Brasil es uno de los países con mayor comercio sexual infantil en el mundo, se habla de unos 250,000 menores en situación de explotación sexual.

La explotación sexual de menores de edad es el tercer negocio más lucrativo del mundo, solo superado por el tráfico de armas y drogas, con miras a generar más ingresos durante el mundial, se generó una red de prostitución organizada en torno a los estadios en más de una docena de ciudades de Brasil, donde los aficionados de fútbol se reunirán durante las seis intensas semanas que durará el torneo.

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Aunque el intercambio de sexo por dinero es técnicamente legal desde 1949, el comercio sexual sigue estando fuertemente vinculado a grupos delictivos y es una de las formas de vida más peligrosas del país. Las prostitutas alrededor del estadio se encargan de los trabajadores y camioneros, pero su meta es que los aficionados visitantes sean sus clientes y les paguen en dólares. Las que son menores de edad se esconden en las calles aledañas o detrás de las paradas de camiones.

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Las bandas criminales buscan a niñas que viven en extrema pobreza, donde las drogan o simplemente las compran a sus familiares. La mayoría de las niñas llevadas a São Paulo para prostituirse, apenas tienen 11 años, la mayoría no tienen ni electricidad ni agua corriente, la desesperación de la gente es tan grande, que algunos padres incluso ponen a sus hijos en la calle.

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Matt Roper, quien ha realizado varias investigaciones sobre la prostitución infantil en Brasil, dice que los narcotraficantes y grupos de mafiosos de Europa del Este, obtienen a las niñas de las aldeas brasileñas y también de África, en particular de Congo y Somalia.

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Por la noche, las niñas deambulan en la avenida u otras autopistas, en busca de clientes. Después se dirigen con ellos a los moteles o habitaciones cercanos al gigantesco estadio. Su vida cotidiana está repleta de violaciones a sus derechos humanos básicos.

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Su tarifa más alta es de 60 dólares. Solo la mitad es para ella, menos las deudas por ropa, drogas, alcohol y cosméticos.

Testimonios:

Poliana, 14 años

“Cuando comience la Copa del Mundo habrá muchas más chicas de mi edad y más jóvenes. Yo soy una de las mayores”, sostiene Poliana, de 14 años.

Ella lleva sólo tres meses en el oficio, vende su cuerpo a los trabajadores del Arena Corinthians por menos de 4,7 dólares durante su hora de comer. La cama de Poliana, cubierta de muñecos de peluche, se encuentra en una pequeña habitación escondida en un laberinto de callejones con alcantarillado abierto donde los obreros buscan niñas como ella.

Poliana salió a la calle la noche que murió su madre:

“No sabía cómo iba a encontrar dinero para comer o pagar el alquiler. Pero no pasé mucho tiempo así. Había muchos hombres de la construcción que buscaban sexo”.

Hace dos semanas se enteró de que estaba embarazada. Sin embargo, todos los días, a la hora del almuerzo, la joven se arregla para cumplir con sus clientes en uno de los hoteles cercanos a la favela.

Thais, 16 años

“Casi todos mis clientes son de la construcción, siempre pagan, pero no siempre me tratan bien. Pero, ¿qué puedo hacer? Mis padres están muertos, necesito dinero. Si no fuera por los hombres que trabajan en el estadio, no sé qué haría. Mañana uno de ellos ha reservado un día entero en el hotel conmigo, será un buen día de trabajo para mí”, dice la niña de 16 años, que es considerada como la menor más ‘vieja’ en la profesión.

“Espero tener mucho trabajo con los aficionados al fútbol cuando empiece el Mundial”, agrega la niña, explicando que planea cobrar 23 dólares, cuatro veces más que el precio actual.

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El gobierno brasileño destinó 3.3 millones de dólares, para combatir la prostitución infantil en las ciudades sede. Aunque se tiene el antecedente que durante la Copa Confederaciones, prostitutas menores de edad y niños de la calle fueron recogidos por la policía y llevados a un refugio fuera de la ciudad. Pero después de que terminara el torneo, fueron echados a las calles una vez más.

**Foto: Kim Manresa (1961)

Vía: CNN, El Mostrador