Spoiler Alert: al final, tal vez renuncies a tu trabajo.

Una advertencia: 

Y tú, sopicuate, tienes trabajo, estudias la universidad, estás tal vez en ese momento de la vida en donde debes elegir una vida, una carrera, un departamento, un compañero para toda la vida… pues bueno, si conseguir un trabajo bien pagado y escalar la pirámide social con tu trabajo duro, será mejor que no leas esta reseña y mucho menos el libro Escritos para desocupados de Vivian Abenshushan porque, se pude decir,  terminará por dinamitar tu visión de qué es tener éxito así que, a riesgo de que termines por decidir matar a tu jefe, si tú quieres, puedes seguir leyendo esto.

(Este libro es gratis, lo puedes leer aquí).

Hoy sopicuates, les vamos a recomendar un “libro de sublevación personal“. Sí, es un libro que habla sobre el trabajo y el ocio, sobre los desocupados y sobre la velocidad, sobre los puntuales y los que decidieron llegar tarde… básicamente, tienen frente a ustedes un libro de ensayos.

Pero nosotros no les recomendaríamos un libro de ensayos cualquiera, no, este libro es particularmente virulento, un libro incómodo de leer, un libro que estuve a punto de arrojar por la ventana y que deshace de manera sencilla la concepción que tenemos de nuestra vida diaria… una historia de de terror cuyo protagonista somos nosotros.

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Digo que es un libro incómodo de leer porque seguramente a muchos de ustedes, como a mí, les han hablado de las bondades de la eficiencia, de “aprovechar el día“ madrugando para que Dios los ayude y un sin fin de lifehacks para no perder ni un sólo segundo y siempre tengamos la bandeja de entrada en cero. Pues bien, este libro viene a romper con la concepción que tenemos de productividad.

Por ejemplo, en las primeras páginas nos encontramos con este párrafo

¿qué otra cosa representa la productividad sino una degeneración del empleo, una compulsión malsana y autodestructiva? Basta mirarse en ese espejo cotidiano multiplicado al infinito: miles de workaholics solitarios, de mujeres exhaustas que ya no hacen el amor, de jóvenes consumidos por el desencanto y cuya única esperanza se reduce a que llegue el día de la quincena. La noción de futuro es una noción empobrecida, su vigencia es de una semana y aun así la gente se sacrifica diariamente por ella, por la jubilación o el crédito hipotecario o la cuota vencida del estercolero donde irán a parar sus restos cuando muera.

Aich, gancho directo a nuestros sueños de último semestre.

Lo terrible de este libro es que no nos dice nada nuevo, habla de las cosas que vivimos todos los días (como el trabajo, la rutina, los jefes) pero lo terrorífico es que en lugar de adjetivos positivos, describe su naturaleza asesina, malsana y lo malo es que no nos extraña, no nos parece una locura… algo nos hace creer todos los días  que es bueno trabajar, que es bueno bajar la cabeza frente al jefe, soportarle todo, con tal de que nuestro sueño de bienestar sobreviva en el autómata bien vestido en el que nos hemos convertido. Le llamamos éxito a la esclavitud  voluntaria. 

Este libro recorre acaso las obsesiones más enfermas del ser humano, aquellas ligadas al mito de tener una buena carrera, de conseguir un buen trabajo. Qué pasaría si decidiéramos no trabajar, no estudiar derecho o medicina como quieren nuestros papás, sino, simplemente, nos dedicáramos a descansar, al ocio, a vivir desocupadamente. El problema es que tendríamos que renunciar a muchas cosas, claro, pero este libro precisamente nos hace preguntarnos por qué deseamos esas cosas, al grado de desgastar incluso nuestro cuerpo para obtenerlas.

Vivian Abenshushan, afortunadamente, nos concedió una excelente entrevista en donde habla de este libro que no fue fácil de leer en la oficina, y claro, Vivian sabe que la literatura no debe ser cómoda y lo demuestra no solo en las virulentas ideas que nos lanza en sus ensayos sino también en el formato mismo de algunos de ellos, por ejemplo, hay uno titulado “Notas sobre los enfermos de velocidad“, un ensayo a dos voces, ambas de Vivian, una que describe la enfermedad de la velocidad y la otra que confiesa su adicción a ella.

