Ruanda, conocida como el Tibet de África es un lugar inaccesible, olvidado; nadie pensaría que hace 20 años se registró una de las mayores masacres en el mundo: el Genocidio en Ruanda, que terminó con la vida de un millón de personas de la tribu tutsi en tres meses.

Cada año a principios de abril, el gobierno de Ruanda conmemora la “Kwibuka”, un homenaje a las vidas perdidas durante el genocidio en el país en 1994.

Un poco de contexto

Ruanda es un país montañoso, habitada por un solo pueblo: el banyaruanda, dividido en tres castas:

  • Tutsis: propietarios de rebaños (14%)
  • Hutus: agricultores (85%),
  • Twa: jornaleros (1%).

La casta dominante era la de los tutsis, su mayor riqueza era el ganado: los cebúes, considerados sagrados. Los tutsis se alimentaban de su leche y de su sangre (se la sacaban picándoles con lanzas las arterias del cuello y la recogían en unas vasijas previamente lavadas con orina de vaca).

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Los hutus, en cambio son agricultores. Entre tutsis y hutus había relaciones feudales: el tutsi era el señor y el hutu, su vasallo. Los hutus entregaban al señor parte de sus cosechas a cambio de protección y de cebúes (como en el feudalismo).  A mediados del siglo XX, comienza el conflicto por la tierra.

Ruanda, señalado en los mapas de  África con un insignificante punto

Ruanda es pequeña, montañosa y densamente poblada. Durante siglos existió un reino gobernado por un monarca que recibía el nombre de mwami, que procedía de la casta tutsi. Los imperios coloniales, al repartirse África en la conferencia de Berlín, habían concedido Ruanda a los alemanes, (los ruandeses ni se enteraron). Durante años, vivieron como un pueblo colonizado, sin saberlo, ya que los alemanes no tenían gran interés por esta colonia, después de la Primera Guerra Mundial la perdieron y la cedieron a Bélgica, tampoco los belgas se mostraron muy interesados.

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Por un lado tenemos vacas en expansión (de los tutsis) y del otro, hutus apretujados, presionados y acorralados. Ya no había espacio y adivinen quién llegó al rescate: los belgas. Hasta entonces, los belgas habían gobernado Ruanda apoyándose en los tutsis pero de pronto se sintieron muy belgas y abandonaron a los tutsis y prefirieron apoyar a los hutus, por ser más sumisos.

A finales de la década de 1950 los hutus pedían mejores condiciones, la reacción de los tutsis fue asesinar a los líderes. En respuesta, en 1959, estalló una sublevación campesina; grupos de hutus, desbocados y armados con machetes y lanzas, se abalanzaron, sobre sus amos y señores tutsis. Los campesinos quemaban las fincas de sus amos, los degollaban y les rompían el cráneo. Empezó una matanza masiva de ganado: los campesinos, por primera vez en su vida, pudieron comer la carne que quisieran. Miles de tutsis murieron en esa ocasión y  otros huyeron a los países vecinos: el Congo, Uganda, Tanganica y Burundi.

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La historia apenas comienza

La revolución de 1959 dividió al pueblo banyaruanda en dos: los tutsis se instalaron en los campamentos a lo largo de las fronteras y contraatacaron en varias ocasiones. Los guerrilleros tutsis (llamados cucarachas por los hutus) quemaban aldeas y mataban a sus habitantes. Los hutus, apoyados por su ejército, respondían también con violencia.

Burundi, es similar a Ruanda, es considerado su país gemelo sólo que en Burundi, los tutsis conservaron su dominio al crear una especie de dictadura militar feudal. Sin embargo, la masacre de tutsis por los hutus de Ruanda provocó la venganza de los tutsis de Burundi en 1963 contra los hutus que habían atacado a los tutsis ruandeses.

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En 1965, se produce una nueva invasión tutsi. El ejército hutu la detiene y, como represalia, mueren veinte mil tutsis descuartizados por machetes hutus. En 1972, alentados por el ejemplo de Ruanda, los hutus de Burundi intentaron organizar en su país una sublevación, asesinando para empezar a varios miles de tutsis, estos últimos respondieron matando a más de cien mil hutus.

