de la la Unión Europea; en anaranjado, países de la OTAN; en morado, países que pertenecen a ambos.

Aunque en principio Rusia se opuso a la expansión de la OTAN por motivos de seguridad, pues argumentaba que una comunidad así permitiría un colonialismo radical en el mundo liderado por la Unión Europea y Estados Unidos, al tiempo que representaba una amenaza a su territorio, lo cierto es que Putin no estaba dispuesto a dejar el negocio de la expansión económica a occidente.

Uno de los primeros pasos de Putin fue establecer alianzas políticas con países como Irán, señalado por la OTAN como potencial enemigo por su desarrollo de tecnología nuclear. Rápidamente buscó el apoyo de China, con quien estableció relaciones que recuerdan al viejo régimen. Israel, uno de los aliados de Estados Unidos, se mantuvo al margen de la opinión, e incluso, en tiempos recientes, se ha manifestado en favor de la intervención de Rusia en Ucrania.

En el ámbito económico, Rusia buscó ser incluída en el G7, una de las comunidades ecnómicas más importantes del mundo, compuesta por Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos. Durante el tiempo en el Rusia perteneció al grupo, fue conocido como G8, hasta su expulsión reciente a consecuencia de su anexión del territorio de Crimea.

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Ministros de economía y finanzas del G7

Sin embargo, mientras Putin buscaba una paz temporal con los aliados económicos del Estados Unidos, también se encargó de impulsar una comunidad paralela: las denominadas naciones BRICS, integradas por Brasil, la propia Rusia, India, China y, recientemente, Sudáfrica. Aunque esta comunidad es tan informal como el G7, y en principio, era más un concepto de analistas que una realidad político-diplomática, Estados Unidos terminó por consolidarla cuando Snowden sacó a la luz el espionaje sistemático que Washington ejercía sobre algunos de estos gobiernos.

Medio Oriente y el petróleo

Medio Oriente representa el más violento de los escenarios de la enemistad entre Rusia y Estados Unidos. Ambas potencias han buscado, desde la era soviética y más allá de ésta, establecer alianzas con los gobiernos de la región… y cuando no han encontrado caras amistosas, se han encargado de imponer otras más favorables. Tal es el caso de Irak, en donde Estados Unidos impulsó una administración aliada tras derrocar al líder y presidente sunita Saddam Hussein.

Por su parte, Putin cuenta con un importante aliado a la cabeza del gobierno del vecino de Irak, Siria. Bashar al Assad encabeza un gobierno laico, que, con todo, tiene fuerte problemas con grupos fundamentalistas musulmanes de origen sunita. En efecto, la mayor de las guerras étnicas dentro del islam, la librada de entre sunitas y chiitas, tribus que reclaman cada una lla legítima continuidad del legado de Mahoma, es uno de los elementos que no se pueden pasar por alto en la historia contemporánea de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia.

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Los sunitas, constituyen cerca del 70% de los musulmanes del mundo, mientras que los chiitas apenas llegan al 20%. El 10% restante está integrado por otros grupos pequeños. Es en el corazón de la tribu sunita que se han formado los grupos de resistencia fundamentalista más fieros Medio Oriente, tales como ISIS o Al Qaeda. Es probable que estos grupos nacionalistas islámicos hayan surgido como consecuencia de una larga historia de intervenciones extranjeras en la región por el petróleo, el símbolo moderno de la riqueza.

El fundamentalismo sunita es un problema tanto para Estados Unidos, como para Rusia, y es condenado o alabado por ambos países por igual, según convenga a su situación. Cuando el gobierno de Bashar al Assad tuvo el más grande enfrentamiento con los sunitas, Estados Unidos le acusó de usar armas químicas contra civiles inocentes,mientras que Rusia apoyó la ofensiva de la administración siria. Unos meses más tarde, los mismos sunitas, que hoy no reconocen la frontera entre Siria e Irak, se levantaron en este último país en contra del gobierno aliado de Estados Unidos. La administración de Obama llamó terroristas a los que unos días antes llamara civiles inocentes, mientras que Rusia optó por un tibio llamamiento a la paz.

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Voluntarios de irak se suman a las fuerzas armadas para enfrentar el avance de ISIS.

Europa depende de los energéticos rusos en buena medida: tan sólo el 40% del petróleo y el gas que usa Alemania proviene de Rusia. El interés de Rusia en Medio Oriente consiste en evitar que el petróleo de esa región compita con el suyo. Por su parte, Estados Unidos depende ampliamente del petróleo internacional, de suerte que, al ver amenazado su control sobre Medio Oriente, impulsó con mucha más fuerza las reformas energéticas en América Latina, México incluido.

El conflicto en Ucrania

La doble cara de las administraciones rusa y estadounidense se reveló una vez más durante el conflicto en la península de Crimea, que hasta hace unos meses pertenecía a Ucrania y hoy forma parte de Rusia. En 1999, las tropas rusas invadieron Chechenia con brutales asaltos y Estados Unidos nos dijo nada, mientras que la anexión (mucho más pacífica) de Crimea fue pintada por la Casa Blanca como uno de los atropellos más importantes al derecho internacional. En el primer caso, el cese de la rebeldía chechena convenía ambos, en el segundo, la anexión de Crimea beneficiaba al transporte de petróleo y gas ruso a Europa, pero amenazaba la superioridad de Estados Unidos y de la Unión Europea.

Tras el conflicto en Siria y Crimea, las relaciones entre Estados Unidos y Rusia alcanzaron una seria tensión. Por un lado, la anexión de Crimea a Rusia significa mejores posiciones militares para Putin en el mediterráneo, así como transporte gratuito de energéticos a Europa; por otro, su triunfo en la solución del conflicto Sirio le valió credenciales diplomáticas y simpatía internacional. 

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Pareja con pasaportes ucraniano y ruso

Tras la caída del vuelo MH17, derribado en territorio rebelde ucraniano, Obama acusó directamente a Rusia de estar detrás de la catástrofe. El este de Ucrania está habitado por múltiples grupos separatistas que ansían formar parte de Rusia, pues su economía depende ampliamente de este país. El gabinete de seguridad de Obama está convencido de que estos separatistas derribaron el avión por orden de Putin de suerte que Rusia tuviese un pretexto más para intervenir en la seguridad de Ucrania.

La acusación de violación del tratado INF hecha por Estados Unidos en el informe anual sobre cumplimiento de armas esta misma semana, es la segunda declaración pública de Obama en contra de Putin en un solo mes. Esto es un síntoma de cuán desesperado está Washington frente al quehacer de Putin, cuyas violaciones a derechos humanos, reales o no, le tenían sin cuidado en el pasado.

Mientras Putin asegura su supremacía energética en Europa y Asia, Obama se encuentra con las manos atadas: una de sus más grandes promesas de campaña fue la de terminar con la intervención estadounidense en Medio Oriente para concentrar los recursos en políticas internas. Hoy, Medio Oriente se encuentra en peor estado que antes de que asumiera el poder y sus reformas sociales (de salud y migratoria) parecen cada día más un sueño inalcanzable. El conflicto en Gaza sólo acentúa su impotencia.

Con todo, Putin y los países BRICS están lejos de lograr un dominio de la economía global, aunque han aprendido a negociar con el dólar con más eficiencia de lo que lo hace Estados Unidos.

El conflicto entre Estados Unidos y Rusia significa dos cosas: por un lado el fin a nivel planetario de la imagen de una América hegemónica e indestructible, pero por otro, el sufrimiento de miles de personas que se encuentran en regiones que para ellos parecen ser simples piezas en un frío ajedrez económico.

@plumasatomicas

Vía: BBC, CNN, RT