Vivian nos cuenta que ese “ensayo sufrió muchas mutaciones, primero fue un ensayo convencional, normal, luego me parecía que era un ensayo muy lento y que para hablar de la velocidad no podías hablar así, como de forma anacrónica. Entonces lo rompí en pedazos. Yo soy adicta la velocidad y a internet, también soy adicta a la velocidad al volante y para entender el peligro de la velocidad (que es el peligro al accidente), tenía que volver a escribir en los márgenes de ese ensayo una especie de contraensayo, hay una crítica de la velocidad y del otro lado una confesión de mi adicción a la velocidad, sobre mi impuntualidad y qué significa esa impuntualidad que me parece una forma de no hacer la tarea, incumplir lo que se espera de nosotros de nosotros“.

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Este libro es así, un libro que defiende la impuntualidad, que defiende el desempleo, porque nos muestra de manera muy inteligente que el empleo es más bien una enfermedad.

“El libro juega irónica y paródicamente con el libro de sublevación personal justo como una respuesta a la marejada a las toneladas de superación personal que recibimos todos los días y me parecía un poco urgente reventar, aunque fuera por un instante, la corriente general aunque esto hará solo algunas grietas en algunas oficinas, en algunas vidas, pero he sentido cada vez más fuerte la necesidad de relacionar la vida con la escritura, (superar la fronteras entre vida y arte decían los situacionistas, los surrealistas, etc.), es decir, que las estrategias del arte también sean estrategias vitales, estrategias existenciales y nada como el trabajo va minando nuestra vida cotidiana, es ahí donde creo que este libro quiere hacer sus grietas y perforar la vida para ver la realidad de una forma distinta“.

Este libro es gratis.

Lo increíble de este libro es que también es un libro expandido, se encuentra colgado en la red para que todos puedan leerlo y además, es un espacio de reflexión interesantísimo. Vivian nos cuenta que “el libro es también un libro web y un libro copy left que se puede regalar. Me parecía fundamental que se viralizara de esa forma justo también para extender su influencia, su peligrosidad y su dinamita.

También, el hecho de crear una página web tenía que ver con una discusión dentro de la literatura y cómo se produce: creo que en México hay un halo de anquilosamiento y polvo que rodea al prestigio del libro y a su jerarquía. Creo que tiene que ver con las nuevas formas de escritura, de circulación de la cultura y que un escritor que quiere estar vivo tiene que dialogar con nuevas tecnologías“.

Al distribuirse gratuitamente, este libro es él mismo una crítica al sistema económico aunque la autora está bien consciente de que este libro no pude convertirse en un producto y es por eso que es muy clara a la hora de expresar sus ideas; Vivian habla con seguridad de lo que cree y en este libro no quiso “dejarle espacio a la ambiguedad, que no pudiera convertirse en un “estilo de vida“ porque toda forma de subversión corre el riesgo de ser rápidamente reaporpiada y convertiste en un producto“.

Dentro de la página podrán encontrar obras gráficas (muchas de ellas street art) que dialogan con los ensayos y que demuestran también una forma de protesta de todos los que no quieren estar ocupados.

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El humor es uno de los principales aspectos de los ensayos porque claro, no podría tratarse con solemnidad al ocio, que más bien se alimenta de desapego y de una actitud que no se puede tomar en serio (más que para condenarla) a la vida que llevamos todos lo días.

“Este libro tiene mucho autoescarnio, no me erijo como héroe panfletario que dice qué es lo que se debe hacer sino que, hablo de que quisiera ser una desocupada pero también me da miedo el toquido del casero en la puerta.

“Vivimos en muchas contradicciones: aunque no quisiéramos vivir en una economía tan injusta y abusiva, consumimos gadgets que son fabricados por esclavos en china y permanentemente estamos siendo cómplices, acaso sin saberlo, de cosas que, a lo mejor si supiéramos cómo son, tal vez no quisiéramos colaborar“.

Por favor, no lea este libro.