El general hutu, Juvénal Habyarimana, en 1973 da un golpe de Estado y se proclama presidente de Ruanda, Habyarimana provenía de un ala más radical por lo que ejercerá el poder durante veintiún años, creando una dictadura de hierro. A él sólo le importa la obediencia, si eres un tutsi leal podrás llegar a ser jefe; si, por el contrario, criticas el poder te mandarán a la cárcel, por más hutu que seas. Ruanda se fue convirtiendo en propiedad privada de la esposa del presidente, Agathe y de toda su parentela; tenían lujosos palacios en zonas próximas, dirigían el ejército, la policía, los bancos y la administración de Ruanda.

Guerrillas de tutsis

Cuando los tutsis, huyeron del país, colocaron sus campamentos a lo largo de las fronteras con el Zaire, Uganda, Tanzania y Burundi. Formaban comunidades de refugiados que sólo vivían con la esperanza de regresar a casa, nacen y crecen en ellos nuevas generaciones, y los jóvenes quieren actuar, intentar luchar por regresar a la tierra de sus antepasados.

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En los años ochenta, Joveri Museveni (presidente de Uganda desde los 80, en ese entonces activista) empieza en Uganda una lucha de guerrillas contra Milton Obote. Museveni necesita hombres. Y no tarda en encontrarlos, a las guerrillas se incorporan jóvenes ruandeses, hijos de tusis expulsados de Ruanda, nacidos ya en los campamentos. Mantienen reuniones secretas, fundan una organización llamada Frente Nacional de Ruanda y se preparan para atacar.

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En la noche de 30 de septiembre de 1990 los cuarteles del ejército ugandés entran en territorio de Ruanda. En Kigali, capital ruandesa, la sorpresa es absoluta. Habyarimana tiene un ejército débil. Seguramente ahí se habría acabado todo, si no fuera por una llamada telefónica. Habyarimana le llama al presidente de Francia, Francois Mitterrand, pidiéndole ayuda.

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Participación de Francia en la masacre.

En aquel momento Mitterrand está en el pleno auge de la Francophonie: si en alguna parte del mundo alguien ataca a un país francófono es casi como si atacaran a Francia. París se enteró de que unos tutsis anglófonos, y desde la anglófona Uganda, habían entrado en el territorio de la francófona Ruanda, violando las fronteras de la Francophonie.

Las columnas del Frente Nacional de Ruanda se aproximaban ya a la capital y el gobierno y el clan de Habyarimana hacían las maletas, cuando unos aviones trajeron al aeropuerto de Kigali a paracaidistas franceses. Los guerrilleros, que querían luchar contra el régimen de Habyarimana, prefirieron no arriesgarse en una guerra contra Francia: no tenían ninguna posibilidad. Interrumpieron, la ofensiva de Kigali, pero se quedaron en el país, ocupando sus territorios del nordeste.

Varios documentos desclasificados de los archivos que permanecían ocultos en la Fundación Mitterrand mostrarían que el gobierno francés conocía las intenciones genocidas de las autoridades ruandesas antes del inicio de las matanzas en la primavera de 1994.

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¿Por qué querían exterminar a los tutsis?

En el grupo gobernante de Ruanda se producen violentos enfrentamientos entre los partidarios de un compromiso seguido por la creación de un gobierno nacional de coalición (hombres de Habyarimana y guerrilleros) y el fanático y despótico clan akazu dirigido por Agathe y sus hermanos. Habyarimana no sabe qué hacer y pierde cada vez más el control sobre el curso de los acontecimientos. Así que consulta a sus ideólogos:  intelectuales y científicos, profesores de los departamentos de historia y de filosofía de la universidad de Butare: Ferdinand Nahimana, Casimir Bizimungu, León Mugesira y varios más. Son ellos quienes formulan los principios de una ideología que justificará el genocidio como la única salida, como el único medio de su propia supervivencia.

