Un día como hoy murió Octavio Paz, que mejor que recordarlo con una de sus obras. Generalmente cuando alguien escucha hablar de poesía suele asociarla de inmediato con palabras y frases relacionadas con la idea del amor. La cultura popular suele representar a los poetas como eternos enamorados pero no necesariamente la poesía retrata al amor de manera positiva. 

Un ejemplo de lo anterior es Mi vida con la Ola, un poema que narra la seducción de un hombre por una ola de mar, una turbulenta historia de amor-odio entre ambos personajes. Paz representa a la ola como una imagen metafórica de una mujer en medio de una relación, en el poema de Paz tenemos como una constante la disyunción de la pareja cósmica, de la dualidad mundana que se va descubriendo, una historia universal de amor condenada al fracaso, con el sucesivo oleaje del mar en cuya incesante disolución hay siempre una ola que sobrevive, al igual que la esperanza.

Y, ¿qué pasa cuando una mujer dedicada al mundo divino ofrece sus servicios a un simple mortal? Es en el más amplio de los sentidos una impronta, un vinculo a través del cual el hombre solo logra entenderse a sí mismo a través de esta figura, mágico-místico-misteriosa . Veneramos al mundo que nos rodea y, en un segundo movimiento, esa veneración se extiende a todas las cosas y los seres vivos, de las piedras y los árboles a los animales y los hombres. Pero siempre, como en ningún otro caso, aparece la idea de la mujer. 

Paz concibe la naturaleza humana como naturaleza dividida: el “otro” es la “mitad perdida”; solamente gracias a las vivencias privilegiadas del amor, la imagen poética y lo sagrado, podrá el hombre alcanzar a ser quien es.

La historia es lo que nosotros hacemos, la vida son nuestras acciones. Y ese es el sentido de la historia.Uno de los rasgos desoladores de nuestra sociedad es la uniformidad de las conciencias, los gustos y las ideas, unida al culto a un individualismo egoísta y desenfrenado, que permea incluso los ideales amorosos propios de la modernidad.

Para Paz, nosotros como seres humanos somos paradojas continuas porque algunos de nuestro sentimientos mas intensos surgen de la paradoja y el conflicto y nos encanta sentir esa poderosa emoción contradictoria. Amor y poesía son las dos caras de una misma realidad. Después de haber caído en la idolatría de los sistemas ideológicos nuestro siglo ha terminado en la adoración de las cosas ¿qué lugar tiene el amor en un mundo como el nuestro?. Un sentimiento que se comparte como un diálogo supremo entre cada una de nosotros, intercambio de una multiplicidad de anhelos.

Primero fuimos constelaciones, el tiempo era elástico; el espacio, giratorio, esa historia está viva todavía: no es un pasado sino un presente, el espíritu que animó ese mundo no ha muerto. Ese instante, “ese pájaro que está en todas partes y en ninguna. Queremos asirlo vivo pero abre las alas y se desvanece. Nos quedamos con las manos vacías”.

Una idea bastante diferente del popular “si dos se besan el mundo cambia” de Piedra del sol, aunque en los dos casos de manera diferente, amar es combatir.

Con información de: El ogro filantrópico y La llama doble de Octavio Paz