¿Ahora, por qué querríamos leer un libro que nos puede hacer sentir tan mal al respecto de las decisiones que hemos tomado? Vivian misma nos dice que “sería irresponsable darle este libro a los jóvenes pero bueno, yo soy irresponsable porque soy una escritora, no soy cura, no tengo que defender estas estructuras del trabajo que han envilecido la relación entre las personas. Vivimos entafilados, drogados dentro del mismo trabajo para no darnos cuenta de esa infelicidad que nos provoca. Sería u poco cínico de mi parte decir sí hay que darle el libro a todos, yo también he sido maestra de preparatoria y siempre he sentido un enorme placer en desviar el camino prefijado de mis alumnos, es decir, subvertirlo de algún modo, pero por supuesto que la literatura y los libros que han sido importantes para mí han sido dinamiteros y creo que si los jóvenes quieren realmente pensar en el futuro tendrían que leer libros que les muestren que la estructura actual en la que se encuentra el mundo no permite el futuro, que si seguimos viviendo bajo el sistema financiero enloquecido y de sobreproducción en el que vivimos no no quedará más mundo. Esto es algo objetivo, ni siquiera es ideológico, ya no habrá de dónde sacar, explotar, extraer, etc.“

Y claro que los jóvenes deben acudir a este tipo de lecturas precisamente porque, como pocas, nos hacer cuestionarnos lo que debe ser de nuestras vidas. Los hábitos más asesinos son los mecánicos, los heredados, los que cuesta más trabajo, como dice Vivian, dinamitar.

Y entonces, ¿cómo se vive desocupado?

Sí, vivir fuera de las estructuras puede parecer imposible para muchos pesimistas. Utopía es la palabra que le ensañaron a esta generación, no para imaginar, sino para castrar precisamente ese sentimiento de cambio. Utopía para muchos ya no es el otro lugar posible sino el lugar imposible, el lugar chairo, el lugar en el que ya no vale la pena pensar.

Vivian, sin embargo, en una parte del libro, recuerda con una sonrisa burlona que sí hay gente que logra organizarse y dinamitar las estructuras actuales de la sociedad.

“Me interesaba muchísimo que en la parte central aparecieran estas rutas de escape del capitalismo, como las investigaciones  acerca de los desobedientes de San Precarios , los monos blancos que son un grupo de inmigrantes que se organizan para la desobediencia civil, llegando a los freegans de brooklyn, que son estos grupúsculos que viven del reciclaje de la segunda mano de la comida desechada. Son decisiones bastante extremas pero me parecía central mostrar cómo, en un sistema que parece sin cuarteaduras, que parece inamovible, que no hay elección y que las nuevas generaciones sienten que llegaron tarde y que la idea de revolución fue traicionada y produjo otros monstruos y otras dictaduras, sí hay, como dice Deleuze, Onfray, Bifo y etc.,  líneas de escape que tienen que ver con la microresistencia“. 

Vivir en la desocupación es un riesgo enorme, pero bueno, tampoco vivo en la miseria he encontrado los modos de no renunciar a mi tiempo, a hacer lo que realmente me interesa, a dar laboratorios heterodoxos y raros.

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Vivian también nos habló, como una de las anécdotas más importantes a la hora de crear este libro, de la fundación de Tumbona ediciones, una editorial que es además una cooperativa:

Tumbona es horizontal, no hay jefe, no hay checador de tarjetas, no hay mucho dinero pero no hay jerarquías. Todos participamos creativamente pero también hacemos la talacha.

“Esa es otra vía de salida, es organizarse de otro modo y crear otro tipo de empresas, de colectivos. Están por ejemplo las nuevas economías solidarias, o la proliferación de trueques, que tal vez están desarticuladas y no han creado un nuevo paradigma (y qué bueno) pero que son reales no son utopías, son cosas que están pasando en el mundo“.

Al final, Escritos para desocupados es una reflexión inteligentísima y urgente de la manera en que nos organizamos como sociedad y cómo nuestra rutina diaria esta afectando esa que llaman la última frontera, nuestro cuerpo, al mismo tiempo que critica con fuerza la industria cultural e intelectual que desde luego no puede separarse de las garras de la producción actual.

Leer este libro puede ser un trago amargo, pero definitivamente lleno de lucidez: decidir no desear lo que se supone debemos desear sí tiene sentido, sí ayuda a entender la parte más difícil de nuestra vida como jóvenes: el eterno preguntarnos si realmente queremos ser lo que somos.

Recuerden que el libro se puede leer gratis aquí, compártanlo también y regálenlo, pocas veces tenemos la oportunidad de acceder a contenidos de tanta calidad gratis.

Pero eso sí, si quieren echarle la mano a la autora (sin albur) para que siga escribiendo estos excelentes libros, pueden comprarlo acá. 

 

Por Luis Miguel Albarrán @Perturbator

Las imágenes son de la página http://escritosdesocupados.com