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La teoría de Nahimana y de sus colegas proclama que los tutsi, pertenecen a una raza diferente, extraña, que los tutsis llegaron a Ruanda desde alguna parte del Nilo, conquistaron a los nativos de esta tierra, los hutus, y empezaron a explotarlos, esclavizarlos y corromperlos por dentro. Mugesira dice: «En 1959 cometimos un error fatal cuando permitimos que los tutsis huyeran. Teníamos que haber actuado entonces: debimos haberlos borrado de la faz de la Tierra.» El profesor opina que es el último momento para enmendarlo. Los tutsis deben volver a su verdadera patria, allá por el Nilo. Mandémoslos allí, exhorta, «vivos o muertos». De modo que los científicos de Butare ven como única salida la solución final: todo un pueblo tiene que perecer, dejar de existir para siempre.

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Comienzan los preparativos de la masacre.

El ejército, pasó de cinco mil hombres a treinta y cinco mil soldados, muy bien equipados con armamento moderno (los instructores, las armas y demás equipos, son enviados desde Francia, República de Sudáfrica y Egipto). Se conforma una organización paramilitar de masas, la Interahamwe (lo que significa «Golpeemos juntos») integrada por habitantes de aldeas y pueblos, jóvenes y campesinos pobres. Al mismo tiempo, por orden del gobierno, hacen listas de personas hostiles al poder. El periódico Kangura, es la fuente principal de donde sale la propaganda y en Radio Mille Collines, que más tarde, durante la masacre, emitirá varias veces al día el llamamiento de «¡Muerte! ¡Muerte! Las fosas con cadáveres de tutsis sólo están ocupadas hasta la mitad. ¡Dense prisa y acaben de llenarlas!»

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Genocidio en Ruanda

El 6 de abril de 1994, en Kigali, unos «elementos no identificados» derribaron el avión, que llevaba a bordo al presidente Habyarimana. Fue la señal para la matanza de hostigadores del régimen, sobre todo tutsis, (aunque también hutus de oposición). Aquella masacre se prolongó durante tres meses, es decir, hasta el momento en que el ejército del Frente Nacional de Ruanda tomó todo el país, obligando al adversario a huir.

No hay cifras exactas, algunos hablan de medio millón, otros de uno. Lo que más aterra en todo esto es el hecho de que unos hombres inocentes han dado muerte a otros hombres inocentes, haciéndolo, sin motivo alguno, sin ninguna necesidad.

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Aunque por la capacidad de la fuerza del ejército de Habyarimana, de sus helicópteros, ametralladoras, artillería y carros blindados, en tres meses de fuego sistemático se habría podido aniquilar a mucha más gente. Sin embargo, no fue así. La mayoría no murió abatida por las bombas y las ametralladoras, sino que cayó descuartizada y machacada por armas de lo más primitivo: machetes, martillos, lanzas y palos.

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Monjas y curas también participaron en las matanzas, de hecho delataban donde estaban ubicados los campamentos tutsis. Sor Gertrudis Mukangango y la Hermana María Kisito fueron condenados a quince y doce años prisión, por su participación en delatar a siete mil tutsis que habían buscado asilo en el monasterio de las monjas. Además las hermanas proporcionaron la gasolina utilizada por los hutus para incendiar un garaje en el que quinientos hombres tutsis, mujeres y los niños se escondían.

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Los líderes del régimen no perseguían un único objetivo,  lo importante era que todo el mundo cometiese asesinatos, que el crimen fuese producto de una acción de masas, en cierto modo popular y hasta espontánea, en la cual participarían todos; que no existiesen manos que no se hubieran manchado con la sangre de aquellos que el régimen consideraba enemigos.

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Los hutus huyeron a Zaire y una vez allí, deambulaban de un lugar a otro, caminantes exhaustos, a aquellos esqueletos, sin comer ni beber, sin palabras ni sonrisas; a recorrer humilde y obedientemente y con un vacío en los ojos su infernal camino de culpa y tormento.

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El presidente de Ruanda, Paul Kagame, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, encendieron una antorcha en el Centro Kigali en recuerdo de las víctimas del Genocidio contra la minoritaria étnica de los tutsis a manos de hutus extremistas.

Si quieren saber más les recomendamos la película Hotel Rwanda (gracias sopicuata) y este documental de History Channel:

Vía: Ébano de R.Kapuscinsky