Pablo Hiriart, fundador del diario La Razón, renunció en solidaridad con colaboradores y articulistas del periódico que fueron objeto de censura por criticar al periódico La Jornada.

Hoy dejo el diario La Razón, luego de dirigirlo por casi cinco años. Lo hice con pasión y compromiso para intentar ofrecer una opción atractiva de lectura en el amplio mercado de periódicos del país. Me voy por la inaceptable influencia de la directora de otro periódico en la vida interna de La Razón, que trajo consecuencias indeseables.“, fue el mensaje que Hiriart publicó en el diario.

La columna entra en el género periodístico de opinión; en la columna impera la subjetividad, tiene cabida lo arbitrario, la radicalidad en la postura del columnista y la especulación, se puede simpatizar o no con una columna pero nunca censurarla. Los articulistas tienen la libertad y el derecho a la crítica incluso para exponer sino están de acuerdo con contenidos de otro periódico, aunque este periódico es La Jornada.

¿Por qué Venezuela tiene vela en el entierro?

A pesar de que el periódico, perdió mucho de su independencia con la llegada del PRI a Los Pinos, convirtiéndose en el vocero a favor del régimen, mantenía un punto de discrepancia importante con otros medios: el caso de Venezuela

El gobierno mexicano decidió ser cauteloso con las decisiones de Maduro (por muy estúpidas que éstas fueran). Fernando Escalante y Gil Gamés, columnistas del rotativo La Razón no estaban de acuerdo con la cobertura que estaba haciendo La Jornada sobre las protestas violentas y la crisis en Venezuela y decidieron expresarlo a través de mordaces artículos.

¿Cuál fue el problema?

A raíz de esos artículos y de otros, donde se menciona la cobertura antichavista del periódico; Carmen Lira, directora de La Jornada, sostiene una vieja amistad con el propietario de La Razón, Ramiro Garza Cantú, así que  le dijo: -Oye Ramirito, tus redactores les están tirando a La Jornada cálmalos por favor,  protestó y pidió que cesaran dichos ataques. También se dio a conocer la versión de que si los de La Razón no se aplacaban, posiblemente aparecerían en La Jornada reportajes vinculando a las empresas de don Ramirito con el caso Oceanografía.

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Según Hiriart, Escalante y demás articulistas, Garza Cantú les pidió que “le bajaran un poco” a los ataques a La Jornada y tal vez a Maduro, petición que rechazaron y optaron por renunciar al rotativo

¿Qué columnistas renunciaron y por qué?

La columnista Elisa Alanís, dijo que varios elementos de la redacción renunciaron al rotativo debido a la censura:

Hoy me despido de este espacio, de Razones y Pasiones. La Razón: La censura, por presión de La Jornada, a los textos de Fernando Escalante. Que llevó a la renuncia de Pablo Hiriart y de excelentes plumas como la de Rafael “Gil Gamés” y Salvador Camarena.

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¿Cuáles son los trapitos sucios del dueño de La Razón?

Ramiro Garza Cantú es uno de los hombres más poderosos del estado de Tamaulipas, su fortuna económica e influencia política le alcanza para ser considerado uno de los sujetos más poderosos de México.  La especulación inmobiliaria, la construcción y los contratos con PEMEX son los negocios principales de Ramiro Garza Cantú.

Garza Cantú es presidente de Grupo R, quien, al decir de un reportaje del periódico El Financiero, “posee la empresa más completa para la atención en producción y exploración de petróleo y gas natural del país, a través de las firmas Perforación Marina, Exploración Marina e Industrial Perforadora de Campeche”.

Ha sido acusado de ser uno de los socios más importantes de Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, el ex líder del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.

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¿Qué aprendemos de todo esto?

La columna ha servido históricamente como un espacio para enviar mensajes políticos. Como en toda historia siempre hay dos versiones, muchos podrán pensar que esto es un linchamiento mediático o una rabieta de los columnistas pero la censura no debe tener cabida aunque lo que se diga sea una estupidez. Este hostigamiento por parte del dueño del rotativo es una de las formas que adquiere en nuestro país el abuso de poder.

La censura no es válida y mucho menos cuando de fondo existe una venganza. Cómo diría Beatrice Hall, al escribir la biografía de Voltaire:

«Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.»

Si bien, es loable que los columnistas se unan en pro de la libertad de expresión, es una pena que sea bajo este tipo de circunstancias, La Jornada no tendría que ser la excusa para renunciar. Los espacios de escritura sobran, lo que falta es voluntad para expresar sus ideas sin estar en función de presiones políticas u obedecer a intereses que desconocemos.